Cómo defender a un asesino
| No hay cómplices inocentes

Un reducido grupo de estudiantes, liderado por Viola Davis, se ve involucrado en una compleja trama de mentiras, engaños, manipulaciones… y asesinatos. Nadie dijo que la lucha por convertirse en un abogado de renombre fuera un camino fácil.

Annalise Keating (Viola Davis) es una reputada abogada que imparte clases de derecho penal en la Universidad de Middlenton (Filadelfia). Cada año, cinco de los mejores alumnos son seleccionados para trabajar directamente a su lado, formando así parte de su equipo personal. El grupo de los cinco, el K5, se adentra en el fascinante mundo criminal a la par que lidian con problemas familiares, amorosos, económicos y de diversa índole de carácter juvenil. Mientras el tejido de la temporada se va desarrollando, en cada episodio un caso práctico aporta el conocimiento clave para final. A pesar de nacer preconcebida para únicamente media temporada, evolucionar según rodaje y contar un ligero par de cabos sueltos, estamos ante una serie que no tiene desperdicio ninguno. Es tan apasionante, atrevida, rápida y fugaz como profundos son los aspectos más oscuros de la personalidad humana. 

El mundo de Annalise y su entorno no es fácil. Abogada, negra y casada con un hombre blanco, es una mujer de carácter que lleva toda la vida luchando contra los estereotipos raciales, emocionales, sexuales y familiares que se esperaban de ella. Tanto dentro como fuera del aula muestra una actitud firme e indoblegable. Es lista y lo sabe, ha tenido que luchar por darle a su inteligencia un lugar antaño solo competencia de blancos, y la guerra no cesa. Su piel contacta con el racismo de una sociedad que sigue cosificando el «cabello afro», como símbolo exótico del erotismo occidental. Todo se cuestiona, su hablar, su tono, su diligencia. Actitudes propias de un marine retirado que si bien no se reprochan cuando el hombre blanco autoritario las imparte, chirrían en los oídos de quien tiene que soportarlo como precio a pagar por una educación magistral. Dado que todo el mundo cuestiona su autoridad, ella no puede flaquear ni un solo momento, no le está permitido, por lo que su ansiedad ha de vivir con la inseguridad que compaña la doctrina de encajar físicamente, sin importar nada más. Pero es el manejo de esta acidez, el temple y la gracia de su discurso, así como la elegancia de su elocuencia, lo que enamora de esta mujer. Es un ejemplo a seguir, pilar de una familia sin sangre pero unida por ella, por el miedo que todo secreto cruel acarrea, por la falsa lealtad disfrazada de temor a caer en el abismo, y por el «complejo de madre» del que tanto ella como sus alumnos se aprovechan. Sin embargo, la sobriedad judicial contrasta con la intimidaddel hogar, donde el absolutismo del vodka es el único aliado, aunque tampoco demasiado fiel.

Cómo defender a un asesino es una serie con muchas horas de tensión y muy pocas alegrías.

Viola Davis es Annalise Keating.

Las relaciones tóxicas, codependientes y ciertamente enfermizas se van mostrando a lo largo de los capítulos. El montaje cuadra de tal forma para que el espectador disponga del grado de información justa. Si bien una parte es autoconclusiva, otra matizará los aspectos de los personajes secundarios para generar opinión sobre cada una de sus conductas. Puede parecer que se intuye la versión a apoyar, a quién otorgar razón y a quién juzgar, pero luego uno se siente mal por haberlo hecho, o por haberlo dejado de hacer. Y es que Cómo defender a un asesino (Peter Nowalk, 2014) es una serie con muchas horas de tensión y muy pocas alegrías, que da lugar a engaño, empezando por la traducción del nombre. En versión original How to Get Away With Murder da más pistas que la concreción del castellano. Si bien la defensa del asesinato puede ser el objeto de alguna de las causas procesales a los que se enfrenta el equipo de Keating, cómo librarse de uno es la esencia misma de la trama: «el amor por la protagonista, un “terrorismo emocional” que juega con el significado de cada una de las muertes y la revelación parcial de secretos», como Peter Nowalk resume. Asimismo, la ficción que conforman las seis temporadas se puede dividir en dos. La primera parte agruparía las dos iniciales, con un ritmo frenético y un nivel de información técnico mucho más amplio. La segunda incluiría las cuatro restantes, que giran en torno al evento de la tercera. Ninguna de ellas empieza por el principio, cada episodio sucede parcialmente al anterior para que no sea exactamente hasta el final cuando se descubra el desenlace. Y a pesar de que cada personaje es relevante, como si de una versión coral se tratara, es una historia que convirtió a Viola Davis en la primera mujer negra en ganar el Premio Primetime Emmy a la mejor actriz principal en una serie de drama, y que transformó una asignatura de libre configuración en clases de derecho penal con cita semanal obligatoria. 

Por lo tanto, puesto que el «mito de Annalise» se crea con el carisma de Viola Davis, Cómo defender a un asesino no deja de ser la vida de Keating, su lucha e historia, sus amores, traiciones y pesares. No se trata de una narración triste ni melancólica, sino más bien de una cronología de valor y supervivencia, un relato de culpabilidad, resentimiento y redención en el que se valora la originalidad, la maldad incluso, y la valentía y la picardía ante el caos. Pues allí donde no se necesitan fines que justifiquen medio alguno impera la soberbia y reina la superioridad moral. Dentro del egoísmo de un mundo que ensalza las aspiraciones profesionales y laborales en detrimento del amor al prójimo y la bondad genuina, no resulta extraño que la mugre y la carroña domine las élites de un poder judicial que presiona, vulnera y entorpece cualquier atisbo de cambio. Una pena.




Texto de Bárbara Fernández Mastache | © laCiclotimia.com | 25 mayo, 2021



Texto de Bárbara Fernández Mastache
© laCiclotimia.com | 25 mayo, 2021

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