El contador de cartas
| Cavando tres tumbas

El filme de Paul Schrader excede las convenciones de los géneros para entrar en el terreno de lo existencial en una obra que, lejos de conformarse con ser una «película de póker», discurre entre dudas morales, vacío interior y el sentido de la redención.

Paul Schrader no ha dirigido una película de póker, no, sino un artefacto de corte existencial que conecta un juego de cartas con la densidad de un pasado, un presente o un futuro rotos, que tanto penden del hilo de la autoaceptación —perdonarse a uno mismo es perdonar a los demás, decían— como de la pulsión de vivir al límite, siempre dejando detrás una puerta cerrada y buscando, en el horizonte, algo por lo que merezca la pena colocar las fichas en la mesa. El contador de cartas, así se llama el brutal estudio de personaje que discrepa sobre sí mismo, que se reconstruye desde las cenizas de una película que niega sus premisas desde el minuto uno, y que no tiene miedo a explorar actos y movimientos que tienen más de semiótico que de puramente visceral: el hombre y el sistema, que acepta lo que le viene a cambio de una vida elegida con detenimiento; y a la vez el hombre que desmonta el sistema, a cambio de la promesa de mejorar algo que aún no está tan quebrado. El símbolo que existe bajo las cartas que se cuentan, bajo el juego que motiva un bucle infinito de ganancia y pérdida, compone la sinfonía final de Schrader, la que continúa el camino tomado en El reverendo (2017) y sitúa la redención en la frágil situación de partir de una realidad interior ambigua —en el caso de su anterior filme, operacionalizado en el personaje de Ethan Hawke y su despertar a través de lo que ve en el exterior; en esta ocasión, bajo la presencia de Oscar Isaac y la conexión que establece a nivel emocional con lo que pudo haber sido y no fue, lo que en esencia propicia un revulsivo de génesis similar en ambas obras y motiva una compenetración entre ellas única— que, por si fuera poco, pone de relieve una masculinidad compleja y abierta a la interpretación que destaca desde cada enfoque y dignifica la labor de guionista de Schrader.

Una obra seria, grave y mesurada, que atrapa por sus formas, que descompone su imaginario en partes inteligibles desde la lógica y desde la emoción.

Oscar Isaac ofrece una interpretación magnética.

Lo cierto es que, teniendo en cuenta que El contador de cartas ofrece un subtexto tan potente y que crece tanto y tan bien en el recuerdo desde el punto de vista metafórico, podría ser que su línea argumental principal se alejara de lo que podríamos entender como un drama inteligible, y nada más lejos de la realidad: lo último del que fue guionista de Taxi Driver (1976), una de las muchas obras cumbre de Martin Scorsese que aquí, además, produce, propone un viaje tan satisfactorio en lo literal como en lo simbólico. Seguimos a William Tell —inconmensurable e hipnótico Oscar Isaac en la interpretación de su vida—, un exmilitar que se dedica profesionalmente a jugar al blackjack y al póker con un pasado de lo más sombrío, que tendrá que alterar su día a día para ayudar a Cirk, un joven hacia el que siente cierta responsabilidad. Después de todo, de la subversión del statu quo narrativo en que los hechos nunca ocurren del modo canónico —y eso es algo que desafía constantemente al espectador, al no dejarle caer en la zona de confort y retarlo con cada inversión y cada decisión diegética—, El contador de cartas se identifica más con un tipo de cine trágico y existencialista que con cualquier thriller de juego al uso: acceder a la propuesta de Paul Schrader desde la pulsión de vida y muerte, de unos preceptos cinematográficos que se ven con más claridad desde el hambre de relevancia, es un imperativo que recompensa con creces siempre a través de una obra seria, grave y mesurada, que atrapa por sus formas, que descompone su imaginario en partes inteligibles desde la lógica y desde la emoción, y que atrapa en un bucle de fatalidad e inquietud del que es más sencillo sentirse parte, casi de un modo vicario, que expulsado.


Artículo perteneciente a la serie: SEMINCI 2021   



Texto de David García Miño | © laCiclotimia.com | 25 octubre, 2021



Texto de David García Miño
© laCiclotimia.com | 25 octubre, 2021

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