Adult Material
| ¿Está en venta el consentimiento?

Reino Unido, 2020 | Dirección: Dawn Shadforth | Título original: Adult Material | Género: Serie de TV, Drama | Productora: Fifty Fathoms Productions | Guion: Lucy Kirkwood | Fotografía: Chloë Thomson | Edición: Dominic Leung | Música: Hannah Holland | Reparto: Hayley Squires, Rupert Everett, Phil Daniels, Joe Dempsie, Kerry Godliman, Alex Jarrett, Siena Kelly, Julian Ovenden, Timmika Ramsay, Callie Cooke, Kris Saddler, Kenny Blyth, Mario Demetriou, Faith Edwards | Duración: 180 minutos | | Disponible en:  Filmin  

Reino Unido, 2020 | Dirección: Dawn Shadforth | Título original: Adult Material | Género: Serie de TV, Drama | Productora: Fifty Fathoms Productions | Guion: Lucy Kirkwood | Fotografía: Chloë Thomson | Edición: Dominic Leung | Música: Hannah Holland | Reparto: Hayley Squires, Rupert Everett, Phil Daniels, Joe Dempsie, Kerry Godliman, Alex Jarrett, Siena Kelly, Julian Ovenden, Timmika Ramsay, Callie Cooke, Kris Saddler, Kenny Blyth, Mario Demetriou, Faith Edwards | Duración: 180 minutos |

La fácil mercantilización del cuerpo, y la conquista progresiva de la personalidad, encuentran en esta serie anglosajona un terreno fértil para hacer un retrato social de nuestros tiempos, a veces exagerado, absurdo o dramático, pero no muy cómico.

Adult Material es una tragicomedia en dos actos que sobresale por sus situaciones hilarantes y absurdas, y el rastro amargo y triste que dejan detrás. También podría ser una sadcom, variante del popular término sitcom propuesta en 2016, si admitimos que la serie pivota sobre los mismos lugares (el estudio porno, la cafetería y la casa de Jolene/Hayley, entre otros). De una forma u otra, la serie creada por Lucy Kirkwood muestra algunos de los entresijos de la industria pornográfica, cuya relación con su público es paradójica, e inversamente proporcional: a mayor consumo de escenas y vídeos, sobre todo ahora con la facilidad de internet, menor conocimiento de la realidad que hay tras el telón. Hace apenas unos días, por ejemplo, medios como The Guardian informaron de la purga que habían sufrido algunas páginas, entre ellas Pornhub, ante acusaciones y dudas, más que razonables, de abusos y escenas con menores. De esta manera, el contenido se redujo de trece millones de vídeos a tan solo cuatro, y apunta nuevas maneras de verificación y subida de contenido[1].

Como en otras series, libros o películas de esta última década, el tema central es la identidad, y la incapacidad de hacer malabares a largo plazo con varias facetas que demandan cada vez más tiempo y esfuerzo. Por las mañanas, en el trabajo, el personaje interpretado por Hayley Squires es Jolene Dollar, una estrella porno madura o milf con experiencia en la industria, mientras que el resto del día es Hayley Burrows, ama de casa, madre de tres hijos y esposa. Sin embargo, llega un momento en el que solo puede ser, o debería ser, una sola persona. La bifurcación, que narrativamente no es nueva, trae como consecuencia algunas novedades y reflexiones inesperadas, sobre todo, porque no se limita al gesto de decidir.

No tenemos aquí un momento heroico, acompañado de una música leve e inspiradora, o una elección en la que la narración sigue hacia delante, sin más, como si todo lo anterior no importara. La decisión de luchar de Jolene Dollar, además de descabellada y casi inasumible por los hechos de los dos primeros capítulos, muestra el reverso de la identidad. No se trata aquí de reclamar solamente un sitio o una serie de derechos, sino de mostrar que los personajes son, literalmente, devorados por su propia forma de ser. Quieren liberarse, pero a la vez están atrapados en su propia educación, traumas, dolor y economía, sobre todo esta última, que los fuerza a desprenderse de sus ansias de independencia. Por eso, algunos de los momentos más decisivos de la serie ocurren cuando Jolene se mira en el espejo para comprobar que sigue ahí, que su vida no es ficción de serie B. Ella se reconoce, sabe cuál es su realidad, pero decide negarla, negarse su faceta más cotidiana, para interpretar un papel cada vez más desajustado e incoherente. En ese desequilibrio la historia encuentra sus puntos álgidos, y despliega toda la incomodidad que puede para provocar reacciones en el espectador.

Si hubiera que resumir las intenciones de Adult Material, bien podría decirse que es en el compromiso donde confluye toda la historia, y cómo los personajes se hacen responsables, o ignoran, la situación de los demás.

De nuevo, como por arte de magia, el dinero es el origen de todos los problemas, especialmente a través del consentimiento «real» o no de las escenas sexuales. Y vale la pena enfatizar esa palabra, «real», porque son las cantidades a pagar las que, muchas veces, pervierten o transforman las reglas del juego. En este caso, el estudio le ofrece un extra a Amy (joven amateur emocionalmente inestable interpretada por Siena Kelly) por hacer una escena anal, y es esa confrontación entre la afirmación por necesidad, y la negación verdadera, la que va complementando ese juego de apariencias que todos los personajes odian, pero en el que participan activamente para no perder poder o placer.

Desde una lectura más política, la relación economía-desánimo/depresión ha sido una de las estrategias más efectivas del neoliberalismo. Esta dinámica ha sido el principal objeto de estudio del crítico musical y editor anglosajón Mark Fisher, quien, en Los fantasmas de mi vida, le atribuye un papel activo a esta condición: «El poder de clase ha dependido siempre de un tipo de impotencia reflexiva; mientras que las creencias de clase subordinada sobre su propia incapacidad para actuar refuerzan esa misma condición […] El depresivo, completamente dislocado del mundo, está en una mejor posición para experimentar la destitución subjetiva que alguien que piensa que en el orden actual hay algún tipo de hogar que todavía puede ser preservado y defendido»[2].

De hecho, esta tensión entre la autenticidad de los personajes y los hechos, y la realidad comercial y empresarial que hay detrás, queda perfectamente ejemplificada en Caroll Quinn, amigo de Jolene y a la vez productor del estudio interpretado por Rupert Everett. Sin desvelar la trama, esto sucede cuando va a hablar con sus superiores sobre cómo él quiere que se resuelvan algunas cosas, y las respuestas tajantes y agresivas que va recibiendo. Su posición es la del nihilismo, con todas sus consecuencias, llegando a recordar en algunos momentos a la famosa El gran Lebowski (Joel Coen, 1998). De una forma u otra, lo que Adult Material refleja a la perfección es que el problema, aunque parece personal, es simplemente estructural. Esa cuestión, sin embargo, no es solo física: también involucra a las redes sociales, en la medida en que Jolene se muestra para captar seguidores, y, como en otras facetas de su vida, mostrarse fuerte y decidida ante lo que pueda venir.

Los bodegones recuerdan la debilidad de la carne.

Los bodegones son recurrentes en los primeros compases de la serie, y sirven para hacer un contraste directo con la aparente dulzura y optimismo de las protagonistas y los ambientes en los que se mueven. Los primeros planos de la comida poco apetitosa, incluso putrefacta, funcionan muy bien a modo de memento mori contemporáneo: la vida es pasajera, incluida la carne. Por eso estos planos están acompañados de detalles de partes femeninas, que dotan a la serie de un barroquismo en el sentido literal (el elogio y la decadencia de lo físico), y estilístico (la exageración de las interpretaciones y las situaciones, como que Jolene lleve un parche piratesco en un ojo al contraer una enfermedad venérea).

El lado familiar también está representado, aunque la brevedad de la serie solo permite que los acercamientos y diferencias entre Hayley y el resto solo estén esbozados. En ese sentido, la serie sacrifica la complejidad y el fondo de algunos personajes y temas secundarios para concentrar toda su energía en Jolene y su evolución a lo largo de los cuatro episodios: desde las conversaciones banales y falsamente positivas, a la crudeza final que se va astillando hasta dejar la esencia de la trama. De este modo, si hubiera que resumir las intenciones de Adult Material, bien podría decirse que es en el compromiso donde confluye toda la historia, y cómo los personajes se hacen responsables, o ignoran, la situación de los demás. Con sus luces y sombras, Kirkwood plantea una serie de características incómodas que, más allá del porno, dibujan un retrato social contemporáneo pasajero, a veces divertido, pero difícil de asumir.


  1. The Guardian, «Pornhub removes millions of videos after investigation finds child abuse content», https://www.theguardian.com/technology/2020/dec/14/pornhub-purge-removes-unverified-videos-investigation-child-abuse[]
  2. Mark Fisher, «Políticas de la des-identidad», en Los fantasmas de mi vida. Escritos sobre depresión, hauntología y futuros perdidos (Buenos Aires: Caja Negra, 2019), pp. 268, 272.[]


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Texto de Héctor Tarancón Royo | © laCiclotimia.com | 24 enero, 2021
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Texto de Héctor Tarancón Royo
© laCiclotimia.com | 24 enero, 2021

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