El baile de los 41
| Salir a la luz

El cineasta David Pablos lleva a la pantalla la historia de Ignacio de la Torre, uno de los miembros del club donde se celebró el baile de los 41 en México. Un episodio clave para el colectivo LGTB y la visibilización de la discriminación institucional.

Hay eventos claves para el movimiento LGTBIQ+ y la lucha por los derechos por parte del colectivo. Nombres como Stonewall en 1969 resuenan como uno de los hitos más importantes en la visibilización de la discriminación instituida en la sociedad hacia aquellas personas que se salían de la norma. Este hito hace referencia a los disturbios que tuvieron lugar en el bar Stonewall Inn de Greenwich Village en Nueva York donde solían reunirse personas de la comunidad LGTB, momento catalizador que fue reflejado junto al desarrollo del movimiento gay y lésbico en la serie de televisión When We Rise (Dustin Lance Black, 2017). En este sentido, también en el contexto estadounidense, otro de los eventos más representativos en los años 80 y llevados a la pantalla han sido las denominadas Houses, haciendo referencias a las familias elegidas y formadas por personas de la comunidad LGTB y sus respectivas Balls o bailes donde competían entre ellas en la cultura underground. Uno de los documentales más relevantes sobre el tema es Paris Is Burning (Jennie Livingston, 1990), el cual además sirve de detonante para la visibilización del colectivo trans y la cultura drag. Más recientemente, una de las series más populares y acertadas, creada por Ryan Murphy, Nelson Cragg y Brad Falchuk, es Pose (2018-Actualidad), la cual visibiliza a la comunidad trans y afroamericana en los años 80, así como la cultura de las Balls.

De este modo, la mayoría de obras audiovisuales referentes a hitos relacionados con la discriminación y lucha por los derechos del colectivo LGTB se esbozan alrededor del contexto estadounidense y, de forma más concreta, en Nueva York. No obstante, no es solo en Estados Unidos donde han tenido lugar hitos esenciales para el movimiento. En noviembre de 1901 tuvo lugar en Ciudad de México una redada policial en un club donde un grupo de 42 hombres homosexuales celebraban un baile, algunos además travestidos. Entre dichos hombres, había muchas figuras relevantes de la política mexicana, es por ello que dicho evento causó tal revuelo en aquella época. Entre ellos, una de las figuras que se rumorea que estaba en la fiesta era Ignacio de la Torre, yerno de Porfirio Díaz, presidente de México. Con esta premisa argumental, el filme de David Pablos, guionizado por Monika Revilla, esboza la vida de Ignacio de la Torre (Alfonso Herrera), su relación con su mujer Amada, interpretada de forma sobresaliente por Mabel Cadena, y su relación sexoafectiva con Evaristo (Emiliano Zurita). Así, a pesar de que el baile de los 41 sea la excusa argumental de la obra cinematográfica, esta se presenta más como una historia de romance donde además se muestra el sufrimiento del protagonista, extrapolable a cualquier persona homosexual de la época al tener que fingir ante su mujer y el resto de la sociedad respecto a su orientación sexual. Una de su mayores virtudes es el uso del color y lo extravagante para reflejar la ostentación de la época y el contexto cultural, gracias a una escenografía y vestuario magistrales.

Un filme necesario por la relevancia del relato que cuenta, por ese momento político y social que removió conciencias en la sociedad mexicana.

Respecto a la trama, se echa en falta una mayor profundidad en la historia y ambiente del club: desde los primeros minutos del filme este se presenta con una imagen basada en la espectacularidad donde se observan todos los cuerpos desnudos relacionarse en una orgía, un plano que bien recuerda al relato nombrado en el propio filme de Sodoma y Gomorra. No obstante, el cineasta pasa de puntillas por este panorama, frente a las escenas mayoritarias teñidas de un tono romántico cuando Ignacio se encuentra con Evaristo, y el tono más agresivo y violento cuando se relaciona y maltrata a su mujer Amada. Así, El baile de los 41 tiene un enfoque más individual en ese número 42 que nunca fue oficialmente identificado.

Uno de los aspectos más destacados a la hora de representar el club de los 42 hombres es su estética casi pictórica con una iluminación y contrastes destacados, simulando la oscuridad de lo underground y oculto frente a una vida pública más luminosa, la que se desarrolla durante el día contra la vida escondida que tiene lugar durante la noche. En definitiva, un filme necesario por la relevancia del relato que cuenta, por ese momento político y social que removió conciencias en la sociedad mexicana y comenzó a dar visibilidad y sacar a la luz una realidad oculta por las imposiciones heteronormativas. Relato que se representa a través de una de las figuras más llamativas dentro de los 42 miembros del club, y que terminó por disolverse tras el humo de lo políticamente correcto, dejando para la historia el recuerdo de una celebración donde finalmente alguien se quedó sin pareja de baile.




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Texto de Sofía Otero Escudero | © laCiclotimia.com | 14 mayo, 2021
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Texto de Sofía Otero Escudero
© laCiclotimia.com | 14 mayo, 2021

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