La madre del blues
| Homenaje a la irrepetible Ma Rainey

Estados Unidos, 2020 | Dirección: George C. Wolfe | Título original: Ma Rainey's Black Bottom | Género: Drama | Productora: Netflix (Productor: Denzel Washington) | Guion: Ruben Santiago-Hudson (Obra: August Wilson) | Fotografía: Tobias A. Schliessler | Edición: Andrew Mondshein | Música: Branford Marsalis | Reparto: Viola Davis, Chadwick Boseman, Glynn Turman, Colman Domingo, Joshua Harto, Taylour Paige, Jonny Coyne, Jeremy Shamos, Michael Potts, Scott Matheny, Dusan Brown, Phil Nardozzi | Duración: 94 minutos | Premios Óscar: Nominada a mejor película (2021) | | Disponible en:  Netflix  

Estados Unidos, 2020 | Dirección: George C. Wolfe | Título original: Ma Rainey's Black Bottom | Género: Drama | Productora: Netflix (Productor: Denzel Washington) | Guion: Ruben Santiago-Hudson (Obra: August Wilson) | Fotografía: Tobias A. Schliessler | Edición: Andrew Mondshein | Música: Branford Marsalis | Reparto: Viola Davis, Chadwick Boseman, Glynn Turman, Colman Domingo, Joshua Harto, Taylour Paige, Jonny Coyne, Jeremy Shamos, Michael Potts, Scott Matheny, Dusan Brown, Phil Nardozzi | Duración: 94 minutos | Premios Óscar: Nominada a mejor película (2021) |

La adaptación de la obra teatral de August Wilson mantiene de forma palpable las características clave del arte escénico. Una incomparable Viola Davis le da el toque cinematográfico con su interpretación poderosa, detallada, chocante y entrañable.

Chicago, 1927. Un soleado día en el centro. La imponente recreación de la ciudad del viento a principios del S. XX parece anunciar un drama histórico al estilo esplendoroso de Boardwalk Empire (Terence Winter, 2010-2014). Nada más lejos de la realidad: prácticamente toda la historia sucede en el interior de un estudio de grabación, en espacios cerrados, a veces opresivos, la geometría de las salas empujando a los personajes a una cercanía que en unas ocasiones favorece la camaradería y en otras crea peligrosos roces. Los escasos cambios de lugar y la breve unidad de tiempo en los que transcurre la historia nos recuerdan al teatro, y con razón, ya que estamos ante la adaptación de una obra de August Wilson

Por ello, los breves momentos en los que el ritmo de la acción aumenta pueden resultar engañosos: no nos llevan a una película acelerada repleta de altibajos, sino que sirven de transición entre escenas largas llenas de caracterización y trasfondo, donde una cierta tensión se intuye y se hace más palpable cuando los personajes se enfrentan, no solo entre ellos, sino a sus pasados. El diálogo rápido y repleto de detalles, y la caracterización analizada con lupa y retratada por actores de una autenticidad persuasiva son los pilares que sostienen esta joya, mientras todo se ve envuelto en el oscuro velo de la explotación racial.

La ganadora del Óscar (y nominada de nuevo este año) Viola Davis está absolutamente impresionante en el papel de la histórica Ma Rainey. Una mujer negra soltera y queer, dueña de su propia banda de música pionera en el blues, hasta el punto de ser reconocida por el título que comparte con esta película. Su presencia llena la pantalla y no cede terreno ante nada. Sirva como ejemplo de su poderío la escena del leve accidente de tráfico, donde se enfrenta a un agente de policía que la trata injustamente por una cuestión étnica. Vemos incluso a los transeúntes blancos formar un cerco y mirarla con desconfianza e incluso agresividad, claramente nerviosos. Y esto en un estado del Norte, supuestamente alejado de la brutalidad sureña. Al final, la situación se resuelve porque el dinero manda, y el dinero en este caso proviene del talento y la tenacidad de Ma Rainey.

Sudor por todas partes. El calor abrasador del Chicago estival parece meterse en el cuerpo de los personajes y calentar hasta sus pensamientos. Los ánimos pueden estallar en cualquier momento.

Es muy consciente de lo que tiene y de lo que quieren de ella los blancos: explotar su arte para su propio beneficio. Y por eso no se deja llevar en ningún momento. La música se hace como, cuando y donde ella dice. Sirva de ejemplo la escena de la Coca-Cola, donde saca de quicio a su manager, Irvin (Jeremy Shamos), por negarse a hacer nada hasta que le traigan su cola fría. A priori, puede parecer superficial, pero cuando la vemos usar el mismo poderío en cuestiones más vitales entendemos la necesidad de una personalidad tan dura y orgullosa. En un mundo en el que juegas según las reglas que imponen los blancos, debes mostrarles que no cedes ni un milímetro, o te comen viva.

La madre del blues es un regalo para los amantes del teatro, de la caracterización mediante el diálogo, de la cultura, de la historia y de la música.

En términos más amplios, la lucha de Ma por preservar su arte y su reticencia a vender los derechos de sus grabaciones es uno de los temas enormemente relevantes hoy en día que presenta la película. El público consume cultura negra con avidez, pero no aprecia a las personas negras. Así se promueve la apropiación cultural y se endurece la pugna por la igualdad de derechos. La cultura es indisociable de la comunidad que la produce. Es la base de una identidad. Ocultar esta identidad es eliminación simbólica.

En medio de esta debacle de talento y derechos musicales, una fuerza equiparable a la de Ma pero en dirección opuesta crea el conflicto principal: el trompetista Levee. Interpretado por el tristemente fallecido Chadwick Boseman, este enérgico miembro del grupo acarrea un trauma que puso su mundo patas arriba de pequeño, antes de tener capacidad para entender lo que estaba sucediendo. Esto define todo lo que hace, y lo convierte en una bomba de relojería. Presumido, lleno de confianza y chulería irreverente, mantiene una sonrisa a modo de máscara, hasta que el tedio de tratar con gente que no le comprende hace «clic» y le transforma en un cañón emocional a punto de abrir fuego, disparando la tensión de la escena. Atrapado entre sus intentos de complacer a los blancos para salirse con la suya y la burla de sus compañeros por usar lenguaje propio de un esclavo, toda su picaresca cae en saco roto por su incapacidad para prever las trampas de la explotación de los negocios blancos.

El personaje de Boseman aparece frecuentemente opuesto a los demás, en espacios con líneas paralelas, creando la sensación de estar más juntos de lo que les gustaría.

La forma en que Levee descarga esta tensión nos proporciona un inteligente uso del clásico recurso del «rifle de Chéjov». Su navaja y sus zapatos nuevos son ejemplos convencionales, pero la puerta trasera de la sala de ensayo simboliza algo más. Desde que el grupo accede a este espacio en el sótano del estudio, vemos claramente lo que parece ser una puerta trasera sucia y oxidada. En varias ocasiones Levee intenta abrirla. No es hasta que se lleva su gran decepción en su negociación con los blancos que se vuelve furioso y la emprende a patadas y placajes con la inocente pieza de mobiliario. Logra desatascar el cerrojo, pero todavía queda empujar. Cargando contra la puerta una y otra vez, consigue abrirla violentamente para por fin llegar a… una pared. Un potente simbolismo de la opresión racial en América: mientras seas negro, podrás pelear y esforzarte hasta darlo todo, que al final te seguirás topando con un sistema racista.

Es interesante cómo la película nos pone en contexto con el cambio de Sur a Norte. Si bien el primero era más violento contra los negros, al menos después de la emancipación habían logrado crear sus comunidades y proteger sus negocios. Pero al ir al Norte, las circunstancias cambian y solo se avanza negociando con los blancos. La opresividad de Américaes inescapable. Quien mejor lo expresa es Toledo en su monólogo sobre la metáfora del estofado, en el que las personas de color son las sobras. Para él, el más viejo, tiene que haber algo más allá de pasarlo bien, un objetivo para la población negra más allá de celebrar. Sí, es hermoso ver que la esclavitud ha quedado atrás, pero no es momento de dormirse en los laureles. A través de este personaje, August Wilson reitera la relevancia de su drama al hacer que Toledo se anticipe a las leyes Jim Crow y la lucha por los derechos civiles.

Pero a la vez vemos la moneda de la música negra con su cara y cruz. El blues sirve para gozar, pero también es reivindicativo. Pertenece a los negros, y los blancos no lo entienden. Porque fue creado tras la experiencia de la esclavitud. En las letras de Ma Rainey, vemos abundantes referencias al físico, mucha acción y movimiento. El cuerpo negro, antes maltratado por los blancos, pertenece a las personas negras, y la música sirve para reivindicarlo. Al final, lo que cantantes como Ma vienen a decir es: «Yo existo, y estoy aquí para desafiarlo todo».

La madre del blues es un regalo para los amantes del teatro, de la caracterización mediante el diálogo, de la cultura, de la historia y de la música. Los entresijos del proceso de grabación en los años 20 sirven como marco de una trama marcada por el trauma y el racismo, pero también por el poder negro visible en unos personajes llenos de energía, de matices y de pequeñas y grandes historias que se nos van abriendo mientras mantenemos los ojos pegados a un reparto que casi nos hace dejarles sitio en nuestra sala cada vez que se mueven por la pantalla.




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Texto de David Muiños García | © laCiclotimia.com | 4 abril, 2021
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Texto de David Muiños García
© laCiclotimia.com | 4 abril, 2021

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