La rebelión de los sintes
| Sobre el origen del synthwave

España, 2019 | Dirección: Iván Castell | Título original: The Rise of the Synths | Género: Documental, Musical | Productora: Castell & Moreno Films, 9am Media Lab | Guion: Iván Castell | Fotografía: Beltrán García Valiente, Adrián Barcelona | Edición: Iván Castell | Música: Robin Ogden | Reparto: John Carpenter, Rubén Martínez, Power Glove | Duración: 82 minutos | | Disponible en:  Movistar+  

España, 2019 | Dirección: Iván Castell | Título original: The Rise of the Synths | Género: Documental, Musical | Productora: Castell & Moreno Films, 9am Media Lab | Guion: Iván Castell | Fotografía: Beltrán García Valiente, Adrián Barcelona | Edición: Iván Castell | Música: Robin Ogden | Reparto: John Carpenter, Rubén Martínez, Power Glove | Duración: 82 minutos |

Un documental dirigido por el cineasta español Iván Castell y narrado por el mismísimo John Carpenter. Estrenado en 2019, cuenta la historia del synthwave de la mano de multitud de artistas de todo el mundo.

En La rebelión de los sintes (Iván Castell, 2019) nos encontramos con la historia de un movimiento cultural de carácter underground en pleno apogeo de la era digital e internet: el synthwave. El documental está narrado por el maestro del horror John Carpenter, que también fue el principal compositor de las bandas sonoras de las películas dirigidas por él mismo. Su idea fue la de crear una música que incitara a lo visual, aparte de lo auditivo. La década de los 80 fue la primera en juntar el punk (el «hazlo tú mismo»), movimiento que abandona el virtuosismo, otorga un carácter visual muy potente y donde cualquiera sin talento puede crear música, con grupos como Kraftwerk o Tangerine Dream y la fuerza de las bandas sonoras en todo tipo de géneros cinematográficos a través de los primeros sintetizadores. John Carpenter supo mezclar genuinamente estas tres influencias creando composiciones inolvidables. A día de hoy sigue dando conciertos e interpretando las bandas sonoras de La noche de Halloween (1978), 1997: Rescate en Nueva York (1981) o La niebla (1980), entre otros.

Como movimiento, no fue hasta prácticamente la aparición de YouTube (que jugaría y juega un papel fundamental en la difusión del género) donde pasó a denominarse de tal modo. Artistas de todo el mundo —insisto aquí y me atrevo con las similitudes referidas al punk, estilo que genuinamente se discute todavía su procedencia: Londres con los Sex Pistols, Nueva York con los Ramones, o incluso España con La Banda Trapera del Río— fueron etiquetados bajo el mismo nombre sin casi saberlo. Llevaban haciendo música de este tipo y distribuyéndola ya varios años por medios como MySpace. Ni siquiera hace falta un estudio para generar una pieza o un disco de synthwave. No hace falta tampoco que seas DJ. Con un ordenador ya puedes crear prácticamente lo que quieras de manera digital.

El synthwave es uno de los pocos estilos y movimientos que nos ha dado el underground a lo largo del siglo XXI y, como todo movimiento alejado de las multitudes, tendrán que pasar años para que se valore y se etiquete de manera correcta.

El synthwave se nutre de distintas fuentes: referencias cinematográficas visuales, bandas sonoras, el mundo del videojuego… donde la estética posee un alto grado de importancia. Analizar los orígenes concretos sería más bien un trabajo de arqueología que otra cosa. Lo que sí es indudable es que se centra en la estética ochentera. Es un género apegado a la nostalgia donde —curiosamente— la mayoría de artistas no han vivido esa época. Como bien narra Perturbator —músico francés de 27 años— en el documental: «No se trata de revivir y copiar directamente los 80, se trata de coger el espíritu de la época y con ello crear un nuevo movimiento artístico […] quien a veces opina que este tema es o no es demasiado ochentero, es que no ha entendido el concepto».

El siguiente punto de explosión después de la influencia de John Carpenter fue sin duda el estreno de Drive (Nicolas Winding Refn, 2011). El film describe —estéticamente, sin entrar a analizarlo— las características visuales de las que se nutre el synthwave: Ambiente neo-noir, colores metálicos oscuros, carreteras en medio de ciudades pseudo futuristas —donde por cierto la influencia de Blade Runner (Ridley Scott, 1982) y Vangelis es innegable—. Esa introducción a la película con Kavinsky sin duda supuso un antes y después para lo que quedaba por llegar al género del synthwave.

Desde entonces, el estilo ha pasado más o menos desapercibido para el público mainstream, siendo muy conscientes los músicos de que en cualquier momento podría explotar y convertirse en un producto más para el público general. Muchos artistas han estado en festivales de electrónica o incluso de heavy metal, siempre en ambientes con artistas que se salen del statu quo. Es más, el synthwave no es solo un movimiento como tal, sino que dentro de él caben multitud de grupos, bandas y proyectos diferentes: The Midnight barre más hacia pop al estilo de M83 —benditos sean los franceses haciendo música electrónica—, Perturbator oscila más hacia el público heavy metal (ya que él mismo tocaba en una banda de metal). Carpenter Brut se orienta más a la potencia audiovisual, incluyendo además batería analógica y guitarra eléctrica. Gost posee influencias de The Prodigy, quizá un poco más oscuras. Waveshaper hacia el género de la banda sonora en videojuegos. La lista se está volviendo cada día más larga e interminable: tanto es así que colaboraron para recaudar fondos para el documental hasta 700 artistas.

Muchos de los músicos antes mencionados dan a la estética visual una importancia desmesurada, pero no como producto o imagen personal. Como Daft Punk, muchos de ellos se esconden tras una máscara. Esto es en gran medida como crítica a la cultura actual del like y el narcisismo personal. Conocer el rostro del artista no te hace, sinceramente, disfrutar más o menos de lo que pueda llegar a lograr crear y cómo te haga sentir, y si lo hiciera sería bastante injusto, ya que estarías prejuzgando al artista por su aspecto en vez de por su producto.

El siguiente punto de inflexión para dar a conocer el género fue el estreno en Netflix de una de las series mejor valoradas de los últimos años: Stranger Things (Matt Duffer, Ross Duffer, 2016). Si el synthwave se nutre de todas las referencias ochenteras, Stranger Things tiene todo lo que mola. Son Los Goonies (Richard Donner, 1985), John Carpenter, Stephen King, Los cazafantasmas (Ivan Reitman, 1984), la cultura pop de Star Wars recién nacida, Dragones y Mazmorras… La serie nos transportó a la nostalgia en estado puro de la década de los años 80. La banda sonora fue creada por el dúo integrado por Kyle Dixon y Michael Stein.

En La rebelión de los sintes viajamos en el tiempo década tras década para descubrir todas estas influencias de las que se nutre el género actualmente a través de la narración de John Carpenter. El synthwave es uno de los pocos estilos y movimientos que nos ha dado el underground a lo largo del siglo XXI y, como todo movimiento alejado de las multitudes, tendrán que pasar unos cuantos años más para que se valore y se etiquete de manera correcta. Los límites de su creatividad lo tienen las influencias que el artista quiera poner, porque literalmente caben infinitas cosas en su interior.




  • 17
  •  
  •  
  • 1
Texto de Adolfo M. Rodríguez | © laCiclotimia.com | 19 octubre, 2020
  • 17
  •  
  •  
  • 1



Texto de Adolfo M. Rodríguez
© laCiclotimia.com | 19 octubre, 2020

¿Quieres recibir semanalmente nuestro nuevo contenido?