El secreto de Marrowbone
| Cuando tres son multitud

España, 2017 | Dirección: Sergio G. Sánchez | Título original: El secreto de Marrowbone | Género: Terror, Thriller, Drama | Productora: Telecinco Cinema, Lions Gate International | Guion: Sergio G. Sánchez | Fotografía: Xavi Giménez | Edición: Elena Ruiz | Música: Fernando Velázquez | Reparto: George MacKay, Mia Goth, Charlie Heaton, Anya Taylor-Joy, Matthew Stagg, Kyle Soller, Nicola Harrison, Tom Fisher | Duración: 109 minutos | | Disponible en:  Netflix  Amazon Prime Video   | Comprar Blu-ray | Comprar DVD

España, 2017 | Dirección: Sergio G. Sánchez | Título original: El secreto de Marrowbone | Género: Terror, Thriller, Drama | Productora: Telecinco Cinema, Lions Gate International | Guion: Sergio G. Sánchez | Fotografía: Xavi Giménez | Edición: Elena Ruiz | Música: Fernando Velázquez | Reparto: George MacKay, Mia Goth, Charlie Heaton, Anya Taylor-Joy, Matthew Stagg, Kyle Soller, Nicola Harrison, Tom Fisher | Duración: 109 minutos | | Comprar Blu-ray | Comprar DVD

Cuatro hermanos huyen con su madre hacia Norteamérica. Con la esperanza de dejar atrás una perturbadora historia, se cobijan en una casa que sacará sus más oscuros e íntimos secretos. Un relato familiar lleno de intriga y ternura a partes iguales.

La sangre condiciona pasado, presente y futuro. Los lazos familiares bien entienden de ello, de cómo sobrellevar las cargas, de hacerlas ligeras sin restarles importancia y, sobre todo, de mantenerse unidos. Esa es la promesa máxima: todos han de permanecer juntos. El secreto de Marrowbone (Sergio G. Sánchez, 2017) no es una historia de miedo, ni terror. Tampoco tiene gore ni escenas paranormales, simplemente relata la vivencia de unos jóvenes demasiado niños para entender la muerte y la destrucción que el ser humano demasiadas veces ejerce contra los suyos.

Lejos de parientes cercanos que se ocupen de ellos, ante el temor de ser separados por las autoridades, Jack, Billy, Jane y Sam son cuatro huérfanos que viven en una gran casa solitaria en medio del bosque. Jack (George MacKay) es el mayor y como tal, responsable y cabeza de familia. Su papel de líder entronca con el atrevimiento no siempre sensato de Billy (Charlie Heaton), el hermano mediano. Luego está Jane (Mia Goth), que aporta este toque femenino y de decoro que todo hogar debe tener. El orden infantil también pide jugar y es el pequeño Sam (Matthew Stagg) quien mejor representa toda esa fragilidad e inocencia tan propia de su edad. Asimismo, en toda historia de fantasía, sueño o enajenación es necesario un nexo de unión con la realidad. En este caso, el rol se materializa en Allie (Anya Taylor-Joy) al encarnar la madurez, comprensión y calidez hecha mujer.

Anya Taylor-Joy destaca en el papel de Allie.

La amenaza del pasado es constante. Les persiguen los pecados de su padre. No hay cobijo alguno para el temor de unos hijos, salvo la interconexión que existe entre ellos. Uno tiene aquello de lo que el otro carece, y su presencia refuerza la anterior. La mentira es necesaria para sobrevivir. La complicidad de la casa ayuda a mantener los momentos de tensión al alimentar también la incertidumbre de no saber muy bien qué monstruo está detrás del muro. Da la sensación de que las paredes intentan comunicarse, aportarle algo de información al espectador, alguna nota de algo que aún no se ha explicado: un avance de un fantasma real, de algo vivo que ni muerto descansa. Todo un desasosiego constante… un eterno martirio parental.

El montaje y la rapidez de determinadas escenas permiten sentir en la distancia sin que necesariamente el espectador se inmiscuya del todo en la trama.

Sin embargo, ésta no es una historia de fantasmas. Es un drama familiar cuyo montaje da lugar a interpretaciones varias. La idea del director ovetense no era replicar Los otros (Alejandro Amenábar, 2001), como tampoco ahondar en la influencia que las casas tienen sobre sus inquilinos, como ocurre en la primera temporada de American Horror Story: La casa del crimen (Ryan Murphy, Brad Falchuk, 2011) o en la más reciente La maldición de Hill House (Mike Flanagan, 2018).

En su ópera prima, Sergio G. Sánchez quería exhibir emoción, no terror. Como él mismo declara, «hay emociones que dan miedo, pero no por ello son terroríficas». Y nada mejor que el paraíso natural de Asturias para representar la década de los sesenta en la Norteamérica de ficción, donde los planos corresponden al caserón del Valle de Arango en Pravia, a la fábrica de armas de Trubia (en concreto: la escuela de aprendices, las calles y las naves de La Vega), la playa de Frejulfe de Navia y algunos exteriores de Oviedo y los platós del Parc Audiovisual de Catalunya en Terrassa (Barcelona).

No es terror, es emoción.

Tras diez semanas de preparación y otras diez de rodaje, el guionista con el Goya a mejor guion original por El orfanato (J.A. Bayona, 2007) y nominación en la misma categoría por Lo imposible (J.A. Bayona, 2012), compara su primer largometraje como director —en el que ahora Bayona es productor ejecutivo— con una matrioshka, una muñeca rusa que contiene «un hogar dentro del hogar» en el que la amenaza y el refugio se intercalan a la perfección.

El montaje y la rapidez de determinadas escenas permiten sentir en la distancia sin que necesariamente el espectador se inmiscuya del todo en la trama. No se es cómplice de lo que ocurre, sino un mero observador que va sintiendo poco a poco la angustia provocada por el devenir de los acontecimientos. Dice El Principito (Antoine de Saint-Exupéry, 1943) que «lo esencial es invisible a los ojos», y para eso hay que cuidar mucho los detalles. Hay que hilar muy fino para que no se diga aquello que no se ve, y para no se vea todo aquello que se dice, o dicen. Solo un truco, todo gira en torno a Jack




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Texto de Bárbara Fernández Mastache | © laCiclotimia.com | 14 noviembre, 2020
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Texto de Bárbara Fernández Mastache
© laCiclotimia.com | 14 noviembre, 2020

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