Estanislao
| El miedo tiene rostro

El filme mexicano de Alejandro Guzmán aporta una obra idónea para el cine de autor brindando a la audiencia la oportunidad de disfrutar del séptimo arte sin buscar argumentos cerrados, recorriendo los temores del protagonista en una atmósfera onírica.

«Esta película debe verse en pantalla grande», se observa impreso en el primer fotograma del largometraje de Alejandro Guzmán Álvarez. Enunciado que sienta precedente de lo que la audiencia va a experimentar desde ese instante hacia delante y pronostica que es un filme no apto para cualquier tipo de público. En la época actual en la que cualquier producción audiovisual puede ser vista en plataformas digitales, el asistir a una sala de cine a disfrutar en pantalla grande las imágenes se convierte en un placer único. Y con ese primer fotograma el cineasta mexicano deja claro que esta película es para aquella audiencia que quiera deleitarse con una obra artística más allá de la narrativa mainstream. El siguiente detalle que reafirma esta idea es el uso del blanco y negro. Hay muchas películas recientes como Frantz (François Ozon, 2016) o Mank (David Fincher, 2020) que han recurrido de forma acertada al blanco y negro debido a la historia que se contaba y la utilidad de esta práctica para retrotraer y situar a la audiencia en el pasado. No obstante, Estanislao transcurre en el presente, por lo que el uso del blanco y negro se reduce a una elección puramente estética para hacer todavía más atractiva la dirección de fotografía de Alfredo Altamirano así como realzar su halo onírico. Con todo esto y el resultado conseguido, el filme de Guzmán cumple con creces los requisitos para formar parte del festival de cine de autor de Barcelona, D’A Film Festival Barcelona 2021.

Si bien es cierto que la trama está relegada a un segundo plano frente a su magistral tratamiento visual, la guionista Itzel Lara regala una historia de dolor y miedos en plural donde el protagonista Mateo (Raúl Briones) atraviesa corredores, literales y metafóricos para superar todos esos temores. La primera parte del filme se esboza como un reportaje fotográfico donde se dibujan los entresijos del lugar que Mateo tiene que transitar para llegar hasta su madre fallecida y la criatura que lo aterroriza por las noches. Con esta premisa argumental se constituye una obra cinematográfica oscura, pero con altos contrastes y escasa profundidad de campo, que ofrecen como resultado una sucesión de planos donde el escenario cobra protagonismo y envuelve al personaje principal abrumándolo al mismo tiempo que a la audiencia. Un deleite visual donde se despliegan todos los recursos técnicos que brinda el séptimo arte para constituir una obra artística genuina a la vez que sobrecogedora que, tal y como se avisa desde el inicio, se aprecia mucho mejor en pantalla grande.

Una película en la que el suspense deja paso a lo surrealista y terrorífico de lo introspectivo, del viaje tan temido hacia el interior.

El objetivo de Alejandro Guzmán supera la simpleza de transmitir un mensaje cerrado y va más allá teniendo como pilar fundamental la filosofía. Aunque el núcleo argumental es el fallecimiento de la madre, esta no se aborda desde lo divino o espiritual como se ha hecho en otras películas donde se representa la tradición cultural en torno a la muerte en México, sino que se hace con pinceladas de referentes como Sigmund Freud y el inconsciente: «Es el círculo más grande que incluye dentro de sí el círculo más pequeño del consciente; todo consciente tiene su paso preliminar en el inconsciente, mientras que el inconsciente puede detenerse con este paso y todavía reclamar el pleno valor como actividad psíquica» afirmaba Freud. Otro de los aspectos que recuerda al trabajo del filósofo y el psicoanálisis es la ausencia de la figura de la mujer y el halo de suspense que lo rodea, recordando al complejo de Edipo y a uno de los mayores referentes en dicha representación cinematográfica como es Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960). No obstante, en la película del cineasta mexicano el suspense deja paso a lo surrealista y terrorífico de lo introspectivo, del viaje tan temido hacia el interior. Algo que es representado de forma brillante a través de los recursos cinematográficos, siendo esta una de sus mayores virtudes. Un filme donde la audiencia no va a encontrar respuestas, o mensajes nítidos, sino fragmentos e imágenes surrealistas que desafían la capacidad del público de ir más allá de lo que se ve, superando los límites que establece lo normativo y dejándose absorber por las luces y sombras de Estanislao.


Artículo perteneciente a la serie: D'A FILM FESTIVAL 2021   



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Texto de Sofía Otero Escudero | © laCiclotimia.com | 10 mayo, 2021
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Texto de Sofía Otero Escudero
© laCiclotimia.com | 10 mayo, 2021

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