La mujer en la ventana
| Vecinos, benzodiacepinas y mucho vino

Las adaptaciones literarias no siempre son fáciles. En el filme de Joe Wright, Adams interpreta a una mujer trastornada que no puede salir de su casa, siendo la ventana su única conexión con la realidad. ¿Producto de entretenimiento o adaptación fallida?

No todo el mundo sabe que muchas grandes obras maestras de la historia del cine son, en realidad, adaptaciones de novelas con mayor o menor éxito de ventas. Partiendo de la famosísima El señor de los anillos (Peter Jackson, 2001) que tiene como origen la gran obra de J.R.R. Tolkien, hasta El padrino (Francis Ford Coppola, 1972) —para algunos el filme supera a la gran novela original de Mario Puzo—, Matar a un ruiseñor (Robert Mulligan, 1962) o La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993) —se dice que Spielberg quedó prendado de la historia y la novela en la que se basaba, El arca de Schindler (Thomas Keneally, 1982), pero que al no atreverse a dar el paso en un principio por todo lo que le tocaba personal y emocionalmente, se lo ofreció antes a otros reputados directores como Martin Scorsese o Roman Polanski, cuyas respuestas fueron negativas rotundas—. Probablemente el maestro Alfred Hitchcock sea uno de los grandes adaptadores de obras literarias al cine, ya que hasta Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), una de sus películas más carismáticas, proviene originalmente de una novela homónima —sin duda, menos conocida que la película— escrita por el autor Robert Bloch. Está claro que los libros son una fuente indiscutiblemente rica de ideas e historias que se podrían plasmar en la gran pantalla, pero es importante recordar el significado de la palabra «adaptación»: adaptar significa modificar una obra que originalmente iba destinada a ser disfrutada de una manera concreta. Modificar, esa es la clave. Un libro, aparte de ser un «cajón lleno de ideas», permite al lector plasmar eso que está leyendo en su imaginación, generando en él un puñado de sensaciones distintas a través de lo que denominamos «recursos literarios». Por ello, no es un copia-pega de lo que leemos en el texto —error que cometían algunas adaptaciones recientes de superventas como La chica del tren (Tate Taylor, 2016) o El muñeco de nieve (Tomas Alfredson, 2017)— sino que requiere de una destreza y un trabajo conjunto entre el guionista y el director para generar esas sensaciones concretas, aunque eso derive en la omisión de ciertos pasajes, o incluso, el cambio de ciertos hechos que ocurren en la obra original. La mujer en la ventana (Joe Wright, 2021) es otra adaptación literaria que tras varios test screenings y reshoots, y tras algunos meses estando guardada en el cajón de Disney, ha sido estrenada casi de incógnito en el interminable catálogo de Netflix siendo vapuleada por la crítica americana —nada más y nada menos que un 39 en Metacritic—. Pero, ¿es la película realmente otra adaptación tan desastrosa? ¿O el director Joe Wright ha sido capaz de comprender el término «adaptación»?

Anna Fox es una psiquiatra infantil que vive recluida en su casa debido a la agorafobia. Su vida actualmente se basa en ver películas antiguas y mirar por la ventana mientras bebe vino, en busca de historias ajenas que le hagan olvidar sus propios traumas. Sin embargo, la llegada de unos nuevos vecinos hace que, lo que en un principio era un simple pasatiempo, se vuelva algo que ponga su vida en peligro. La mujer en la ventana es la adaptación al cine de la novela homónima de A.J. Finn y, sin duda, diríamos que es una más que digna. Joe Wright vuelve a demostrarnos que es un director que sabe jugar a la perfección a nivel visual, cogiendo, como hemos dicho antes, las sensaciones que genera la obra original y utilizando la puesta en escena como canal de transmisión al espectador. La paleta de colores utilizada en la fotografía oscila sutilmente entre la realidad y el mundo onírico, entre la sobriedad y la borrachera de la protagonista: el film y su director nos adentran en un universo de desasosiego, de asfixia, dentro de una casa de la que no puedes salir, y en la que parece que el aire no entra en ningún momento. Eres Anna Fox, eres Amy Adams, y en ese sentido la película es más que audaz.

Un producto de entretenimiento maravilloso y una más que digna adaptación de su novela original.

Deberíamos dejar de menospreciar a las películas denominándolas «telefilms», aunque sea un error que yo mismo cometo en muchas ocasiones. Porque es verdad que La mujer de la ventana tiene una cualidad de película de sobremesa de los domingos, pero aun así —y en gran medida, justo por ello—, sigue siendo una película tremendamente entretenida. En ocasiones puede resultar pobre argumentalmente, pero esto no se debe a que su obra de origen sea pobre, todo lo contrario, el libro es un thriller psicológico de primera que sabe oscilar entre la imaginación de la protagonista y lo que pasa en la realidad de una manera apabullante. Y ahí es donde la película se queda corta: a pesar de que el trabajo de Wright es eficaz, se echa de menos una capa más de complejidad dramática que fuese capaz de jugar con la psicología del espectador, algo que sí hacían otras adaptaciones como Perdida (David Fincher, 2014), otra película que fue acusada de «telefilmazo», pero que no deja de ser una joya en lo que resulta el género del thriller psicológico.

Amy Adams es un monstruo interpretativo, una candidata inmejorable para ese personaje de Anna Fox que en manos de cualquier otra podría haber caído en la más clara exageración. Adams sabe trasladar el desasosiego de esa mujer que no puede salir de las cuatro paredes de su casa, pero también ese estado de ánimo de estar «despatarrada» en el sofá de tu casa viendo la tele y bebiendo copazos de vino. Cómo aguanta los primeros planos que le pone Joe Wright en la frente. Probablemente los cinco minutos en los que Adams y Julianne Moore comparten pantalla sean los mejores de la cinta, ya que emanan verdad y naturalidad, una conversación entre dos mujeres aparentemente desconocidas pero que a la vez encuentran la una en la otra algo de confianza que les hace abrirse en canal. La mujer en la ventana, sin duda, presenta dudosas elecciones —por ejemplo, el uso de la voz en off para presentar las conversaciones entre Anna y su ex marido resulta, en cierta manera, torpe— pero, en general, esta película con reminiscencias a La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954) es efectiva, un producto de entretenimiento maravilloso y una más que digna adaptación de su novela original. Lo mejor, la ingeniosa utilización de la puesta en escena de Joe Wright y una siempre brillante Amy Adams. Lo peor, que los críticos americanos a veces se olviden de la importancia del cine como entretenimiento. Basta ya de renunciar a esas películas que nos alegran los domingos por la tarde, dejemos atrás los prejuicios, y demos un disfrute a nuestro cuerpo.




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Texto de Mikel Viles | © laCiclotimia.com | 17 mayo, 2021
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Texto de Mikel Viles
© laCiclotimia.com | 17 mayo, 2021

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