As In Heaven
| Abandonar la certidumbre

Tea Lindeburg exalta mediante una mirada delicada y llena de sensibilidad la fase de crecimiento y transformación de una joven en época de cambios. Religión, responsabilidad, familia o educación se dan la mano y se complementan en la narración.

Tiene algo As In Heaven (Tea Lindeburg, 2021) que me recuerda a Picnic en Hanging Rock (Peter Weir, 1975) —con permiso de Dreyer, dicho sea—. Quizá sea la atmósfera onírica de descubrimiento, o la narración flemática en la que los hechos son más una excusa para contemplar la relación de la protagonista consigo misma y con el entorno, pero lo cierto es que la obra de la danesa Tea Lindeburg no solo convence y se coloca como una de las propuestas más bellas de la Sección oficial del Zinemaldia, sino que brilla con una luz extraña e hipnotizante que descompone el recorrido de niña a mujer, a través de la sangre y la muerte, de la vida y la piel, de Lise —maravillosa la jovencísima Flora Ofelia Hofmann Lindahl—, la mayor de los vástagos de una familia modesta en un entorno hermético y rural danés de finales de siglo XIX. La joven se enfrenta a los cambios en su cuerpo, a la relación con el mundo y la percepción que se tiene de ella: al arranque, Lindeburg pone sus cartas escénicas sobre la mesa con esas nubes de sangre y la oscuridad que se cierra sobre Lise, potentes símbolos de la transición que durante el metraje irá expandiendo con actos cotidianos y elaborando alrededor de un evento traumático que será el que otorgará dirección y sentido al cómputo global de la obra: el embarazo y parto de su madre, que dará a luz en medio de una premonición que, de cumplirse, desmontaría el escepticismo espiritual de Lise.

Una película delicada y sutil que convierte la transformación vital en un evento cotidiano.

Las potentes metáforas visuales de As In Heaven dan sentido con imágenes al interior de Lise.

Esta transición, que se puede ver en la infancia hacia la adultez, en la candidez hacia la responsabilidad, en el sueño hacia la realidad o mismo en el deseo hacia la aceptación, se muestra en As In Heaven como una constante que funciona siempre en segundo plano: existe de forma permanente un deseo en Lise, un anhelo oculto en su mirada y su sonrisa que destapa la verdadera aspiración de la obra de la directora danesa, plasmar la crónica de una muerte, la de la juventud, la de la infancia y la de la inocencia, una muerte que gana terreno con cada escollo insalvable y que nunca se llega a explicitar hasta que ya es demasiado tarde. La religión, como otro de sus valores centrales, va de la mano de esa intención de laceración y división que existe en cada acto y cada decisión que toma Lise, y convierte a As In Heaven en una pieza muy delicada y sutil en su discurso, capaz de elaborar un discurso complejo y denso sobre la relación individual del ser humano con lo divino sin caer en formulismos obvios. Tea Lindeburg ha construido la película de la transición: la que sabe alcanzar el núcleo del hilo que separa el antes y el después y mantenerse en el terreno del virtuosismo estético, la que convierte la transformación vital en un evento cotidiano. No hay método para explotar un intangible.


Artículo perteneciente a la serie: EN FEMENINO    SAN SEBASTIÁN 2021   



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Texto de David García Miño | © laCiclotimia.com | 20 septiembre, 2021
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Texto de David García Miño
© laCiclotimia.com | 20 septiembre, 2021

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