Langosta
| ¿Sociópata o crustáceo?

Grecia, 2015 | Dirección: Yorgos Lanthimos | Título original: The Lobster | Género: Ciencia ficción, Drama, Romance | Productora: Film4 Productions, Irish Film Board, Eurimages, Netherlands Film Fund, Greek Film Center, British Film Institute, Element Pictures, Scarlet Films, Faliro House, Haut et Court, Lemming Film, Protagonist | Guion: Yorgos Lanthimos, Efthymis Filippou | Fotografía: Thimios Bakatatakis | Edición: Yorgos Mavropsaridis | Música: Varios | Reparto: Colin Farrell, Rachel Weisz, Jessica Barden, Olivia Colman, Ashley Jensen, Ariane Labed, Angeliki Papoulia, John C. Reilly, Léa Seydoux, Michael Smiley, Ben Whishaw, Roger Ashton-Griffiths, Rosanna Hoult, Heidi Ellen Love | Duración: 118 minutos | Premios Óscar: (2016) | Festival de Cannes: Gran Premio del Jurado (2015) | Premios del Cine Europeo: Mejor Guion y Diseño de vestuario (2015) | | Disponible en:  Filmin  Amazon Prime Video   | Comprar Blu-ray | Comprar DVD

Grecia, 2015 | Dirección: Yorgos Lanthimos | Título original: The Lobster | Género: Ciencia ficción, Drama, Romance | Productora: Film4 Productions, Irish Film Board, Eurimages, Netherlands Film Fund, Greek Film Center, British Film Institute, Element Pictures, Scarlet Films, Faliro House, Haut et Court, Lemming Film, Protagonist | Guion: Yorgos Lanthimos, Efthymis Filippou | Fotografía: Thimios Bakatatakis | Edición: Yorgos Mavropsaridis | Música: Varios | Reparto: Colin Farrell, Rachel Weisz, Jessica Barden, Olivia Colman, Ashley Jensen, Ariane Labed, Angeliki Papoulia, John C. Reilly, Léa Seydoux, Michael Smiley, Ben Whishaw, Roger Ashton-Griffiths, Rosanna Hoult, Heidi Ellen Love | Duración: 118 minutos | Premios Óscar: (2016) | Festival de Cannes: Gran Premio del Jurado (2015) | Premios del Cine Europeo: Mejor Guion y Diseño de vestuario (2015) | | Comprar Blu-ray | Comprar DVD

¿Qué animal elegirías ser si estuvieras destinado a no tener pareja? Una sátira atemporal sobre el amor romántico y las relaciones de pareja, impregnada en cada secuencia con el sello del aclamado director griego Yorgos Lanthimos.

Una mujer va conduciendo, frena y se detiene frente a un prado donde unos burros pasean. Se baja del coche dejando el motor encendido y la puerta abierta. Desde el asiento del copiloto, a través de la luna del coche, vemos cómo la mujer dispara a uno de los burros y vuelve al coche. Corte a negro e impresión del título: The Lobster. 

Con esta primera secuencia de Langosta (Yorgos Lanthimos, 2015), el director griego se aleja de las teorías de recepción que sitúan a las personas espectadoras como entes pasivos, —el formalista ruso Pudovkin los denominaba «observadores invisibles»— y se acerca a la idea esbozada por el teórico de cine David Bordwell, que afirma que las películas dan pie a que las personas que observan ejecuten una serie de operaciones mentales para dar sentido a las imágenes. Algo que el director griego busca con todas sus obras, llevando a cabo una línea narrativa que provoca que la persona espectadora —considerada como una figura activa e inteligente—, no deje de cuestionarse lo que ocurre en pantalla y trate de cohesionar planos y argumentos para dar sentido a la película. A esto se une que Lanthimos suele abordar temáticas satíricas y metafóricas como es el caso de sus predecesoras obras Canino (2009) o Alps (2011), desarrollando algo totalmente fuera de lo ordinario en un ambiente que aparentemente lo es.

En el caso de Langosta el director desarrolla uno de los temas más recurrentes en los guiones cinematográficos y en el arte en general: el amor y las relaciones románticas. Con el común tono crítico que tiñe los trabajos del cineasta, el filme aborda este tipo de relaciones desde una perspectiva racional y fría, también reflejada a nivel cromático. Trama que se desarrolla en un mundo distópico —quizás más verosímil de lo que parece—, donde el estar soltero o soltera es una situación que es penalizada con el castigo de dejar ser humano para pasar a ser un animal —el que la persona elija ser—. Un mundo dividido en tres universos diferentes, universos que cinematográficamente también están perfectamente separados gracias a la destreza estética y narrativa del director, a la vez que rigurosamente cohesionados a través de la narración en off y —aparentemente— tercera persona. 

El primer universo que se presenta en la cinta es «la ciudad», un lugar donde solamente las parejas pueden vivir. En este primer universo se presenta al protagonista David, interpretado por un Colin Farrell irreconocible por su gran cambio físico, y llevando a cabo una actuación indispensable para el éxito de la película. Un personaje extremadamente sensible pero frío en su semblante hacia el exterior, algo que el actor interpreta de forma brillante. Esta sensibilidad se ve magnificada por el hecho de que su mujer le acaba de dejar y debe ser trasladado al segundo universo de la película, «el hotel». En este hotel, las personas que se han quedado sin pareja deben residir durante 45 días con el objetivo de encontrar otra pareja, o por el contrario, si el tiempo se agota sin encontrarla, ser convertidas en los animales que decidan. La mayoría elige ser un perro, tal y como hizo el hermano de David, el cuál es ahora su mascota más fiel. El protagonista sin embargo le regala al espectador la primera secuencia aparentemente sensata pero con pinceladas de algo descabellado. «¿Qué animal le gustaría ser?». «Una langosta». Ese animal de sangre azul que David, el cual ama el mar, decide ser. 

Con el común tono crítico que tiñe los trabajos del cineasta, Langosta aborda las relaciones románticas desde una perspectiva racional y fría, también reflejada a nivel cromático.

A diferencia de otras películas del director, donde una gran variedad de juegos mentales son necesarios para dar sentido a la historia —o al menos intentarlo—, en Langosta Lanthimos ya establece todas las pistas necesarias para favorecer la comprensión narrativa desde la primera secuencia del hotel. Cuando David llega al hotel tiene lugar la primera secuencia donde se muestra el sistema binario y normativo que rige el universo del filme. «¿Es usted heterosexual u homosexual?», «¿No existe la opción de bisexual?», «No, desde el verano pasado hemos eliminado esa opción». Como una aplicación de citas que hoy en día podría estar instalada en cualquier dispositivo móvil, «el hotel» funciona como lugar para encontrar pareja donde tienes que registrar en tu ficha tu orientación sexual y género, entre otras características. 

Sin embargo, aunque el argumento poco a poco va cobrando sentido sin demasiados sobresaltos, Lanthimos no descuida ciertos motivos recurrentes de su filmografía que hacen que el filme tenga su huella evidente. Uno de los rasgos más característicos del cineasta a la hora de representar ciertas secuencias es el llevar situaciones triviales a un nivel de ridiculez extremo, algo que ya hizo en otras películas como Canino y vuelve a repetir en otras más recientes como La favorita (2018). ¿Qué tendría de extraño que el matrimonio dueño del hotel amenizara una velada con sus voces y un poco de música? El cineasta tiene la destreza para conseguir que una simple y banal actuación termine por alejar la atención del espectador de las parejas que bailan e intentan conocerse, hacia una actuación que llega a ser absurda y convierte toda la secuencia en una mordaz sátira.

DavidColin Farrel— examina con ansiedad si su compañero también es miope.

Y el recurso musical no es algo que solo utiliza a nivel diegético, sino que el director también suele cuidar especialmente el uso de la música extradiegética que remarca los puntos de giro de la trama —algo que también realiza de forma magistral en El sacrificio de un ciervo sagrado (2017)—. Una melodía clásica que va in crescendo de forma precisa a la vez que el argumento se torna más oscuro, violento o acelerado. Recurso que utiliza como detonante para una de las secuencias donde David es perseguido por los pasillos del hotel, con planos que hacen evidentes guiños al gran Stanley Kubrick. Otra de las secuencias reseñables de la película donde la música es protagonista, es aquella donde las personas que habitan «el hotel» salen a cazar al tercer universo del filme, «el bosque» donde viven las solitarias —por cada persona solitaria cazada el cazador ganará otro día en el hotel para conseguir pareja—. En dicha secuencia, el cineasta se sirve del recurso de la cámara lenta para remarcar tanto los movimientos torpes de los cazadores como la violencia extrema, acompañada de la melancólica canción griega a piano Apo Mesa Pethamenos.

En definitiva, una cinta teñida con tonos fríos tanto a nivel estético como narrativo, con la sátira como eje transversal de toda la trama. Sátira que se torna cada vez más absurda cuando entendemos lo que realmente significa encontrar a «tu media naranja» en el mundo esbozado por Yorgos Lanthimos en Langosta. Un mundo distópico que crea parejas idénticas, incluso construidas sobre mentiras tan ridículas como que alguien se golpee la nariz de forma continua para hacer creer a otra persona que también sufre hemorragias nasales; un mundo donde encontrar a alguien que también es miope es signo de estar destinados a estar juntos. Una crítica mordaz sobre un mundo distópico plagado de autómatas, cegados por un concepto de amor romántico que quizás, no se aleje tanto del que reside en el imaginario colectivo de la realidad actual.




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Texto de Sofía Otero Escudero | © laCiclotimia.com | 4 diciembre, 2020
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Texto de Sofía Otero Escudero
© laCiclotimia.com | 4 diciembre, 2020

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