El practicante
| Mario Casas, la estrella patria

España, 2020 | Dirección: Carles Torras | Título original: El practicante | Género: Thriller | Productora: Netflix, Babieka, Zabriskie Films | Guion: David Desola, Hèctor Hernández Vicens, Carles Torras | Fotografía: Juan Sebastián Vasquez | Edición: Elena Ruiz, Emanuele Tiziani | Reparto: Mario Casas, Déborah François, Celso Bugallo, Raúl Jiménez, Pol Monen, Guillermo Pfening, Maria Rodríguez Soto, Gerard Oms | Duración: 94 minutos | | Disponible en:  Netflix  

España, 2020 | Dirección: Carles Torras | Título original: El practicante | Género: Thriller | Productora: Netflix, Babieka, Zabriskie Films | Guion: David Desola, Hèctor Hernández Vicens, Carles Torras | Fotografía: Juan Sebastián Vasquez | Edición: Elena Ruiz, Emanuele Tiziani | Reparto: Mario Casas, Déborah François, Celso Bugallo, Raúl Jiménez, Pol Monen, Guillermo Pfening, Maria Rodríguez Soto, Gerard Oms | Duración: 94 minutos |

Mario Casas interpreta a un hombre atormentado que, tras un accidente en la ambulancia en la que trabaja, queda invalido en una silla de ruedas. Eso despertará a sus demonios internos que le llevarán a la perversión y crueldad más extrema.

La era de las estrellas de cine ya pasó. Ya no hablamos de «ir a ver la nueva de Tom Holland» o «qué bien la última de Anna Castillo». No surgen esas figuras que arrastran a las masas a las salas de cine para disfrutar de su nueva obra, sea cuál sea el argumento o el director. Ya no se hacen películas como The Tourist (Florian Henckel von Donnersmarck, 2010), un auténtico delirio que solamente se sostiene por el star quality de Angelina Jolie, que a pesar de solo tener 10 años, parece ya una formula antigua. En el cine actual donde las franquicias son lo importante —o figuras como Christopher Nolan, el director más famoso desde Hitchcock—, los actores son como fichas del parchís, tan intercambiables entre sí que muy pocos dejan huella —Chris Evans puede ser un muy buen Capitán América, con muchos fans a sus espaldas, pero eso no quita que cualquier otra película protagonizada por él no sea un total y auténtico fracaso—.  Existen todavía algunas excepciones que nos recuerdan a la época dorada del cine: Jennifer Lawrence se volvió en toda una superestrella cuando se convirtió en la Katniss Everdeen de la trilogía de Los juegos del hambre (2012), a pesar de que años más tarde tuvo que saborear el fracaso con madre! (Darren Aronofski, 2017) o Gorrión rojo (Francis Lawrence, 2018). El protagonista de la película de la que vamos a hablar hoy podría suponer una de las últimas grandes estrellas del panorama del cine español: Mario Casas. Y en el viaje personal de autoafirmarse como gran actor más allá del estatus de celebrity, nos presenta El practicante (Carles Torras, 2020), una película en la que encarna a un sociópata con muchos demonios internos.

El practicante nos muestra a un Mario Casas diferente a lo que estamos acostumbrados.

Ángel trabaja como técnico de emergencias en una ambulancia, y está intentando tener un bebe con su pareja Vanesa. Controlador y obsesionado porque su novia no puede quedarse embarazada, un accidente en la ambulancia le deja en silla de ruedas, despertando todas sus inseguridades y miedos. El tormento de la invalidez lleva a Ángel a perder toda confianza en Vanesa y a entrar en una espiral de obsesiones que despertará la cara más cruel de nuestro protagonista.

El filme es una buena muestra del gran trabajo físico que puede llegar a realizar Mario Casas, no solo a nivel de cambio de peso, sino en la forma de utilizar su cuerpo como herramienta interpretativa.

En general, El practicante es un «quiero y no puedo». Es una obra que ya hemos visto otras veces y de mejor manera, quiere tocar muchos palos y ser muchas películas distintas, y acaba siendo un batiburrillo disperso y superficial que no consigue lo que busca: ser un retrato de un personaje desquiciado por la sociedad. La dirección de Carles Torras —director catalán varias veces nominado a los premios Gaudí por sus obras anteriores Open24h (2011) y Callback (2016)— es bastante efectiva, y construye un thriller psicológico estéticamente solvente, a pesar de que una fotografía más «sucia» y no tan hiperrealista hubiera encajado mejor en el tipo de historia que quiere contar. El gran problema de El practicante está en su guion y en su  construcción de personajes, porque por mucha distancia afectiva que pueda haber en una pareja, la que forman Mario Casas y la actriz belga Déborah François no es creíble, no se percibe ningún tipo de vínculo real entre ellos, y cuando la base de la película falla, ya nada funciona. No hay ningún resquicio, ninguna mínima escena —más allá del bochornoso momento de la ducha tras el accidente, para intentar dejar claro el drama que va a venir después— que nos haga sentir que eso es una pareja consolidada.

Mario Casas y Déborah François forman una pareja poco convincente.

Los grandes defensores de la película dirán que es otra muestra de lo buen actor que es Mario Casas, y estoy de acuerdo, pero en parte. Hay que ser muy ciego e inconsciente para decir que Casas es mal intérprete, pero compararle con Christian Bale es casi una osadía. El practicante es una buena muestra del gran trabajo físico que puede llegar a realizar el actor, no solo a nivel de cambio de peso, sino en la forma de utilizar su cuerpo como herramienta interpretativa. Sin embargo, aquí le falta naturalidad, y a veces los gestos parecen un tanto impostados, demostrando que es un buen actor pero si está bien dirigido, y este no es del todo el caso. Eso sí, hay algo que no se le puede negar: Mario Casas es el que consigue que El practicante no se hunda. Su estatus de estrella permite que la película no vaya a la deriva, pero también le ocurre algo parecido a lo que le pasa a Brad Pitt: por muy feo o mundano que lo intenten disfrazar, nunca se puede esconder que es Mario Casas actuando, y eso es una pena. Y otra vez, el guion no nos ayuda a conectar de alguna manera con los objetivos o traumas de su personaje, no sabemos qué es lo que le mueve. El despecho por el abandono de su pareja, la incapacidad de tener hijos, la discapacidad… son tantos los problemas que afronta Ángel que el resultado queda desdibujado.

Mario Casas construye un personaje perverso y sin escrúpulos.

«Cuando trabajas tanto con el físico es cierto que pierdes la noción en muchas cosas. Tu cabeza te engaña. Pero tienes que aprender a vivir con ello»Mario Casas

Todo esto, junto al tono melodramático de la película, hacen que El practicante parezca un telefilm de tarde protagonizado por una gran estrella. Y mira que en España se hacen buenos thrillers, con incluso gran éxito en el extranjero —ahí tenemos el caso de Contratiempo (Oriol Paulo, 2016), que aquí recibió críticas por todos lados por sus giros de guion, que a pesar de que hagan que la película sea menos creíble, vuelven su visionado una experiencia excitante—, pero este parece que va a ser otro producto más de Netflix que se va a quedar amontonado en su interminable catálogo. Lo mejor, ese esfuerzo de Mario Casas de desarrollar un personaje memorable e inquietante a pesar de que el material de base no ayude y el resultado final no sea del todo redondo. Lo peor, ese final sin ningún tipo de sentido, como si fuese una serie de televisión que busca desesperadamente un cliffhanger en su último capítulo de temporada. Les gustará a los que buscan algo fácil de ver un domingo por la tarde, porque en el fondo es un thriller que se deja ver, pero la sensación final es de decepción.




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Texto de Mikel Viles | © laCiclotimia.com | 19 septiembre, 2020
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Texto de Mikel Viles
© laCiclotimia.com | 19 septiembre, 2020

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