Luzifer
| Presagios de un mal mayor

Un oscuro, atmosférico y contemplativo filme que falla en la narración pero que cuenta con grandes virtudes estéticas e interpretativas. Un relato acerca de la fe ciega en la religión, sus límites y las consecuencias de llevarla al extremo.

Por muchas razones la humanidad quiere encontrar a Dios, y muchas son las razones por las que los humanos, en ocasiones, dicen ser testigos de revelaciones divinas. En la religión se puede encontrar consuelo para lidiar con la muerte, se puede encontrar un significado para nuestras vidas, que todo forma parte de un gran plan; pero en ella también se puede perder uno, dejándose llevar por una ferviente fe que ciega más que ilumina. Así plantea Peter Brunner su Luzifer (2021), un filme en el que seguimos la sencilla y monótona vida de Johannes y su madre en una casa apartada de toda civilización. El aislamiento no hace sino acrecentar la desproporcionada fe que se puede profesar a una religión, en este caso la cristiana. La cinta del austríaco, pese a contar con un ritmo narrativo que no da en la tecla y a pecar de ser confusa e inconexa en exceso, presenta algunas ideas realmente interesantes, además de contar con una actuación protagonista sublime por parte de Franz Rogowski en su papel del hijo y una dirección de fotografía de altura, la cual ayuda a crear una atmósfera inquietante y opresiva. Parece que la sombra de la magnífica It Follows (David Robert Mitchell, 2014) es alargada, ya que como hicieron Rober Eggers con La bruja (2015) o, más recientemente, con El faro (2019); así como también Ari Aster con su Midsommar (2019), este terror minimalista, opresivo y psicológico que tan prolífico es en nuestros días es el que se puede encontrar en la cinta de Brunner, con algún que otro problema en su planteamiento, todo sea dicho. No es necesario un gran presupuesto y mucho artificio para crear tensión, ya que pocas localizaciones y un par de protagonistas son suficientes para crear desasosiego e incomodidad. La premisa, sin ser nada particularmente novedoso en el género, consigue que el espectador se mantenga interesado —al menos durante su bien llevado primer acto— en lo que se está contando, instando a dejar volar la imaginación e intentar descifrar el enigma que ronda alrededor de la rutina y los excéntricos comportamientos de estos dos personajes.

Una obra atmosférica, exigente con el espectador, que muestra grandes ideas pero que se queda a medio camino y no termina de convencer.

Franz Rogowski es Johannes.

Pero como siempre, uno nunca puede estar tranquilo si vive en este mundo que hemos creado los humanos. El concepto de la invasión de la propiedad, del mal que llega a tu casa y se mete dentro, de la usurpación de lo propio, está presente de muchas formas, tanto figuradas como tangibles a lo largo de los 103 minutos de metraje. Como ya presentó John Carpenter con su archiconocida La noche de Halloween (1978), aquel que entra en tu casa y corrompe la paz que mora en ella es la personificación misma del demonio y, por ello mismo, se le debe temer. Dicen que Dios está presente en cada rincón del mundo, en cada piedra y en cada hoja; el demonio, por lo tanto, también. Es fácil caer presa del subconsciente y ver lo que uno quiere ver, más si las enseñanzas acompañan. Demonios de carne y hueso, demonios de metal voladores, demonios de metal con ruedas. Peter Brunner representa dentro de la metáfora del diablo todo aquello que es perjudicial para la vida de una persona, dejando un lugar especial para la tecnología y para la violencia desmedida. La frialdad que emana de las máquinas priva en muchas ocasiones del contacto humano que algunas personas necesitan, hace que se vuelvan hostiles ya que, ¿para qué molestarse si ni siquiera vienen a verte en persona? ¿Para qué hacerles caso si te mandan un mensaje usando una máquina como intermediario? La combinación de ignorancia, extrema devoción e inestabilidad mental es realmente peligrosa. Luzifer es una obra atmosférica, exigente con el espectador, que muestra grandes ideas pero que se queda a medio camino y no termina de convencer. Como se suele decir, los caminos del señor son inescrutables ¿no? La fe no es más que creer en algo que no puedes ver, que hacer algo que no puedes entender y fiarte ciegamente de aquellos que dicen haber sido bendecidos. Como todo, es un arma de doble filo usada a discreción por unos u otros, ya que así como Dios está en todos nosotros, el demonio lo está también.


Artículo perteneciente a la serie: SITGES FILM FESTIVAL 2021   



Texto de Diego García Miño | © laCiclotimia.com | 15 octubre, 2021



Texto de Diego García Miño
© laCiclotimia.com | 15 octubre, 2021

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