La maldición de Bly Manor
| El terror de nuestros fantasmas del pasado

Estados Unidos, 2020 | Título original: The Haunting of Bly Manor | Género: Terror, Thriller, Intriga, Drama. | Productora: Amblin Television, Intrepid Pictures, Paramount Television Studios | Fotografía: James Kniest, Maxime Alexandre | Música: The Newton Brothers | Reparto: Victoria Pedretti, Amelie Bea Smith, Benjamin Evan Ainsworth, Rahul Kohli, T'Nia Miller, Henry Thomas, Catherine Parker, Oliver Jackson-Cohen, Andrew Neil McKenzie, Tahirah Sharif, Benjamin Ainsworth, Kate Siegel, Carla Gugino | | Disponible en:  Netflix  

Estados Unidos, 2020 | Creación: Mike Flanagan | Título original: The Haunting of Bly Manor | Género: Terror, Thriller, Intriga, Drama. | Productora: Amblin Television, Intrepid Pictures, Paramount Television Studios | Fotografía: James Kniest, Maxime Alexandre | Música: The Newton Brothers | Reparto: Victoria Pedretti, Amelie Bea Smith, Benjamin Evan Ainsworth, Rahul Kohli, T'Nia Miller, Henry Thomas, Catherine Parker, Oliver Jackson-Cohen, Andrew Neil McKenzie, Tahirah Sharif, Benjamin Ainsworth, Kate Siegel, Carla Gugino |

Una mujer llega en mitad de la celebración de una boda, y después de unas copas, comienza a contar una inquietante historia al fuego de una chimenea, una donde los fantasmas representan mucho más que pobres almas errantes.

Todos sabemos que el miedo es casi tan —o, incluso, más— subjetivo que la comedia. Al igual que hay público que ha hecho de Adam Sandler un actor, productor y guionista multimillonario en Hollywood gracias a sus comedias «palomiteras chorras», hay gente que lo detesta y no encuentra el sentido a sus chistes. Y esto ocurre con el terror y las fobias. Hay personas a las que les dan miedo las arañas o las cucarachas, otros en cambio le tienen temor a cosas tan populares como los fuegos artificiales o los payasos. Pero hay algo que siempre funciona como prueba de fuego para demostrar valentía durante la adolescencia —por algo conocida también como «edad del pavo»—, y eso son las películas de terror. Pelis de terror clásicas, que siempre tratan historias sobre fantasmas, monstruos o jóvenes poseídas, llenas de trampas y momentos en busca del grito de la protagonista —de ahí viene el concepto scream queens, que, inesperadamente, solo se relaciona con protagonistas femeninas— y, sobre todo, del espectador.

Sin embargo, ya en estos últimos años, se ha ido desarrollando un nuevo género dentro del terror, que escapa un poco del clásico esquema de la historia de fantasmas denominado terror psicológico. Porque, como ya hemos mencionado antes, no solo nos producen miedo los fantasmas o los espectros que viven debajo de nuestras camas, sino que el terror se aplica a cualquier cosa que nos ponga en estado de alarma —nunca mejor dicho en estos tiempos de la COVID—, que active nuestro Sistema Nervioso Simpático para poner a nuestro cuerpo a punto para los peligros que nos puedan acechar, que nos mantengan en tensión. Y, amigos, conseguir esa tensión no es fácil. En El faro (2019) el director Robert Eggers utiliza la soledad y el desasosiego de quedarte atrapado en una isla para generar ansiedad en el espectador. Ari Aster, en cambio, en Midsommar (2019) juega con lo exótico y bizarro que proporcionan los cultos populares desconocidos para producir dicho malestar.

En la obra que vamos a comentar hoy, La maldición de Bly Manor (2020), su creador, Mike Flanagan, en cambio, hace algo que también se está volviendo cada vez más frecuente en el género del terror actual: utilizar las herramientas típicas para contar una historia que no es típica de este tipo de ficción. En vez de explorar nuevos miedos, usa a los fantasmas para reflejar los miedos más personales de cada uno, aquello que va más allá de los temores primarios. Dani Clayton es una chica americana que, escapando de un trágico pasado, es contratada como au pair de los sobrinos de un millonario que viven en una enorme mansión llamada Bly Manor. Allí se encontrará con Owen el chef, Jamie la jardinera y la señora Grose, el ama de llaves, personajes que también tendrán sus traumas del pasado, y que irán saliendo a la luz poco a poco en esa mansión llena de secretos. Flanagan aprovecha la estructura que le brinda una serie de televisión para contarnos una historia llena de entresijos y guiños al terror clásico a lo largo de los 9 capítulos que dura la ficción.

La maldición de Bly Manor sigue siendo una obra deslumbrante que, a pesar de ser menor a su predecesora, vuelve a demostrarnos que el género del terror no tiene fin.

Tras el éxito de La maldición de Hill House (2018), en el que Flanagan cuenta la historia de un drama familiar escondido en un relato de terror, La maldición de Bly Manor es la siguiente parte de su antología de terror, en el que el nexo de unión entre las historias es uno: las casas guardan consigo mucho más que lo puramente estructural. El cineasta estadounidense sabe reflejar esas enormes mansiones como lugares llenos de recuerdos, llenos de cicatrices y signos de las vivencias y los momentos felices —y los no tanto— vividos por las familias que se alojaron allí dentro. Los fantasmas o los recuerdos de los protagonistas en Bly Manor funcionan como un todo en las historias que nos quiere contar el director.

Flanagan, que en Hill House narraba un drama familiar, en Bly Manor se basa en la novela Otra vuelta de tuerca (Henry James, 1898) para contar una historia de amor trágico en lo que a simple vista parece un relato más sobre casas encantadas. Como bien comentó en una entrevista, «La maldición de Hill House trata sobre una familia unida y Bly Manor trata sobre extraños» y eso se nota y afecta al resultado final de la serie. En Bly Manor se juntan las historias personales de corazones rotos de cada uno de los protagonistas, todos provenientes de orígenes distintos, que hacen que la serie acabe teniendo múltiples subtramas, que a pesar de estar contadas todas ellas con gran sutileza y tacto, acaban dispersando al espectador del hilo central de la serie. Esto hace que La maldición de Bly Manor no acabe siendo tan redonda como su predecesora y que, incluso, el impacto dramático no sea tan demoledor como lo era en La maldición de Hill House.

Sin embargo, más allá de los «peros» comentados antes, el guion realizado por el propio Mike Flanagan junto con ayuda de otros coescritores se desliza con gran delicadeza entre la intriga, el terror y el relato de amor gótico. Todos los diálogos tienen su porqué, y la historia está llena de guiños a otras novelas del propio Henry James, razón por la cual muchos de los episodios comparten nombre con algunas de esas obras. Pero es que se nota que Flanagan es un amante del género, y eso hace que La maldición de Bly Manor no solo tenga guiños a toda la obra de James, sino también a múltiples grandes clásicos del terror y el relato gótico, así como a otras películas del propio director. Los actos y la forma de actuar del personaje de la señora Grose recuerdan en parte a esa Nicole Kidman de Los otros (Alejandro Amenabar, 2001), o la fantasma del lago nos trae a la memoria a la icónica película japonesa The Ring (El círculo) (Hideo Nakata, 1998). Y no deberíamos olvidarnos que los personajes de los actores que repiten en esta segunda parte de la antología presentan similitudes con sus personajes previos de Hill House, con incluso, a veces, la repetición de las mismas frases.

Lo más fascinante de Bly Manor acaba siendo cómo Flanagan es capaz de utilizar a los fantasmas de la historia como cuentas pendientes del pasado, como errores cometidos en la vida o en relaciones anteriores que vuelven en forma de tormento. Porque lo que da realmente miedo en esta historia no son las apariciones de los fantasmas en sí, sino lo que representan, la culpabilidad, el volver a nuestros recuerdos más dolorosos y revivirlos sin poder seguir adelante. Porque, al final, los fantasmas son eso: almas que quedan atrapadas en el pasado y que nos arrastran. Y bueno, ese capítulo final como expresión máxima del amor trágico es verdaderamente fascinante.

En conclusión, La maldición de Bly Manor sigue siendo una obra deslumbrante que, a pesar de ser menor a su predecesora, vuelve a demostrarnos que el género del terror no tiene fin, siempre y cuando sea tratada con ingenio. Lo mejor, Mike Flanagan demostrando que tiene pocos rivales en cuánto a filmar horror, ya que sin ser puramente efectista, sabe construir imágenes para el recuerdo. Lo peor, que la multitud de guiños y subtramas puedan acabar dispersando de lo que es el mensaje principal de la historia: el amor puede acabar siendo una verdadera pesadilla.




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Texto de Mikel Viles | © laCiclotimia.com | 2 noviembre, 2020
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Texto de Mikel Viles
© laCiclotimia.com | 2 noviembre, 2020

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