Lingua Franca
| La interseccionalidad en lo sencillo

Estados Unidos, 2019 | Dirección: Isabel Sandoval | Título original: Lingua Franca | Género: Drama | Productora: Coproducción Estados Unidos-Filipinas | Guion: Isabel Sandoval | Fotografía: Isaac Banks | Edición: Isabel Sandoval | Música: Teresa Barrozo | Reparto: Isabel Sandoval, Eamon Farren, Lynn Cohen, Lev Gorn, Ivory Aquino, P.J. Boudousqué, Mark Nelson | Duración: 94 minutos | Chéries-Chéries: Mejor película (2019) | | Disponible en:  Filmin  

Estados Unidos, 2019 | Dirección: Isabel Sandoval | Título original: Lingua Franca | Género: Drama | Productora: Coproducción Estados Unidos-Filipinas | Guion: Isabel Sandoval | Fotografía: Isaac Banks | Edición: Isabel Sandoval | Música: Teresa Barrozo | Reparto: Isabel Sandoval, Eamon Farren, Lynn Cohen, Lev Gorn, Ivory Aquino, P.J. Boudousqué, Mark Nelson | Duración: 94 minutos | Chéries-Chéries: Mejor película (2019) |

La directora, guionista, productora y también protagonista, Isabel Sandoval, aborda desde la sencillez estética y la paciente cadencia narrativa, algo tan complejo como la inmigración y las identidades.

Desde la elección del título, la realizadora Isabel Sandoval toma la primera decisión acertada para la presentación de su obra cinematográfica. El término «lingua franca» hace referencia a ese lenguaje que funciona como puente que acerca a las personas que no comparten la misma lengua materna, pero que buscan una alternativa para poder comunicarse. No obstante, el lenguaje no solo se basa en el idioma sino en el modo en el que las personas quieren ser leídas y entendidas. Teóricas y teóricos del movimiento feminista postestructuralista afirmaron ya a finales del siglo XX que el género y las identidades eran construcciones sociales culminadas en una serie de actos llevados a cabo por las personas, con el fin de hacerse visibles en la sociedad existente. Así, la identidad, siguiendo también la idea de «performatividad» que acuñó Judith Butler, funciona en los círculos sociales como un lenguaje previamente establecido con el que nos comunicamos. Dependiendo del contexto donde se encuentren los sujetos, quizás sean leídos e interpretados acorde con sus identidades o quizás se malinterpreten.  

A este respecto, uno de los contextos más representados e influyentes de la industria cinematográfica es EEUU, lugar además colmado de una amplia diversidad de lenguas y culturas. No obstante, desde el inicio de la presidencia de Donald Trump —de forma más evidente—, el aumento del racismo y el chovinismo se presentan como temas candentes y urgentes de abordar. Desde la propuesta de la construcción de un muro en la frontera de México con EEUU, hasta la reverberación de nombres como Breonna Taylor o George Floyd, junto a movimientos como Black Lives Matter; las personas de diversas etnias se encuentran en una situación de discriminación y vulnerabilidad desconcertante. Cuando a esta situación se le unen las circunstancias de una persona que emigra de su país a Estados Unidos para poder sobrevivir, el día a día de esa persona se ve desestabilizado por el miedo y la búsqueda del documento que le permita quedarse a vivir en dicho país sin ser antes deportada. Si además, a dicha situación, se le unen también otros rasgos identitarios como el género y la clase social, la realidad a la hora de solicitar dicha documentación se vuelve todavía más ardua de afrontar. La interseccionalidad de categorías y grupos de opresión es uno de los conceptos esenciales a la hora de abordar cualquier temática relacionada con la identidad.

Dado que el racismo, la inmigración y la política en EEUU son temas que se han abordado en el cine desde los inicios del mismo, hoy en día se busca la innovación a la hora de crear contenido cinematográfico en torno a estos temas —como con el género de terror de Antebellum (Gerard Bush y Christopher Renz, 2020) o el sarcasmo de La caza (Craig Zobel, 2020)—. En el caso de esta nueva cinta de Isabel Sandoval, se presenta un drama alejado de la apresurada y dinámica narrativa convencional de películas como La chica danesa (Tom Hooper, 2015). Un drama humanista donde con un cadencia pausada se perfila la convulsa historia de Olivia. La misma directora encarna el papel de esta protagonista de origen filipino cuyo principal conflicto es la obtención de su «green card» para poder vivir de forma legal en Estados Unidos, y así continuar mandando dinero a su familia en Filipinas. No obstante, resumirla en tan superficial descripción sería restar valor al trabajo y la precisión de la directora a la hora de colocar los engranajes que han hecho rodar a la perfección Lingua Franca.

La presencia de personajes trans en pantalla se ha hecho más evidente desde principios del siglo XXI. No obstante, siguen siendo figuras que en su mayoría son condenadas al ostracismo o a la tragedia, rodeadas de sentimientos y estereotipos negativos.

Con una delicadeza y estilo narrativo que combina la naturalidad de Mónica Lairana en La cama (2018), con el ritmo sosegado de Michael Haneke en Amor (2012), se presenta a Olga, el personaje del que Olivia cuida para poder ganarse la vida en Norteamérica. A través de la incertidumbre que el Alzheimer provoca en Olga, la directora expone desde el inicio de la cinta una secuencia exquisita donde ella se desorienta y busca a Olivia, como figura y pilar fundamental de lo familiar para encontrar de nuevo su identidad. Con estas imágenes, la cineasta asienta la línea transversal de toda la película que será la búsqueda de la identidad de los personajes, en el caso de Olga por su enfermedad —interpretada por una sobresaliente Lynn Cohen— y en el caso de Olivia por su identidad de género y su rol como inmigrante.

La presencia de personajes trans en pantalla se ha hecho más evidente desde principios del siglo XXI. No obstante, siguen siendo figuras que en su mayoría son condenadas al ostracismo o a la tragedia, rodeados de sentimientos y estereotipos negativos. No obstante, en Lingua Franca, Isabel Sandoval esboza una trágica realidad donde el género de Olivia solo se pone en el punto de mira cuando se entrecruza con la burocracia política o la masculinidad tóxica de Alex. Además, aunque se vuelva a presentar una realidad adversa que —desafortunadamente— muchas personas trans aún tienen que padecer, la directora incorpora una pincelada esperanzadora en la trama, esbozando la misma situación desde una perspectiva positiva a través del personaje de su amiga Trixie.

Otro de los aciertos que habría que destacar respecto a esta cuestión es la representación de la sexualidad de la protagonista. En una secuencia de primeros planos sobre el cuerpo de Olivia mientras se acaricia y fantasea, lejos de la técnica tradicional del «asesino en serie» donde la mirada androcéntrica y freudiana maneja la cámara, se presenta una escena sencilla con tintes eróticos donde lo destacable es la excitación y el placer sexual de la protagonista, y del/a espectador/a que puede resonar con ella.

En definitiva, Lingua Franca se constituye como filme ineludible para reflexionar con libertad sobre la vida y adversidades de alguien, que fácilmente podríamos encontrar al otro lado de la pantalla e incluso en nuestra butaca consecutiva. Una historia convulsa, pero que a través de la destreza narrativa y técnica de la directora, nos permite observar sin ostentaciones lo cotidiano desde la mayor humanidad y honestidad posibles.


Artículo perteneciente a la serie: EN FEMENINO   



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Texto de Sofía Otero Escudero | © laCiclotimia.com | 20 octubre, 2020
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Texto de Sofía Otero Escudero
© laCiclotimia.com | 20 octubre, 2020

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