Especiales
| Cuidar al cuidador

Toledano y Nakache estrenaron en cines el pasado año este singular filme social, que nos cuenta momentos que en realidad rehuimos: la parte más fea del ser humano, aquella de la que solo hablar sirve apenas para levantar la vista y mirar hacia otro lado.

Existen temas delicados de tratar en la gran o pequeña pantalla. Uno de estos temas que a rebufo de conceptos de moda como la sostenibilidad e inclusividad es el de la discapacidad intelectual, hasta el punto de que desde que John Cassavettes filmase Ángeles sin paraíso en 1963, el cine como arma de propaganda ha querido, a veces también sin éxito, introducirse en las posiciones de estas personas, no siempre tan tiernas y adocenadas como podríamos llegar a pensar. Todo esto ha hecho que una cierta alegría en los presupuestos gubernamentales o propios de ONGDs nos hayan prometido las cosas más esperanzadoras de lo que realmente eran en un principio.

Ya en nuestro país, Javier Fesser hizo su particular agosto con Campeones (2018), una película que, si bien fue récord de taquilla y premiada por su perspicacia y respeto a alguna que otra comunidad de este tipo, quiso innovar demasiado introduciendo en según qué partes del metraje músicas y escenas invasivas para el espectador común y corriente, que a poco que conociera siquiera de oídas el tema, conseguiría una irreal identificación con estas personas.

Si cruzamos la frontera a Francia, las cosas cambian y los conflictos de este tipo de personas y de sus cuidadores tienden a verse con mayor realismo, mostrándonos no solo esa ternura escapista tan de Steven Spielberg (tampoco sabemos si el genio estadounidense hubiera tenido los reaños de dirigir el filme de Fesser), sino algunos de los problemas de conducta que presentan, también en la realidad. 

Especiales es una película sencilla y veraz, lo que ya es decir mucho sobre estos colectivos olvidados de la mano de Dios.

Existe una película francesa del año 2000 titulada Nacional 7 (Jean-Pierre Sinapi) que, al principio de esta ola de buenismo en estos sectores de servicios sociales, convulsionó el cine francés con el personaje de un enfermo irascible e iracundo que necesita hacer el amor con una mujer; en el centro donde vive, una cuidadora consigue que una prostituta le satisfaga; su humor cambia para sorpresa de los compañeros de centro. Con esta premisa argumental, Jean-Pierre Sinapi filmó una película veraz sobre este colectivo, y lo hizo de la mano en el guion de Anne-Marie Catois y con Olivier Gourmet y Nadia Kaci entre otros intérpretes en el reparto (la mayor parte de ellos no profesionales).

Ha llovido mucho desde entonces, pero sin duda el cine galo sabe cómo ser especialmente crítico y sensible con estos temas, que tienden a simplificarse tan fácilmente en el nuestro. Especiales (Olivier Nakache, Eric Toledano, 2019) es una película sencilla y veraz, lo que ya es decir mucho sobre estos colectivos olvidados de la mano de Dios. Si en Nacional 7 los cuidadores eran psicólogos, trabajadores sociales y voluntarios, casi veinte años más tarde, solo quedan estos últimos y unos profesionales médicos con los que Olivier Nakache y Eric Toledano juegan a confundir a uno de los personajes y a sí mismos (antes que al espectador) ante uno de los visitantes a la por todos temida y angosta en pasillos residencia u hogar del que los usuarios se escapan, autolesionan y viven momentos no menos violentos. Y es que si algo cambia tristemente en Especiales es que se recurre para cuidar de ellos, a gente problemática, capaz según las altas instancias, de hacerse cargo de situaciones parecidas a las suyas propias.

Coordinando estas actividades Vincent Cassel, que interpreta a Bruno Haroche, un judío buscavidas que nos regala una interpretación contenida que estalla al final ante los inspectores de IGAS Frederich Pierrot (estupendo en su papel) y Suliame Brahim. Y Reda Katev, que interpreta a Malik, un musulmán capaz de decir las verdades del barquero al cuidador de un joven autista, que es confundido por una facultativa con un enfermo del lugar. Esta ultima situación, siendo arquetípica ya en este tipo de películas, logra credibilidad gracias a que el chico es una persona de pocas palabras. Tanto Bruno como Malik son entrenadores bragados en este tipo de problemas cuya condición religiosa es solo un matiz dentro de su enorme proactividad.

Es una película triste, como triste y ya antes de la presente pandemia estaba siendo la vida de estas personas afectadas, y con ella se cierra el círculo abierto por Cassavettes en 1963. Concebida al igual que Nacional 7 como comedia dramática resulta ser una película al menos áspera de ver; tal vez el hecho de no empatizar universalmente o del todo con sus personajes, debería ponernos más alerta con nosotros mismos, pero esto es solo una elucubración…




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Texto de Daniel González Irala | © laCiclotimia.com | 28 noviembre, 2020
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Texto de Daniel González Irala
© laCiclotimia.com | 28 noviembre, 2020

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