Los nuevos mutantes
| El spin-off de X-Men perdido

Un tropo clásico del cine de terror es aislar a las víctimas. La desconfianza de los adultos, los cambios de sus mutaciones y la dificultad para gestionar emociones crean la jaula perfecta para estos adolescentes prisioneros de sus propios poderes.

Conocida, entre chascarrillos, como una película maldita, Los nuevos mutantes (Josh Boone, 2020) fue víctima del encontronazo entre las decisiones ejecutivas sobre el streaming, la pandemia de la COVID-19 y Disney comprando el universo a trozos grandes. Después de sufrir varios retrasos desde su fecha de estreno original en 2018, barajando distintas plataformas, y a punto de experimentar regrabaciones, el lanzamiento de esta cinta es una gran historia por sí mismo. El concepto es divertido: superhéroes y terror. Adapta una famosa y amada trama de los cómics de Nuevos Mutantes escrita por Chris Claremont. El resultado final es un homenaje a los slashers de adolescentes que le da un toque distinto al cine de superpoderes sin llegar a ser una maravilla en ninguno de estos géneros. Lo más destacable es la protagonista: Danielle Moonstar (Blu Hunt), una mutante nativa americana queer interpretada, como debe ser, por una actriz nativa americana queer.

Tras la misteriosa destrucción de su reserva por una fuerza desconocida, Dani queda huérfana y es acogida en un centro que parece un internado abandonado con tintes de manicomio. Los demás inquilinos son adolescentes mutantes que soportan la soledad y el confinamiento manteniendo la vana esperanza de que la directora del proyecto, la Doctora Reyes(Alice Braga) les considere aptos de ser aceptados en la escuela del profesor Charles Xavier. Dani experimentará amistad, rivalidad y romance mientras soporta experimentos destinados a revelar cuál es su poder mutante, sin darse cuenta de que está relacionado con las aterradoras ilusiones que torturan a sus compañeros.

El suicidio, las enfermedades mentales y la pérdida de la identidad cultural son algunos de los temas que Los nuevos mutantes pone sobre la mesa sin pudor.

La ejecución de varios elementos de terror ya típicos no logra pillarnos por sorpresa, pero le da a la película una atmósfera que la salva de ser metida en el saco de «otra peli de X-Men». Sustos después de un largo silencio, dollies lentos hacia la actividad anormal del mise-en-scène, tíos sin cara, recuerdos de tortura, un cura perturbador, momentos eróticos arruinados por la inminencia de la muerte y la violencia, etc. El concepto de las ilusiones (junto con la aparición de figuras humanoides sin rostro) es asociable a la parálisis de sueño, según cuentan en la vida real sujetos que describen sus alucinaciones durante este desorden. Efectivamente, el insomnio y otros problemas que a muchos nos privan del natural descanso son carne de cañón para todo tipo de películas de terror, así que es aquí donde la horrible experiencia de Moonstar nos aprieta más las entrañas. No obstante, uno de los mayores horrores subyace al escenario principal. Aparentando ser una retorcida parodia de la academia de Xavier, el internado nos puede recordar a las escuelas donde el colonialismo internó forzosamente a incontables niños indígenas en un esfuerzo por erradicar su cultura, llegando a matar (accidentalmente y no tan accidentalmente) a un número de ellos todavía por determinar, pero que hoy en día se está descubriendo que llega a miles. ¿Podría haber un trasfondo más aterrador y repugnante para una adolescente nativa?

La inteligencia de Los nuevos mutantes está en coger las expectativas que hemos absorbido de entregas anteriores y darles la vuelta.

Arropada por la breve aparición del legendario Adam Beach como padrino cinematográfico, Blu Hunt se da a conocer interpretando a Dani desde la experiencia de alguien que podría considerarse «dos-espíritus». Conviene entender que esta expresión, traducida de la voz inglesa «two-spirit», que a su vez adapta una locución en la lengua de los anishinaabe, se refiere a uno de los múltiples estatus sociales y culturales que existían entre varias tribus y primeras naciones antes de la llegada del colonialismo blanco a Norteamérica. Existía la creencia de que algunas personas contenían espíritu de hombre y también de mujer, dando resultado a sexualidades consideradas no normativas por los colonos cristianos. Es un término que se está recuperando hoy en día, junto con la actual capacidad para investigar y conservar las culturas indígenas. Siendo así el trasfondo, Moonstar y Rahne (Maisie Williams) se enamoran en una exitosa subversión de los romances típicos de Hollywood y de otras películas de superhéroes. Siendo los poderes de Danielle (y su influencia en su psique) el MacGuffin que mantiene la trama en marcha, las emociones que la conectan a la mutante cambiaformas no nos distraen de la historia. La capacidad de nuestra protagonista para ser sincera sobre su sexualidad y a la vez bromear sobre las perspectivas que otros puedan tener sobre ella sin convertirla en una parodia o un cliché aporta una madurez al romance con Rahne que ya les gustaría haber tenido a muchísimas representaciones cinematográficas de relaciones heterosexuales.

Son precisamente las emociones de los adolescentes del grupo lo que crea el problema una vez que Moonstar llega a sus vidas. En una contraposición de chavalines heroicos versus adultos capullos que nada tiene que envidiarle a exitosas franquicias multiplataforma como Avatar: The Last Airbender o la serie de videojuegos Persona, los nuevos mutantes se ven metidos en un conflicto al descubrir que son cobayas de la Doctora Reyes, ella misma una poderosa mutante. No obstante, es el conflicto interno de Dani lo que coge los demonios interiores de cada compañero y los transforma en problemas externos a los que tienen que sobrevivir, acelerando la urgencia de la antagonista por terminar sus experimentos. El personaje de Alice Braga ejerce sobre estos adolescentes los mismos abusos que los humanos ejercieron siempre contra los mutantes (paralelamente a figuras históricamente nefastas que cumplían órdenes contra sus propios grupos étnico-culturales, como la figura del capo judío o del negrero negro). En esta cinta de terror, los monstruos son los protagonistas, y el verdadero enemigo es el que se ve a sí mismo como «lo normal»: los humanos.

La inquietante Doctora Reyes personifica la forma de pensar de aquellos que hablaban de «problema indio» o «solución final».

La inteligencia de Los nuevos mutantes está en coger las expectativas que hemos absorbido de entregas anteriores y darles la vuelta. Aquí no hay nada de ese rollito amiguito de X-Men. Nada de ese mensaje «xavieresco» de: «Tus poderes te hacen especial». No no, tus poderes también son una putada y lo vas a sufrir en tus carnes porque aunque pueden ser una bendición, también te pueden matar. Cada compañero tiene su utilidad para resolver el conflicto, pero al mismo tiempo contribuye a originarlo. Tenemos a Magik (Anya Taylor-Joy) arrastrando un trauma infantil por el control que otros ejercieron sobre su autonomía, por lo que sus poderes son el mecanismo para crear un espacio seguro donde solo ella es dueña de su cuerpo. Creo que el cutrísimo acento rusoide no forma parte de los poderes. Mancha Solar (Henry Zaga), el ligón que cree tener facilidad para seducir chicas, descubre lo frágil que es la masculinidad, y que la sexualidad no es un juego. Rahne acarrea las marcas de la tortura de un clérigo, castigo por estar (debido a sus poderes de transformación en lobo) en el lado equivocado de la dicotomía naturaleza-cultura establecida por la sociedad helenística y la religión judeo-cristiana, que priva de valor a la naturaleza salvo que se encuentre en manos humanas, civilizadas. Esta perspectiva se ha ejecutado tradicionalmente desde una perspectiva masculina debido al orden patriarcal, y una mujer con la sexualidad de Rahne es vista como «lo otro» en dicho sistema de valores. Bala de Cañón (Charlie Heaton) se culpa por la pérdida de su padre, con lo que el simbólico progenitor lacaniano desaparece de su vida, dando lugar a actitudes autodestructivas. La repetición obsesiva de sus poderes parece simbolizar la violencia sin dirección de un hombre fuera de la autoridad patriarcal.

La dualidad bendición-maldición de los superpoderes prescinde aquí de la narrativa del héroe mesiánico que se sacrifica por el pueblo que le teme.

Y llegamos a Danielle Moonstar. Su miedo se manifiesta físicamente y hace lo propio con los traumas de todo el grupo, poblando el internado de horrores vivientes. Aquí es donde los guionistas podrían haber metido un palo en los radios de su metafórica bicicleta y haber caído en el cliché del noble salvaje y su misticismo unidimensional. En cambio, escogieron la vía de representar a Dani como una mujer nativa asustada de su herencia cultural, viéndola como una carga, una lacra. Mientras mantiene esa mentalidad, sus miedos y los de sus compañeros cobran vida y son imparables. La resolución del conflicto bascula sobre la aceptación de la identidad: comprenderse a uno mismo es el primer paso para convertir la propia herencia cultural en algo que acoger y celebrar. Esto además ayuda a sus compañeros a entenderla mejor. La comunicación y la colaboración entre estas culturas tan distintas es lo que garantiza su supervivencia.

Es una pena que no vayamos a ver más como esta porque, aunque le falte la elevada estilización del MCU, lleva el tema superheroico a un terreno que apenas ha explorado antes. Cuando los retrasos y los rumores parecían anunciar una catástrofe, acabamos disfrutando de una cinta que, lejos de ser excelente, se atreve a tocar palos que otros esquivan pisando huevos. También resulta decepcionante que se hable por las redes de este peculiar spin-off de X-Men como «una película de Anya Taylor-Joy». No nos malinterpreten: la actriz argentina es brillante y su idiolecto nos fascina. Pero la protagonista y revelación es Blu Hunt, que acarrea sobre su espalda el peso de esta arriesgada película, compartiéndolo con Alice Braga como villana perturbadora. La naturalidad con la que se desenvuelve es pasmosa, y resulta mucho más convincente que algunos actores con más experiencia. ¡No la pierdan de vista!




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Texto de David Muiños García | © laCiclotimia.com | 24 agosto, 2021
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Texto de David Muiños García
© laCiclotimia.com | 24 agosto, 2021

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