Hostiles
| El Oeste no perdona

Christian Bale y Rosamund Pike encabezan el formidable elenco de este cruento drama sobre la violencia en el ocaso de la conquista del Oeste norteamericano. Un gran apartado técnico eleva el film en su complicado paso por una temática tan delicada.

Hacer un wéstern hoy en día conlleva mucho más de lo que parece. No se trata solo de rendir cuentas con uno de los períodos más sangrientos y problemáticos de la historia norteamericana, sino con la propia historia del género. Al fin y al cabo, desde su era dorada en los años cincuenta, el wéstern se fundó como un dispositivo que actualizaba para las audiencias modernas el mito de la excepcionalidad americana, la romantización del héroe individual (exclusivamente masculino) y la revisión de la propia historia sangrienta que conllevó la conquista del Oeste como una épica de pioneros contra salvajes incivilizados. Es comprensible que el grotesco papel que se les dio a los nativos en la reconstrucción fílmica de un período donde se produjo lo que podemos llamar sin cortapisas un genocidio hace que revisitar el género hoy en día sea una tarea tan complicada. El mero hecho de que Scott Cooper se atreva a ello con Hostiles (2017), poniendo en el centro esta compleja historia de violencia, es ya de por sí de admirar.

Christian Bale y Rosamund Pike firman dos de las mejores interpretaciones de sus carreras.

De forma poco casual, el film se ubica en la última década del siglo XIX, en el ocaso de la conquista del Oeste, donde esta cruda historia de asesinato está a punto de terminar pero su peso y presencia aún se siente. Christian Bale interpreta al capitán Joseph Blocker, un veterano del ejército norteamericano que busca retirarse después de una vida demasiado larga en el oficio de la muerte. Pero su última misión será más dura de aceptar de lo que espera, pues esta vez no ha de participar en ninguna guerra ni escaramuza, sino escoltar al agonizante jefe indio Halcón Amarillo (Wes Studi) y a su familia a su tierra natal en Montana. Halcón Amarillo, quien está muriendo de cáncer, lleva años prisionero del ejército por su propio papel, nada inocente, en esta historia de matanza. Teniendo que tragar su odio visceral por el jefe indio, responsable de la matanza de varios de sus compañeros, Blocker encabeza una partida por las praderas hacia el oscuro corazón del continente.

En su accidentado viaje, el grupo se topará con diversos imprevistos, entre ellos con Rosalee Quaid, la única superviviente de una familia recién masacrada por los indios. Entre estas y otras historias, junto con otros personajes que han tenido diversos papeles en esta vida compartida de violencia, Scott Cooper pone en el centro la cruenta y espantosa realidad de la matanza que ocultan los fantásticos paisajes naturales de la Norteamérica profunda, sin pretender establecer un juicio moral acelerado, sino presentarnos con una historia de violencia en la que cada cual, con su culpa, habrá de buscar su redención como pueda. Para algunos, como el veterano sargento interpretado por Rory Cochrane, resultará imposible sobreponerse al peso de la conciencia. Para otros, como el prisionero Ben Foster, buscar el perdón sería una afrenta contra su nación.

Scott Cooper pone en el centro la cruenta y espantosa realidad de la matanza que ocultan los fantásticos paisajes naturales de la Norteamérica profunda, sin pretender establecer un juicio moral acelerado.

El punto de partida de Hostiles es, por tanto, su forma de representar su cruda y problemática temática. El camino por el cual lo logra es su fabuloso apartado técnico, su extraordinaria adaptación a la era y su hechizante fotografía, de mano de Masanobu Takayanagi. Todos estos elementos se combinan para ofrecernos un oscuro wéstern de tonos dramáticos y trágicos, con extraordinarios momentos de tensión y gravedad, y una variedad de arcos de personajes formidablemente bien hilados. En este aspecto brilla un enorme elenco de increíbles actores donde cada invitado se luce mejor que el anterior, en el que se dejan caer Jesse Plemons, Timothée Chalamet, Paul Anderson y el ya mencionado Ben Foster, además de las grandes apariciones de los veteranos Scott Wilson, Peter Mullan y Stephen Lang. Pero no cabe duda de que el gran peso de la trama lo llevan Christian Bale y Rosamund Pike, ambos teniendo que lidiar con personajes sobre los que cae una carga insoslayable de culpa y un pasado de violencia, firmando dos interpretaciones en lo más alto de ambas carreras.

Quizás el problema de Hostiles sea como, después de dos horas de severo drama y violento wéstern, es incapaz de ser enteramente fiel a sus premisas y nos ofrece unos compases finales que se parecen demasiado a la solución fácil y cómoda que la película hasta ahora nos había negado. Si su submarinismo libre en las aguas profundas de la culpa, la redención y la historia de violencia del Oeste nos había presentado con estremecedora evidencia la imposibilidad de finalizar satisfactoriamente una visita constante y laboriosa a una era tan espantosa de la historia cuya clausura siempre parecerá en falso, la realidad es que su final nos parece ofrecer una de esas clausuras imposibles, y una especialmente problemática. Cuando uno medita sobre el destino que corren todos los personajes nativos del film, como el hecho de que la interpretación de Wes Studi sea desgraciadamente la menos destacada por las lentes de la cámara, se da cuenta de lo que podría haber estado en el panteón de los mejores wésterns de los últimos treinta años se queda, sencillamente, en una buena película.

El tropiezo final de Hostiles resulta especialmente desafortunado después de tal espectáculo de maestría técnica, tal abanico de grandes actores y las buenas decisiones de su relato. Pero ello no nos ha de desincentivar de celebrar esta obra como una fantástica muestra del género en nuestra época, quizás no tan grande como podría haberse atrevido a ser, pero cuyos elementos encomiables aún se deja disfrutar. Si bien sus vicios no son pequeños, al menos son pocos, y están ampliamente compensados por sus múltiples y extraordinarias virtudes. Quizás la conclusión final de Hostiles es que la historia del Oeste norteamericano es especialmente difícil de contar y que quizás un formato como el cine está condenado a este estilo de cierres más asimilables para una audiencia más amplia, o sencillamente que en esta historia de violencia el Oeste no perdona, nunca puede perdonar, ni siquiera a Scott Cooper.




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Texto de Pepe Tesoro | © laCiclotimia.com | 17 marzo, 2021
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Texto de Pepe Tesoro
© laCiclotimia.com | 17 marzo, 2021

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