Aves del paraíso
| Pas de deux

¿Se puede conseguir el éxito apostando por la amistad? En su película, la directora estadounidense Sarah Adina Smith recupera la idea de la competición en el mundo del ballet entre dos estudiantes y amigas que quieren entrar en la Ópera Nacional de París.

Una joven baila observada por su propio reflejo en los espejos que la rodean, así como la profesora que juzga cada movimiento hasta que cae al suelo. Una secuencia comúnmente utilizada en el cine de baile, y particularmente ballet, para sentar la premisa que prosigue sobre la evolución de una estudiante para conseguir el ansiado premio de entrar en la prestigiosa compañía de la Ópera Nacional de París. Este cóctel ya popular en el mundo cinematográfico se ve intensificado con otro pilar argumental como es la competición entre dos jóvenes estudiantes, en este caso las protagonistas Kate (Diana Silvers) y Marine (Kristine Froseth), siendo además ambas no solo rivales por la lucha por el premio, sino por el frecuente arquetipo sobre la estudiante extranjera que llega desde Estados Unidos para competir contra la élite francesa. De este modo, y siguiendo el vocabulario del ballet, el filme plantea una reflexión necesaria en la actualidad neoliberal donde la sociedad se halla inmersa, caracterizada por un obstinado individualismo donde un pas de deux o baile realizado por dos personas deja de ser posible en una atmósfera saturada por una competitividad tóxica.

Basada en la novela Bright Burning Stars (A.K.Small, 2019), Aves del paraíso (Sarah Adina Smith, 2021) esboza un argumento popular desde una perspectiva no demasiado genuina como para hacerla brillar dentro del género del cine de ballet. Dentro de los clichés que la película aborda destacan la presión sobre el físico de las jóvenes, así como las relaciones íntimas entre las estudiantes que mantienen a la audiencia en un vilo constante a la espera de la traición. Obras destacadas como Cisne negro (2010) de Darren Aronofsky se descubren claramente como inspiración del filme de Sarah Adina Smith, donde incluso también se hace una breve alusión a la atracción sexual y el erotismo dentro del mundo del baile, algo que Gaspar Noé hizo de forma brillante en el plano secuencia inicial de Climax (2018). Esta última, junto a las dos versiones de Suspiria (Dario Argento, 1977; Luca Guadagnino, 2018) recurren a los colores cálidos y la intensidad del rojo para remarcar ciertos aspectos más corporales del baile, algo que en la película de la cineasta estadounidense no es utilizado, sino que se recurre a tonos más fríos tal y como hace también Aronosfky. De este modo, la corporalidad que podría ser reseñada a través del baile queda relegada a secuencias puntuales donde las protagonistas bailan ante el jurado durante unos segundos anecdóticos que conforman la trama alrededor de una idea basada más en las relaciones personales enfocadas en la envidia, la amistad y la competitividad, que en el baile en sí.

Se echa en falta ese fulgor novedoso que haga de la película de Sarah Adina Smith una pieza destacable dentro del género.

Dentro de los destellos que transportan a la audiencia a Cisne negro también destaca el uso de lo onírico, algo que sin embargo no está incorporado de forma natural en Aves del paraíso, sino que se presentan como digresiones claramente extradiegéticas, alejadas de la trama principal. Sin embargo, es destacable una de las primeras secuencias del filme donde se presenta a una de las protagonistas, Marine, ataviada con una «máscara de pico», como si una doctora de la peste se tratara, bailando frente a un ventanal que enmarca la Torre Eiffel, disfraz que es utilizado en más de una ocasión a lo largo del filme, como si la protagonista tratara de aislarse de la propagación del virus del egoísmo y la competitividad tóxica que le rodea. Una secuencia hermosa aderezada con un baile intenso por su parte que genera unas expectativas no del todo cumplidas a lo largo del filme.

Uno de los aspectos a destacar como aciertos dentro del filme es el casting para las protagonistas, donde Diana Silvers encarna un rol complejo con una interpretación sobresaliente donde incluso se observan los cambios y progresiones en la personalidad de Kate a través del propio rostro y miradas de la protagonista. En la misma línea, es destacable el fichaje de la famosa actriz Jacqueline Bisset para el papel de la profesora apodada por las alumnas como «la diabla», la cual queda relegada a un segundo plano desaprovechando el gran potencial de la estrella cinematográfica. En definitiva, en el universo cinematográfico es complejo llevar a cabo una obra original y atractiva con un argumento tan popular como es el ballet. Con generaciones que han crecido con películas como la ya nombrada Cisne negro o con otras como El ritmo del éxito (Nicholas Hytner, 2000) o Billy Elliot (Quiero bailar) (Stephen Daldry, 2000), es todo un desafío el brillar con un enfoque que se salga de aquello que ya ha sido mostrado en pantalla. En el caso del último filme de Sarah Adina Smith, a pesar de la valiosa dirección de fotografía así como otros aspectos como la interpretación, se echa en falta ese fulgor novedoso que haga de Aves del paraíso una pieza destacable dentro del género.


Artículo perteneciente a la serie: EN FEMENINO   



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Texto de Sofía Otero Escudero | © laCiclotimia.com | 28 septiembre, 2021
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Texto de Sofía Otero Escudero
© laCiclotimia.com | 28 septiembre, 2021

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