Halloween Kills
| Se acabaron las sutilezas

Esta secuela a cargo una vez más de David Gordon Green sorprende por ser tan visceral y sanguinaria en su planteamiento como aburrida y monótona en su desarrollo, alejándonos del espectáculo gore de Myers para marearnos con tramas baratas de usar y tirar.

Una de las características principales de Michael Myers es que no puede morir. Le hemos visto ser apuñalado, tiroteado, despeñado e incluso incinerado vivo. Pero nada, no hay manera. Asimismo le hemos visto ser capaz de soportar bajo sus hombros la friolera de siete secuelas y dos reinicios (cada uno con sus respectivas continuaciones), pero su cuchillo sigue sin titubear. Con el último reinicio de hace cuatro años, que también tuvo su presencia en el Festival de Sitges, David Gordon Green prometió regresar a la esencia de la saga centrándose exclusivamente en los eventos acontecidos en la primera entrega, que muchos conocen como «la buena». Y esta promesa, en principio poco creíble, fue cogiendo forma y consistencia en cuanto se anunció la participación del mismísimo John Carpenter —aunque fuese a nivel de banda sonora, que no es moco de pavo— y el regreso de Jamie Lee Curtis para retomar su papel de Laurie Strode, la mítica scream queen. El resultado, una película decente en líneas generales, más homenaje que verdadera aportación, y con una mirada corriente pero actual, fue lo suficientemente fructífera para que Gordon Green y la compañía Bloomhouse se planteasen no solo ya hacer secuela, sino directamente una trilogía. Y ante esto, uno tiende a imaginarse al pobre Michael resoplando, abnegado, colocándose una vez más su icónica máscara y pensando «no me pagan lo suficiente».

De todas las opciones posibles y con tanto material de entretenimiento macabro a su disposición, lo que menos se esperaba de la película es que resultase aburrida.

Michael Myers haciendo lo suyo.

Halloween Kills (David Gordon Green, 2021) supone la segunda parte de dicha trilogía y decide retomar la acción justo donde lo dejó su predecesora: con Michael Myers ardiendo en un sótano a manos de las Strode —abuela, madre e hija—, que pensaban haber acabado de una vez por todas con su hombre del saco particular. Ingenuas, una vez más. Si el bueno de Myers ya tenía mala baba per se, ahora está muy cabreado. Y el pueblo de Haddonfield, muy lleno. Hasta ahí bien. Pero parece ser que a David Gordon Green eso no le interesa. Lejos de tratar su cinta como una secuela, es decir, como un relato que cuenta con la ventaja de haber planteado premisas y presentado personajes, se dedica a exponer, desde el minuto uno y sin piedad, nuevas minitramas de cada uno de los habitantes de Haddonfield y con ellas sus respectivos motivos por los que odiar a Michael Myers. Y diríamos que, si este ejercicio sirviera de algo, si sus personajes se desarrollasen correctamente con sus arcos pertenecientes o interviniesen lo mas mínimo en el transcurso de los acontecimientos, pues tampoco estaría mal. Pero eso no pasa. La realidad es que el destino de todos ellos les aguarda en el afilado cuchillo de Michael. Y por eso no nos importan. Aunque pensábamos que se daba por hecho. Que cuando el espectador medio se sienta a ver Halloween lo hace con la intención de disfrutar de una matanza estilizada, descontrolada y sin repercusiones. Y aunque en esta nueva entrega también hay de eso, no deja de verse interrumpida por monigotes —en el sentido literal de la palabra— cuyas líneas de guion, incluidas las de la desafortunada Jamie Lee Curtis, aportan muchísimo menos que los largos silencios de Myers. Y ni qué decir si se comparan con las notas del tema original de Carpenter, única fuerza capaz de insuflar emoción en todo el espectáculo. Desconocemos las expectativas que tenía el gran público sobre esta secuela, pero independientemente de las mismas su resultado sorprende porque de todas las opciones posibles y con tanto material de entretenimiento macabro a su disposición, lo que menos se esperaba de ella es que resultase aburrida. Bestia, sí. Sanguinaria, también. Pero cargante y cortarrollos como ella sola. Y así el pobre Michael no puede trabajar. Tal vez porque se ganó la jubilación hace muchos años. Tal vez porque se le tendría que dejar descansar en paz.


Artículo perteneciente a la serie: SITGES FILM FESTIVAL 2021   



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Texto de Luis Glez. Rosas | © laCiclotimia.com | 13 octubre, 2021
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Texto de Luis Glez. Rosas
© laCiclotimia.com | 13 octubre, 2021

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