El pueblo de los malditos
| Los niños de otro mundo

John Carpenter se pone a los mandos del remake del clásico de 1960, que desgraciadamente flaquea en comparación tanto con la original como con otras películas del director, pero que sigue siendo una sólida producción de género con lo justo de innovadora.

A pesar de su influencia trascendental en la historia del género, son pocos los directores que se han atrevido a hacer un remake directo de algún clásico de ciencia ficción de mitad de siglo. Las únicas excepciones notables parecen ser Philip Kaufman con La invasión de los ultracuerpos (1978), Tobe Hooper con Invasores de Marte (1986) y, por supuesto, John Carpenter con La cosa (El enigma de otro mundo) (1982), una adaptación libre del clásico de 1951, donde las licencias que se toma el director son equivalentes al grado de éxito y excelencia de su visión, que resultó en un nuevo clásico inmortal del género y uno de los hitos de su carrera. No es por tanto de extrañar que Carpenter tuviera el coraje de hacerse cargo de otra adaptación de un clásico de la era dorada de la ciencia ficción, esta vez de la pequeña y siniestra producción británica El pueblo de los malditos (Wolf Rilla, 1960), basada a su vez en una novela de John Wyndham. La tarea de actualizar una historia enraizada en la paranoia atómica de la Guerra Fría empuja a Carpenter a tomar varias decisiones un tanto atrevidas para mantener la sensación de terror y el equilibrio en la trama para nuevas audiencias y sensibilidades. Muchas de esas decisiones van en la dirección adecuada; muchas otras, desgraciadamente, no tanto.

El primer cambio importante consiste en cambiar la localización de Midwich, el pueblo donde ocurren los extraordinarios sucesos de la película, de la Inglaterra rural a la costa de California. La trama aquí es prácticamente un clásico por sí misma: un día todos los habitantes de Midwich se desmayan al mismo tiempo, pasando varias horas todos dormidos hasta que despiertan a la vez. Poco después empieza a quedar claro que varias mujeres han quedado embarazas de forma misteriosa. Nueve meses después, nace una generación de niños un tanto diferentes. A medida que los niños crecen empiezan a desarrollar una serie de cualidades y actitudes inquietantes que hace dudar a la comunidad de Midwich de su naturaleza y procedencia. De esta forma estamos ante un thriller de terror centrado en la tensión de un pueblo asustadizo y una amenaza que está creciendo en su interior, cuya verdadero peligro y alcance son imposibles de determinar. Al igual que la mayoría de las producciones de ciencia ficción de su época, la película original expresaba las crecientes ansiedades de posguerra en torno a las fuertes transformaciones sociales y al poder desatado de la bomba atómica, centrado en concreto en la figura del niño el temor a que la humanidad futura (literalmente, nuestros hijos) de lugar a una nueva e irreconocible especie.

Christopher Reeve es el encargado de dar vida a nuestro protagonista, el Dr. Alan Chaffee.

El problema de la adaptación de Carpenter no es necesariamente que estas ansiedades no se hayan traducido fácilmente a los años noventa. Ciertamente, el miedo ante la rebeldía o a una deriva no deseada de la juventud es una emoción fácilmente traducible a diferentes contextos, y a finales de siglo existía una importante desconfianza en torno a la vulnerabilidad de los más jóvenes ante la creciente delincuencia y a las conspiraciones de un sistema de gobierno y económico cada vez más complejo. Ni siquiera puede achacarse sus fracasos a buena parte de las innovaciones que Carpenter propone. Para empezar, su decisión de hacer del villano principal no a David (quien ocupaba ese lugar en la adaptación original) sino a una niña, Mara, resulta particularmente acertado gracias a la interpretación de la joven. El problema es precisamente que la película no le da la suficiente centralidad, y sin embargo dirige su interés en una nueva trama para David, donde ni el pobre actor ni su supuesta nueva sensibilidad emocional adquirida resultan convincentes. El grupo de niños en general acaba siendo particularmente emblemático de la suerte general de la película: elevados en ciertos momentos grandiosos por algunas exitosas innovaciones de Carpenter, como algunas modificaciones a sus poderes, y por lo general empequeñecidos por más de un tropiezo, como unas pelucas a las que claramente les sentaba mejor el blanco y negro.

Una entrada un tanto curiosa en la filmografía de John Carpenter, donde su fino conocimiento y gran sentido del homenaje de la historia del cine de género no juegan a su favor.

En definitiva, El pueblo de los malditos es una sólida y disfrutable película de género. Sus interpretaciones, con Christopher Reeve a la cabeza, están por lo general a la altura. Incluso hay alguna sorpresa agradable, como un Mark Hamill como el párroco del pueblo. Las escenas en las que los niños demuestran sus poderes, si bien no encuadradas con la sutileza que parecería necesaria, resultan especialmente efectivas para inducir terror y envolver en un velo de sospecha la naturaleza real de los niños, que aquí finalmente es revelada con más detalle que en la versión original, de forma particularmente original. Por supuesto, tendremos también otro ejemplo del formidable talento de Carpenter al mando de la banda sonora de sus películas. El problema es que tenemos poco más que nos recuerde por qué queremos tanto al director y la película, aún siendo perfectamente decente, sencillamente no está a la altura de algunas de sus producciones más exitosas y populares. El pueblo de los malditos acaba siendo una entrada un tanto curiosa en su filmografía, donde su fino conocimiento y gran sentido del homenaje de la historia del cine de género no juegan a su favor, donde parece preso de algunos hábitos perezosos de la década, y donde no encuentra el suficiente espacio en la historia original para mostrar su estilo y su genio creativo. Al final, la simplicidad y el tono cruento y siniestro de la película original juegan en su contra, haciendo ver que un director como Carpenter, al que se le dan bien los excesos y las sorpresas, no congenia demasiado bien con la tonalidad turbia y sórdida de la historia original.

Los detalles que Carpenter añade a los poderes de los niños son un ejemplo de sus aciertos al innovar sobre la película original.

De forma evidente en una película así, la clave para su disfrute serán las expectativas. Si uno espera los destellos de genialidad de Carpenter a los que nos tiene acostumbrados, los encontrará demasiado dispersos por el metraje. Incluso al llegar las escenas finales del film, donde se elevan las apuestas y vuelan las balas por el aire, que nos regalan unas secuencias de acción especialmente buenas, será tarde para levantar un guion que se ha arrastrado y entretenido demasiado con subtramas poco interesantes y personajes planos. Quien busque un par de sustos y algo de misterio, encontrará aquí una historia similar a un buen capítulo de Expediente X o una sólida producción de serie B. Pero sin demasiado carisma en su elenco, y sin las licencias salvajes de la serie B, la película tendrá que hacer soberanos esfuerzos para mantener nuestra atención, y exceptuando un par de momentos memorables, fracasará casi por completo.

El pueblo de los malditos sufre la maldición particular de, al estar unida al nombre de su director, contar con la triste carga de ser, definitivamente, una de las peores películas de John Carpenter, sin ser en sí nada mala. A parte de sufrir en comparación con la original, la película carece de la innovación y del estilo a la que el director nos tiene acostumbrados, y aunque brilla en no pocos momentos de genuino terror e imaginaría psicodélica, no resultan suficientes para tapar los agujeros de una trama que no es incoherente, pero sí poco interesante, y en cierto extremo directamente aburrida. Y aunque la mayoría de los actores adultos hacen todo lo que pueden para saltar por encima de los tropiezos en el tono y el ritmo de la trama, el elenco de niños resulta un tanto irregular, especialmente en la medida en la que la película centra su atención más en sus debilidades que en sus fortalezas. Es posible que los fanáticos del cine de género o los completistas de John Carpenter no tengan ningún problema especial con la película, incluso puede prestarse a un visionado un tanto desinteresado si se busca un thiller de terror no demasiado explícito pero con unas premisas suficientemente inquietantes, si tampoco se tienen demasiadas ganas de acercarse al film original. Pero contando con una versión antigua tan evidentemente superior, y tantos ejemplos mejores en la filmografía de su director, El pueblo de los malditos no será muchas veces la mejor opción, condenada a ser sencillamente decente.


Artículo perteneciente a la serie: CICLO JOHN CARPENTER   



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Texto de Pepe Tesoro | © laCiclotimia.com | 23 mayo, 2021
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Texto de Pepe Tesoro
© laCiclotimia.com | 23 mayo, 2021

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