Ejército de los muertos
| Masacre zombi en Las Vegas

Zack Snyder dirige esta adrenalínica producción de zombis para Netflix. Como nos tiene acostumbrados el director, la película flaquea en la narrativa y los personajes, pero ofrece grandes dosis de estilo, acción gráfica y diversión desenfadada.

Se podría decir que Zack Snyder está últimamente (más o menos) de enhorabuena. Para empezar por el anticipado estreno de su La Liga de la Justicia de Zack Snyder (2021), la reconstrucción de casi cuatro horas de la versión original de la película que tuvo que abandonar en las manos de Joss Whedon, que aunque se ha ganado sus adeptos, muchos creen que se reduce a una maniobra de Warner Brothers para acallar de una vez por todas a los seguidores de Snyder y alejar al director del Universo Cinematográfico de DC. Aunque su destierro definitivo fuese cierto, Snyder continúa un gran año con el estreno de uno de los buques insignia de Netflix para 2021 y el que es su regreso al género Z desde su debut Amanecer de los muertos (2004). Con todo, Ejército de los muertos (2021) tenía aún más expectativas de cumplir, pues con Dave Bautista por primera vez como protagonista de una producción de este calibre, un elenco lleno de desconocidos con su oportunidad para brillar y una poderosa ambientación que nos transporta a una Las Vegas asolada por los no-muertos, podríamos decir que la película tenía todos los ingredientes para ser la última gran superproducción de género: originalidad, talento y presupuesto. Pero quizás todas estas expectativas le han hecho más mal que bien a la que es una película sólida y entretenida para sus dos horas y media de duración, pero también algo diferente a lo que podíamos habernos esperado, si tan solo hubiésemos olvidado momentáneamente las tradicionales dificultades del director a la hora de hilar una narrativa coherente y crear personajes que dejen su huella en el espectador.

La película brilla con más fuerza cuando toma el estilo de su localización principal, Las Vegas, para abrazar por completo una estética camp y desenfadada.

Las premisas, como decimos, apuntan a todo lo alto. Snyder nos transporta a un futuro cercano donde la habitual invasión zombi se ha iniciado en la ciudad de Las Vegas, pero gracias a la construcción de un enorme muro con contenedores de cargamento la infección ha sido contenida al interior de la ciudad, y todo el debate político se centra en la posibilidad de reducir a todos los no-muertos a cenizas con una bomba nuclear. Preocupado por el dinero que se ha dejado en la ciudad, el empresario Bly Tanaka (Hiroyuki Sanada) forma un equipo de mercenarios para sacar unos cuantos millones de dólares en efectivo de la caja fuerte de su casino. El encargado de formar el equipo, el veterano Scott Ward (Dave Bautista), se hace entonces con un equipo de oportunistas e individuos coloridos, en cuya diversidad recae gran parte del encanto de la película, y de la irregularidad de sus personalidades se deberá gran parte de su propia irregularidad. La producción sigue muy de cerca a la reciente Península (2020), secuela del éxito coreano de zombis Tren a Busan (2016), ambas dirigidas por Yeon Sang-ho, en su relativa hibridación con el género de atracos, una de sus apuestas más interesantes que añade bastante personalidad al film y, si bien está lejos de ser original, al menos la separa lo suficiente de la idea tradicional que tenemos del género de zombis. Lo que sigue es un espectáculo de tiros, mordiscos y vísceras con más de un momento especialmente gráfico que no es fácil ver en producciones así de grandes.

Un pequeño desastre fabuloso, una película inestable e irregular que aporta sin embargo grandes dosis de diversión, acción y tensión.

Otra de las innovaciones importantes de Snyder en el film consiste en ofrecernos unos zombis un tanto diferentes a lo que estamos acostumbrados, quizás más inteligentes de lo que nos esperaríamos, incluso con más de un matiz y detalle que sorprende gratamente y resulta refrescante para el género aunque con una mirada retrospectiva deje más preguntas sin responder que las que resuelve. No cabe duda de que en una película así los primeros protagonistas son los zombis, y aunque como indicamos las innovaciones de Snyder aportan interés y más de una sutileza muy original, también es cierto que en ocasiones les separa lo suficiente de nuestra imagen habitual de los no-muertos sacrificando algunos de sus puntos fuertes. No cabe duda que aporta interés ofrecer una imagen más refinada y sofisticada de la organización de los zombis, pero por otro lado es cierto que se pierde parte de la poderosa carga metafórica de una masa indiferenciada de cadáveres hambrientos de carne humana avanzando de forma ciega e incontrolable, como de forma tan horripilante y asombrosa expresan las atroces masas de zombis que nos llegan del país que sin duda lleva la delantera en el género ahora mismo, Corea del Sur, tanto con la ya mencionada franquicia de Tren a Busan como con la extraordinaria serie Kingdom (Kim Seong-hoon, Park In-je, 2019-…).

Por otro lado, en una producción con un elenco tan cargado, gran parte del peso emocional y cómico del film recae en el amplio reparto. Y no cabe duda que hay en él puesto mucho talento, con grandes actores poco conocidos que no van a desaprovechar su mejor oportunidad hasta el momento de destacar. Especialmente reseñable es el buen hacer de los que logran pasar por encima de un guion y desarrollo de personajes sinceramente muy pobre por parte de Snyder, preñado de estereotipos y personalidades planas. Cabe destacar en especial el titánico esfuerzo de Tig Notaro, que logra ser el personaje más divertido y entrañable a pesar de haber sido implantada digitalmente en la película para sustituir a Chris D’Elia después de que el cómico se viera involucrado en un escándalo sexual. Con todo Notaro mantiene el tipo y el carisma alto frente a muchos otros que se quedan cortos por la perezosa narrativa. Hay quienes sobresalen sin embargo gracias a otras habilidades, como es el caso de la doble de acción Samantha Win, quien demuestra sus enormes habilidades atléticas y gran dominio de la coreografía en una extraordinaria secuencia de acción que es probablemente la mejor escena del film. Otros entrañables invitados internacionales, como son Matthias Schweighöfer y Nora Arnezeder se las apañan para brillar por momentos más allá del pobre desarrollo e inmerecido destino de sus personajes, una pobreza de guion que alcanza un punto bajo en el vergonzoso «instagramer de zombis» interpretado por Raúl Castillo y que resulta especialmente sangrante en el caso de Ella Purnell como la hija del personaje de Bautista, el cual, por su parte, mantiene el tipo lo mejor que puede. Es todo un desacierto que nuestro principal personaje femenino, encarnado por Purnell, no solo acaba siendo el más irritante e inservible, sino que todo el peso emocional puesto en su relación con su padre difícilmente provoca más que vergüenza ajena. No ayudará que, echada la vista atrás, nos demos cuenta de que gran parte de los desastres e infortunios de la película se deben a ella.

Dave Bautista se desenvuelve bien como héroe de acción, y sus vergonzosas escenas dramáticas, con un diálogo atroz, difícilmente son su culpa.

Con todo poco importarán nuestros agravios con el equipo de personajes mientras vayan muriendo bien. Y con tantas caras en el elenco era de esperar que tuviésemos una buena retahíla de muertes, fabulosamente sangrientas y oscuras en casi toda ocasión, aunque más de una es especialmente innecesaria y, por decirlo llanamente, sin ningún sentido. Podemos pasarnos mucho más tiempo señalando las irregularidades en su elenco de personajes o en la forma en la que estos van muriendo, en sus numerosos agujeros de guion e inconsistencias (¿por qué el dueño del casino no les da la combinación de la caja fuerte?), pero la realidad es que Ejército de los muertos será realmente disfrutable si podemos pasar por encima de sus no pocas pero tampoco sustanciales inconsistencias para regodearnos con su espectáculo de sangre y fuego. El film tiene la huella de Snyder en la debilidad de su guion, pero también en la fortaleza de su estilo. Tiroteos cruzados, hordas de zombis avanzando por los pasillos, tigres reanimados, decapitaciones y demás truculencias se van encadenando en secuencia tras secuencia de acción que logra algunos puntos álgidos de pura maestría, como la ya mencionada escena protagonizada por Samantha Win. También cabe destacar unos formidables títulos de crédito de más de seis minutos de duración, que plantean con todo lujo de detalles y ocurrencias el tono de la película y nos obligan a admitir el gran talento de Snyder con este formato, como ya nos enseñó con los increíbles títulos de crédito de Watchmen (2009). Al final Ejército de los muertos resulta fiel a la ciudad a la que hace homenaje: como en Las Vegas, aquí hay más diversión y jolgorio que profundidad o sentido metafórico; todo es superficial y kitsch, una tormenta desatada de purpurina, sangre y billetes en el aire, todo es increíble e iterativo (incluso la mayoría de la banda sonora son versiones de canciones), pero también es pura diversión desenfadada, entretenimiento de calidad sin pretensiones.

Incluso no cabe acusar a la película de ser innecesariamente larga, y aunque sus dos horas y media de duración quizás se deban a más paja emocional de la que necesitaría, no se hace pesada en ningún momento, y varias de sus secuencias que puedan parecer prescindibles, como una larga introducción donde nos presentan el origen de la invasión zombi o su curioso epílogo, acaban siendo de agradecer. En definitiva, Ejército de los muertos es un pequeño desastre fabuloso, una película inestable e irregular que aporta sin embargo grandes dosis de diversión, acción y tensión, a la que aunque le sobren varios personajes tiene los suficientes que destacan como para llevar la carga de la película hasta el final. Y aunque haya más agujeros de guion de los que parecía posible, también hay muchísima pasión, estilazo, humor y tensión como para convertirla en una delicia de género, más salvaje y desenfadada que las superproducciones de ciencia ficción de su calibre, y más grande y ambiciosa que sus primas cercanas de la serie B, a las que hace homenajes constantes, con particular énfasis en la formidable Fantasmas de Marte (John Carpenter, 2001), de la cual casi parece una secuela espiritual. La película es realmente descrita con más precisión como un estiloso y suntuoso viodeojuego, además de por su gran dependencia de trepidantes tiroteos y apuesta por el efectismo, porque como un buen shooter no nos ofrece mucha historia a la que hincarle el diente, pero es capaz de saciar por mucho tiempo nuestra sed de emociones fuertes.




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Texto de Pepe Tesoro | © laCiclotimia.com | 24 mayo, 2021
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Texto de Pepe Tesoro
© laCiclotimia.com | 24 mayo, 2021

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