El crack (I, II y Cero)
| Cine negro americano en clave castiza

Las películas de la serie «El crack» dejan ese aroma añejo del cine negro norteamericano más clásico. Repasamos la trilogía de José Luis Garci que homenajea a grandes de la literatura como Dashiell Hammett, Raymond Chandler o James M. Cain.

En tres películas, José Luis Garci ha sabido hacerse digno heredero de toda una época como fueron los años 30 y 40 del pasado siglo no solo en cine, sino también —y desde sus fuentes primigenias— de la literatura. Cada una de las películas de la hasta hoy trilogía El crack está envuelta, desde la primera, estrenada en 1981 hasta la proyectada el año pasado en cines, de diferentes sentimientos definidos por los casos que el detective privado Germán Areta debe descubrir, un personaje de esos redondos del que sabemos que pasó su juventud en la Facultad de Derecho, metiéndose más tarde a policía, cuerpo del que se tuvo que salir por discrepancias con sus superiores. Inteligente, duro y sagaz, el trabajo que desarrolla tan solo es un medio que le permite malvivir y conocer mejor esa calle llena de agujeros negros sociales, entre los que trata de desenvolverse gracias a amigos que le invitan a jugar al mus, a campeonatos de boxeo casi clandestinos que le recuerdan la mítica victoria de Rocky Marciano en el Madison Square Garden, o que le cuentan jugadas de fútbol, como el también logrado gol de Zarra en su día, delantero mítico del Athletic de Bilbao.

Acompañado de múltiples personajes del propio lumpen entre los que destacan Cárdenas «El Moro» (Miguel Rellán en El crack y El crack Dos y Miguel Ángel Muñoz en El crack Cero) y Don Ricardo o El Abuelo (interpretado asimismo por José Bódalo en las de color, y Pedro Casablanc en la ambientada en blanco y negro años antes, pero curiosamente producida otros tantos más tarde) por ser los únicos personajes comunes, junto con Areta (Alfredo Landa y Carlos Santos, respectivamente) a las tres películas de largometraje de dos horas de duración cada una.

Podríamos decir por tanto que en el título de los filmes está el secreto: dos películas de 1981 y 1983 que suceden posteriormente en su contexto después de otra filmada en 2019, pero ambientada en las postrimerías de la muerte del dictador Francisco Franco en 1975, lo que convierte a esta última en un ejercicio de nostalgia neo-noir en que ni siquiera físicamente Areta es el mismo actor. A pesar de todo, la atemporalidad del guion escrito en los tres casos por su director junto a Horacio Valcárcel (en las de 1981 y 1983) y Javier Muñoz (en el caso El crack Cero) hace que salvo a nivel de producción, la serie El crack sea perfectamente comprensible sin verse en un riguroso orden cronológico.

En tres películas, José Luis Garci ha sabido hacerse digno heredero de toda una época como fueron los años 30 y 40 del pasado siglo no solo en cine, sino también —y desde sus fuentes primigenias— de la literatura.

Si por algo permanecerá unida en el tiempo como El crack de José Luis Garci, es por la partitura inicial a la que ha sido fiel en el tiempo, y cuya autoría pertenece a Jesús Gluck, cuyas notas suenan en las tres películas por igual. Otros actores que interpretan grandes papeles son el de María Casanova (como geriatra y estudiante de Medicina en El crack y El crack Dos), Luisa Gavasa (su menos episódica aún secretaria en El crack Cero) o Francisco Vidal (Nico, que interpreta al barbero especialista en boxeo que le habla de Nueva York en El crack y su continuación) entre otros muchos.

Como decíamos, la estética visual también varía, y así del color de las dos primeras, filmadas con solvencia en 35 milímetros por Manuel Rojas, pasamos a la perpetrada en un blanco y negro que la crítica ha tachado de artificioso, pero sin duda adecuado por Luis Ángel Pérez. A continuación, pasamos a comentar cada una de ellas pormenorizadamente:

El crack: a propósito de una fotografía mal positivada

Areta recibe en su despacho la visita de un empresario ferretero de Ponferrada (interpretado por Raúl Fraire) desesperado porque su hija desapareció de su paradero habitual hace ya algún tiempo. A través de un antiguo novio que en ese momento trabaja como locutor de radio, Areta averigua que está siendo víctima de una red de trata. Múltiples serán, como es habitual en todos los guiones, las presiones para que Areta abandone el caso. La película trata de homenajear las novelas de Dashiell Hammett, autor de Cosecha roja (1929) o La llave de cristal (1931) —siendo esta última novela adaptada igualmente por Joel y Ethan Coen en Muerte entre las flores (1990)—. Tras múltiples pesquisas y atajos, Areta (al que también llaman el Piojo, por lo escurridizo) llega hasta don Alberto el Guapo (Manuel Tejada), un villano de libro.

El crack Dos: de dónde provienen los celos

Nuestro detective, que acabó mal con su ayudante «El Moro» en su última aventura, no tiene más remedio que recurrir a él en el siguiente caso, que no es otro que el de un tipo que se confiesa celoso de un exnovio al que quiere vigilar. Leiva, que así se llama el que se presenta ante Areta, aparecerá asesinado, con posible móvil criminal fundado. Dedicada a Raymond Chandler, autor de El sueño eterno (1939) o El largo adiós (1953), la película pretende adaptar los personajes y cierta sordidez de esta segunda novela. También descubrimos cómo las pistas que va encontrando desquician mucho más a un Areta vengativo y furioso con el mundo.

El crack Cero: el odio como afecto reconfortante

Una antigua amante del famoso sastre Narciso Benavides quiere que Germán investigue si realmente este se suicidó o lo mataron. Las cloacas de una ciudad como Madrid preparándose para la futura Transición democrática son protagonistas también de una trama no menos compleja donde el poderoso Solomillo (Andoni Ferreño) no está dispuesto a dar su brazo a torcer, y otra compañera de Benavides hará un juego sucio, que se confunde con la participación del finado en orgiásticas fiestas que organiza una madama en un chalé en El Viso. Homenajea en esta ocasión a James M. Cain, autor de El cartero siempre llama dos veces (1934) o de la novela corta en que se basó el guion de Perdición (1944), filme dirigido por Billy Wilder en que se narraba una bajada a los infiernos diferente a la que vive aquí Germán.




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Texto de Daniel González Irala | © laCiclotimia.com | 7 enero, 2021
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Texto de Daniel González Irala
© laCiclotimia.com | 7 enero, 2021

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