El rey del barrio
| Elegía a la juventud millennial

Pete Davidson protagoniza esta tragicomedia sobre la madurez, la paternidad y la búsqueda de la motivación y la conexión humana. Aunque deja pasar la oportunidad de conectar con problemas más importantes, acaba por ser refrescante, humana y muy divertida.

Es posible que El rey del barrio (Judd Apatow, 2020) sea una película más importante de lo que queramos pensar, para bien o para mal. La realidad es que, aunque hay ciertas historias que nos gusta volver a escuchar una y otra vez, cuando se vuelve a contar un relato que ya hemos visto representado decenas de veces, solo se podrá hacer más interesante si se asegura de hablar e intervenir directamente en los detalles que lo hacen oportuno para nuestro tiempo, es decir, si se actualiza. La historia de El rey del barrio es tan antigua como queramos imaginarnos, pues los temas como la paternidad y el tránsito accidentado de la adolescencia a la madurez han estado ahí en diversas épocas y contextos. Pero teniendo en cuenta el escenario de precariedad y desesperación particular de la juventud de nuestros tiempos, recae sobre el filme la difícil tarea de decirnos algo interesante al respecto, una tarea que cumple de forma desigual.

El rey del barrio se centra en la vida de Scott (Pete Davidson), joven de veinticuatro años estancado que vive en casa de su madre, fumando marihuana constantemente y haciendo tatuajes un tanto defectuosos, incapaz de relacionarse adecuadamente con su entorno y atrapado por el trauma de la pérdida de su padre, un bombero que murió en un incendio cuando era niño. Adaptando ciertos aspectos de su vida personal en un guion del que comparte autoría, el humorista Pete Davidson se atreve a hacerse con un papel dramático de forma similar a Andy Samberg, compañero de sketches en SNL, con la reciente Palm Springs (Max Barbakow, 2020). Para ello cuenta con la ayuda en el guion y con la dirección de Judd Apatow, que realiza un giro similar de la comedia al drama. Apatow es uno de esos nombres esenciales detrás de las cámaras de buena parte de las comedias comerciales norteamericanas recientes, habiendo dirigido Virgen a los 40 (2005) y Lío embarazoso (2007), y teniendo incontables créditos como productor, entre los que se incluyen Superfumados (Pineapple Express) (David Gordon Green, 2008) y Supersalidos (Greg Mottola, 2007).

Bel Powley, la gran sorpresa de la película, interpreta a Kelsey, el interés romántico de Scott.

Pero lo curioso de El rey del barrio, y sin duda una de sus cualidades más encomiables, es que es consistentemente graciosa. Sin parapetarse de forma fácil tras la ironía al enfrentarse a los temas difíciles que trata, sus chistes sin embargo funcionan y su buen sentido cómico aporta ternura y empatía hacia los personajes. Estos son seguramente uno de los puntos más fuertes de la película, pues a parte de beneficiarse de un guion escrito con cuidado y respeto a la idiosincrasia de cada uno, un conjunto de excelentes interpretaciones elevarán la humanidad y la emotividad del film. Sin duda estamos hablando de Pete Davidson, que no se esconde de los aspectos más problemáticos de su personaje, y también de las fantásticas actuaciones de Marisa Tomei, Bill Burr e incluso Steve Buscemi. Pero cabe una mención especial a la sorprendente y refrescante intervención de Bel Powley como Kelsey, la «pareja» de Scott.

Con su consistente sentido del humor, la lograda humanidad de sus personajes y un mensaje que, si se queda corto, no resulta por ello defectuoso ni contraproducente, El rey del barrio logra lo que se propone y aporta algo de originalidad y frescura.

En estos aspectos y en muchos otros, El rey del barrio es una película redonda y que logra lo que se propone con creces. Pero volviendo al problema que planteábamos en un principio, es imposible no entender el film como propio de un contexto histórico y social específico y la realidad es que, por muy buenas que sean sus intenciones, poco o nada tiene que decir sobre el cúmulo de problemas y tensiones que son específicos de la juventud de las primeras décadas de siglo XXI. Son muchas las oportunidades que tiene de ello, pero no logra conectar satisfactoriamente con ningún problema social relevante, aunque cabe preguntarse por qué debería hacerlo. La cuestión radica en que, frente a un problema de profundas raíces materiales y económicas, como es la precariedad y el estancamiento vital de la juventud hoy en día, sería realmente desafortunado si la película lo enmarcara en una mera cuestión de voluntad o de problemas familiares, como si el problema de los millennials fuera el vacío de autoridad de un padre ausente o la falta de motivación porque fuman porros y juegan a la consola.

Pete Davidson y Bill Burr desprenden una sorprendente química en la difícil relación de Scott y su nuevo padrastro.

Por desgracia, El rey del barrio no tiene nada muy interesante que decir al respecto. Por suerte, tampoco recae en ese moralismo insufrible que hemos descrito. Su mensaje final resulta optimista sin ser ingenuo, tierno sin ser meloso, confiando en la mejora de sus personajes sin imponerles expectativas irreales ni hacernos creer que son perfectos. Al final, sus grandes interpretaciones y su sólido guion, que logra un complicado equilibrio entre el drama y la comedia, logran la extraordinaria tarea, teniendo en cuenta la acelerada economía de la atención hoy en día, de mantenerse fresca y entretenida en sus dos horas y cuarto de duración.

En definitiva, si bien no logra encuadrar su mensaje en un comentario social más general, necesario hoy en día más que nunca, es perfectamente aceptable asumir que no necesita hacerlo. Si El rey del barrio es todo lo que una generación puede decir, al menos en el cine comercial, sobre la compleja situación de la juventud y el accidentado paso de los millennials a la vida adulta, será la representación de un fracaso. Pero la realidad es que eso no la hace una mala película. Con su consistente sentido del humor, la lograda humanidad de sus personajes y un mensaje que, si se queda corto, no resulta por ello defectuoso ni contraproducente, El rey del barrio logra lo que se propone y aporta algo de originalidad y frescura. Aunque esto solo sea echarse unas buenas risas.




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Texto de Pepe Tesoro | © laCiclotimia.com | 22 febrero, 2021
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Texto de Pepe Tesoro
© laCiclotimia.com | 22 febrero, 2021

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