Loreak (Flores)
| Porque no son solo flores

España, 2014 | Dirección: Jon Garaño, José Mari Goenaga | Título original: Loreak | Género: Drama | Productora: Irusoin, Moriarti Produkzioak | Guion: Jon Garaño, José Mari Goenaga, Aitor Arregi | Fotografía: Javier Agirre Erauso | Edición: Raúl López | Música: Pascal Gaigne | Reparto: Nagore Aranburu, Itziar Aizpuru, Itziar Ituño, Josean Bengoetxea, Ane Gabaraín, Egoitz Lasa, Jox Berasategui, Gotzon Sánchez, José Ramón Soroiz | Duración: 99 minutos | Premios Goya: Nominada a mejor película (2014) | Festival de San Sebastián: Sección Oficial (2014) | Palm Springs International Film Festival: Premio Cine Latino (2015) | | Disponible en:  Filmin   | Comprar Blu-ray | Comprar DVD

España, 2014 | Dirección: Jon Garaño, José Mari Goenaga | Título original: Loreak | Género: Drama | Productora: Irusoin, Moriarti Produkzioak | Guion: Jon Garaño, José Mari Goenaga, Aitor Arregi | Fotografía: Javier Agirre Erauso | Edición: Raúl López | Música: Pascal Gaigne | Reparto: Nagore Aranburu, Itziar Aizpuru, Itziar Ituño, Josean Bengoetxea, Ane Gabaraín, Egoitz Lasa, Jox Berasategui, Gotzon Sánchez, José Ramón Soroiz | Duración: 99 minutos | Premios Goya: Nominada a mejor película (2014) | Festival de San Sebastián: Sección Oficial (2014) | Palm Springs International Film Festival: Premio Cine Latino (2015) | | Comprar Blu-ray | Comprar DVD

Las flores tienen muchos significados y expresiones. Para Ane representan una motivación en su vida rutinaria. En cambio, para Tere y Lourdes suponen un secreto en la vida de un ser querido. Porque nunca son solo flores.

Los tiempos cambian, las sociedades también, y la nuestra es, sin duda, una sociedad materialista. El capitalismo que deriva en el consumismo nos ha llevado a perder el sentido y el apego por nuestras pertenencias. Si no, preguntémosles a nuestras abuelas, aquellas que se tenían que conformar con un solo vestido para todos los saraos y, además, cosido por sus madres. Hoy en día, en cambio, las modas, las temporadas, nos empujan a comprar una nueva prenda o un nuevo artilugio cuando pasa de estar de moda en la tienda de la esquina —o bueno, ahora todo es más fácil por internet, con la comodidad de un solo clic—. Y eso ocurre también con el elemento que va a ser el eje central de la película que vamos a analizar, las flores, o como decimos en nuestra tierra, loreak.

En la época victoriana era habitual regalarse flores entre los cortesanos, no por su cualidad estética, sino con un significado especial, transmitiendo celos a través de las rosas amarillas, o gratitud a través de las rosas. Las flores representan una iconografía concreta con un mensaje determinado en el arte clásico, como la flor de lis en el catolicismo, o la flor de loto más conectada con la cultura asiática y la meditación. No hay más que pensar en la rosa roja, y nuestra mente lo conecta con pasión —bueno, seguro que hay alguno que piensa en el PSOE— o erotismo, como ocurre con el famoso fotograma de Mena Suvari en la bañera en American Beauty (Sam Mendes, 1999). Pero, en la actualidad, toda esa cultura y el denominado lenguaje de las flores se ha perdido. Poco queda de aquel dualismo ontológico de Platón, en el que defendía que aquello que vemos en el mundo sensible no es más que una imitación de lo que existe en el mundo de las ideas, en donde persiste aquello que le da significado. En este materialismo «las flores son solo flores», como le comentaba la florista a Ane. ¿O no?

La película arranca con el ramo de floras que recibe Ane de alguien.

Loreak (Flores) (Jon Garaño y José Mari Goenaga, 2014) cuenta la historia de tres mujeres —Ane, Lourdes y Tere— conectadas por la muerte de un hombre: Beñat. Ane es una mujer que vive una vida llena de grises y que está sufriendo el paso a una menopausia precoz. Lourdes, madre coraje y trabajadora de un puesto de peaje, hace lo que sea por sacar adelante a su hijo, fruto de un matrimonio anterior, pero no soporta que Tere, la madre de su actual marido Beñat, meta las narices en todo. La muerte de Beñat desencadena unos acontecimientos que hará que se crucen las vidas de estas tres mujeres en el que las flores juegan un papel importante.

Los directores José Mari Goenaga y Jon Garaño construyen un relato delicado y elegante, casi poético, que en cierta manera sirve como un retrato intimista de la sociedad vasca.

Los directores José Mari Goenaga y Jon Garaño —en el que fue su segundo largometraje tras En 80 días (2010)— construyen un relato delicado y elegante, casi poético, que en cierta manera sirve como un retrato intimista de la sociedad vasca. Cada plano aporta más significado en lo que quiere contar el guion —escrito por los dos directores junto a Aitor Arregi, el que después sería su compañero en la dirección en La trinchera infinita (2019)— y da una visión casi de thriller psicológico a lo que es en el fondo un intenso drama. Para esto, Goenaga y Garaño utilizan el poder de las flores como elemento desestabilizador y, sobre todo, para transmitir mensajes en una sociedad llena de silencios. Porque en Loreak nadie se comunica entre sí, nadie se mira a la cara para decir cualquier cosa, todo es frialdad, y ahí las flores cobran un protagonismo especial, un elemento de color en un mundo gris, algo que genera un sentimiento especial fuera de la habitual rutina. Ane —interpretada por una excepcional Nagore Aranburu— está en plena crisis de los 40, atrapada en un matrimonio sumido en la monotonía. Las flores que un día llegan por sorpresa a su casa representan un oasis en su existencia, una motivación para seguir adelante aunque no sepa ni su procedencia ni su significado. A Lourdes y Tere, en cambio, les sorprende la presencia de unas flores en el lugar de la muerte de Beñat cuya procedencia desconocen, y esto genera en ellas una tormenta de dudas e incertidumbres que abren heridas que creían cerradas. Las flores como mensaje de amor. La flores como homenaje a los fallecidos. Porque como le dice Tere a Lourdes«si no te parece que solo son unas flores, tú veras lo que crees».

Los directores juegan con las luces y los grises, retratando la amargura y los miedos que despiertan las casualidades de la vida.

«Las flores no tienen un significado de por sí hasta que los personajes se lo van dando». José Mari Goenaga

Otra de las ideas que más cautivan de Loreak es lo que transmite sobre la memoria. Tere —interpretada por una inmejorable Itziar Aizpuru, cuya ausencia en los Goya sigue siendo inexplicable— repite una y otra vez el concepto de que «nadie desaparece hasta que se la deja de recordar», muy parecido al mensaje que transmite la oscarizada película de animación Coco (Lee Unkrich y Adrián Molina, 2017). De hecho vemos siempre a Tere con una actitud avinagrada, triste y amargada, hasta una de las escenas finales de la película, en la que vemos a una Tere demenciada, pero aparentemente feliz, sin recordar siquiera que tuviese un hijo. En esto existe cierto paralelismo con lo que podemos apreciar en el libro —y, en breve, serie de televisión— Patria (Fernando Aramburu, 2016), que al fin y al cabo también es un fiel retrato de la sociedad vasca, pero desde otro punto de vista. El dolor de Xabier —el hijo del Txato en Patria—, que no se deja a sí mismo ser feliz por el recuerdo de su padre, nos hace recordar un poco a eso. Porque, como bien le dice Beñat a Ane —en su casi única interacción— hablando sobre el cuidado de plantas, «hay que mantener la herida abierta, si al menos quieres que la flor aguante un poco más».

La fantástica Itziar Aizpuru en una interpretación llena de detalles y sutilezas.

Las interpretaciones de las tres protagonistas son sensacionales. Itziar Aizpuru nos brinda un personaje memorable y emocional, que representa a la perfección lo que es una señora euskaldun. Ganó el premio Feroz a mejor actriz de reparto pero, a pesar de estar en todas las quinielas, no le sirvió para llegar a estar en los Goya. Itziar Ituño —ahora en plena popularidad por su papel en la serie La casa de papel (Álex Pina, 2017)— crea el personaje más complejo de la película, emocionalmente fría pero que sabe lo que debe hacer en cada momento. Sin embargo, la azpeitiarra Nagore Aranburu es, sin duda, el corazón de la película. Su historia es la que más llega de todas, a pesar de que al final su relato es el que queda más cojo.

Sin que me guste a mí ser grandilocuente, Loreak es probablemente una de las mejores películas en euskera de toda la filmografía vasca. Porque es triste, llena de amargura, sí, pero es que hay también un poco de eso en la forma de ser de los vascos. Y yo como euskaldun, sé a lo que me refiero. Lo peor: que tal vez el final no esté rematada a la altura de lo magistral que es la película. Y, bueno, para magistral la banda sonora de Pascal Gaigne. Si eres cinéfilo, y aún no la has visto, no sé a lo que esperas.

Fuentes: 1, 2, 3




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Texto de Mikel Viles | © laCiclotimia.com | 17 septiembre, 2020
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Texto de Mikel Viles
© laCiclotimia.com | 17 septiembre, 2020

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