Cielo de medianoche
| Guía de paternidad para el fin del mundo

Estados Unidos, 2020 | Dirección: George Clooney | Título original: The Midnight Sky | Género: Ciencia ficción | Productora: Anonymous Content, Netflix, Syndicate Entertainment, Smoke House Pictures, Truenorth Productions | Guion: Mark L. Smith (Libro: Lily Brooks-Dalton) | Fotografía: Martin Ruhe | Edición: Stephen Mirrione | Música: Alexandre Desplat | Reparto: George Clooney, Felicity Jones, Kyle Chandler, David Oyelowo, Tiffany Boone, Caoilinn Springall, Demian Bichir, Lilja Nótt Þórarinsdóttir, Tia Bannon, Sophie Rundle | Duración: 118 minutos | | Disponible en:  Netflix  

Estados Unidos, 2020 | Dirección: George Clooney | Título original: The Midnight Sky | Género: Ciencia ficción | Productora: Anonymous Content, Netflix, Syndicate Entertainment, Smoke House Pictures, Truenorth Productions | Guion: Mark L. Smith (Libro: Lily Brooks-Dalton) | Fotografía: Martin Ruhe | Edición: Stephen Mirrione | Música: Alexandre Desplat | Reparto: George Clooney, Felicity Jones, Kyle Chandler, David Oyelowo, Tiffany Boone, Caoilinn Springall, Demian Bichir, Lilja Nótt Þórarinsdóttir, Tia Bannon, Sophie Rundle | Duración: 118 minutos |

George Clooney dirige y protagoniza esta producción de ciencia ficción de Netflix, cargada de buenas intenciones e ideas. Pero después de dos horas de metraje sobrio y predecible apenas alcanza a ser un relato tierno e inofensivo sobre el fin del mundo.

Llegados a este punto es ya evidente que Netflix está enteramente comprometida con arrojar toneladas de dinero en una miríada de producciones diferentes y que, por tanto, los estándares del cine y las series están cambiando. Dentro de este colosal proyecto de proyectos, hemos asistido últimamente al auspicio de una serie de producciones encabezadas por nombres conocidos bajo la marca del coloso del streaming. Pero como dejan claro ejemplos como Estoy pensando en dejarlo (Charlie Kaufman, 2020), no siempre es buena idea dejar a todo el mundo hacer lo que le de la gana, especialmente a quien tiene una reputación lo suficientemente sólida para que parezca difícil de arruinar, aunque Kaufman se ha esforzado.

En este contexto, la única virtud de George Clooney, a quien le ha llegado el turno con Cielo de medianoche (2020), ha sido no tenérselo tan creído como Kaufman, con el peligro de mostrarnos con un proyecto personal como este que es una persona aburrida y sensiblera. Si uno desenreda los distintos hilos de la trama, no es descabellado imaginar por qué el actor y director ha escogido adaptar la novela El cielo de medianoche de Lily Brooks-Dalton. En el film, tras los primeros embistes de un suceso apocalíptico vagamente aludido, un científico afectado por una enfermedad terminal (George Clooney) decide quedarse en una estación de investigación en el ártico antes que refugiarse en el subsuelo. Su misión es alertar del desastre a los tripulantes de una nave espacial que regresa a la Tierra desde una nueva luna de Júpiter donde la humanidad está estableciendo una colonia. Con todo, se ve en la tesitura de cargar con un acompañante inesperado: una niña que ha quedado abandonada en la estación con él.

Felicity Jones y David Oyelowo interpretan a dos de los astronautas que regresan a la Tierra.

Todos los elementos están ahí para formular un encomiable relato sobre la muerte, la extinción y la esperanza. La misión de Clooney de salvar a los astronautas y entendemos que, por extensión (aunque el film no lo deja muy claro) a la última esperanza de la humanidad, corre en paralelo con el cuidado y el cariño paternal por la niña pequeña. Una de las supervivientes de la nave espacial, interpretada por Felicity Jones, está convenientemente embarazada. Las conversaciones de la tripulación sobre el nombre del bebé sirven como contrapunto tierno y emblema de esperanza general por volver sanos y salvos a casa. Las distintas historias se entrelazan con habilidad y hacen conversar con éxito sus diferentes niveles, desde el desolador paisaje gélido del ártico hasta las inmensidades estrelladas del espacio y desde el empeño por proteger una vida vulnerable y diminuta hasta la promesa de que la humanidad, ella misma frágil e insignificante frente al cosmos, encuentre un hogar donde prosperar.

Aunque nos despierte más de un bostezo, hay que ser muy frío para que Cielo de medianoche no te caliente un poquito el corazón.

Se entiende que Cielo de medianoche no es precisamente recomendable para cínicos ni intolerantes de la sensiblería, como tampoco para quien quiera profundizar demasiado en su mensaje. Es cierto que ya hay suficientes visiones tétricas sobre el colapso fascinadas con la violencia, los disturbios y las explosiones. Pero por muy refrescante que sea, el mensaje optimista del film requiere que uno no le de demasiadas vueltas. El guion toma la decisión consciente de dejarnos pocas pistas sobre las razones del Apocalipsis, al que llama misteriosamente «el evento», y ese oscurecimiento impide hacer analogías útiles con el presente. El subtexto medioambiental se huele, pero no se deja ver. En cierto momento clave, Augustine (el científico interpretado por Clooney) deja caer una frase lapidaria que supone la única tentativa del film de caracterizar la catástrofe: «No conozco todos los detalles, parece que fue un error». La sentencia, que condensa a la perfección el mutismo del film, representa el más peligroso cinismo con el que se nos puede ocurrir enfrentarnos al colapso medioambiental: «todo esto parece muy complicado, pero seguro que nadie tiene la culpa».

Pese a todo, cabe valorar el poco habitual optimismo de la película y la poca atención que presta a la violencia catastrófica. Esto no quiere decir que no tenga sus momentos de tensión y suspense, que el film se gana en algunos momentos con especial éxito. Pero, al contrario que nos tiene acostumbrados el festival explosivo de efectos especiales de la marvelización total del cine de catástrofes, Cielo de medianoche resulta hermosa en su sencillez y agradable a los sentidos precisamente por su sobriedad y su serenidad, que aplica con maestría al combinar los fascinantes paisajes del ártico y del espacio exterior con una suave banda sonora y un ritmo tranquilo y sosegado. Pero los elementos que mejor sirve al mensaje tierno y emocional del film son sin duda la carita de peluche y los inmensos ojos azules, brillantes como globos terráqueos, de Caoilinn Springall, la actriz que interpreta a la niña de la que cuida Augustine. Cabe una mención especial a los directores de casting de la película, que encontraron a una niña tan irrealmente mona que parece hecha con efectos especiales.

Buena parte del peso emocional de la trama se sostiene en la relación entre Augustine y la niña.

Quien no soporte esta sobredosis de sensiblería no encontrará mucho de valor en el largometraje. Pero ante un panorama donde arrasan las visiones espectaculares del desastre y la reacción en forma de ironía y condescendencia ante cualquier mensaje utópico o esperanzador, resulta especialmente rancio acusar a la película de ingenua. Tierna y facilona, quizás. ¿Pero qué hay de malo exactamente en ello? Admitiendo que la trama es predecible, parsimoniosa y tediosa por momentos, cabe argumentar que esa misma parsimonia despierta una emoción de melancolía y familiaridad agradable, similar a una tarde de domingo lluviosa frente a la chimenea, el escenario perfecto para ponerse esta película. Aunque nos despierte más de un bostezo, hay que ser muy frío para que Cielo de medianoche no te caliente un poquito el corazón.

Esta decisión a la hora de con qué sensibilidad afrontar el film determinará por completo en el momento que se revele su giro final. Llena de ausencias y falta de explicaciones, la película errará a la hora de hacernos entender por qué su trama es importante y qué trascendencia tienen las acciones de los personajes, y prácticamente tendremos que llenar sus huecos con los clichés repetitivos de los que bebe y que ni siquiera se esfuerza en desarrollar. Una vez que se revela la verdad oculta de cierto aspecto de la trama, un giro de guion ingenioso y considerablemente ambicioso, es posible que sea demasiado tarde. Este final difícilmente reparará sus aspectos predecibles y sus lagunas de guion, pero si hemos entrado en el mensaje sentimental de la película nos ofrecerá una pequeña compensación por habernos tragado sus dos horas de metraje. Si en cambio el exceso de dulzura nos ha puesto al borde de la diabetes, puede que al menos el giro final nos proporcione una buena carcajada cansada.




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Texto de Pepe Tesoro | © laCiclotimia.com | 24 diciembre, 2020
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Texto de Pepe Tesoro
© laCiclotimia.com | 24 diciembre, 2020

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