Conan cumple 50 años en Marvel
| La espada salvaje de la ideología

Conan el bárbaro cumple 50 años en Marvel Cómics. Repasamos la vida de su creador, Robert E. Howard, así como la filosofía que envuelve al personaje de Cimmeria.

«Y aquí llegó Conan, el cimmerio. El pelo negro, los ojos sombríos, la espada en la mano, un saqueador, un asesino de gigantes melancolías y gigantescas alegrías, para pisotear con sus sandalias los enjoyados tronos de la Tierra». Robert E. Howard

En 2020 se cumple el cincuenta aniversario de la línea editorial de Conan el Bárbaro para Marvel. La editorial impulsó al personaje creado por Robert E. Howard llevando la fantasía épica al noveno arte, creando nuevos personajes, historias y paisajes nunca antes vistos en el mundo del cómic.

Conan nació en la mente de Howard a principios del siglo pasado, más concretamente en la entrada de los años 30. El escritor —quien naciera en 1906 en Texas— no tuvo nada fácil la primera etapa de su vida: una vida casi nómada, en una familia conservadora, donde los enfrentamientos escolares reflejaban el día a día en el colegio. En  1924 comienza a publicar para la revista Weird Tales, donde conoce a su amigo —y también maestro— Howard Phillips Lovecraft.

Personajes de la literatura pulp.

Como punto de partida a la obra de Howard destaca la influencia de la literatura pulp, considerada más bien movimiento artístico. Su fama recorrió el final del siglo XIX hasta los años 50 del siglo que viera nacer al cimmerio. En la temática cabía desde la ciencia ficción, pasando por el terror y el suspense, así como también la acción. Las obras pulp —consideradas precursoras del cómic— también se caracterizaban por llamar la atención por medio de portadas llamativas. Siendo un adolescente, Howard encuentra su refugio en esa literatura: allí podía alejarse del acoso escolar y enfrentarse a todos los demonios de su infancia, eso sí, por medio de la violencia. Escribió a varias revistas con distintas propuestas, pero siempre fue rechazado. Años más adelante, compaginando su pasión por la escritura, junto con otros trabajos de menor valor añadido, el escritor se labró un hueco dentro del universo pulp. Sus historias, plagadas de mitología, crecerían y crecerían entre sus admiradores, creando un universo ficticio que a día de hoy sigue dando sus frutos. Sin embargo, la historia del fallecimiento de Howard es bastante triste. Debido a la ultimación de una enfermedad terminal contra la que su madre luchaba, esta cayó en coma. Una vez le comunicaron a Howard —que tan solo tenía 30 años— que su madre no despertaría, éste se suicidó en el mismo aparcamiento del hospital.

Conan representaría la voluntad del individuo en su ascensión social en nuestra civilización, no por medio del ideal liberal de crecimiento auto labrado, sino más bien a través de la destrucción y el aprovechamiento de la debilidad del contrario.

De sobra es conocido que Roy Thomas fue el responsable de llevar al cimmerio a Marvel, haciéndole superar en ventas a numerosas grapas de la época, que durante los años 70 vivió su mayor éxito. Al principio se barajaron varios nombres que cubrirían la demanda de la rama de la Espada y brujería, dentro a su vez del género de la ciencia ficción: Thongor, Kull y Conan. Tras establecer contacto con los herederos de Conan, ambas partes llegaron al acuerdo de poder presentar al personaje dentro de las tiras cómicas siempre y cuando se trataran de historias completamente nuevas y la familia Howard recibiera 200 dólares por cada aparición del personaje. El primer número de Conan The Barbarian salió a finales de los años 70, el cual llevaba a Thomas como guionista y a Buscema a los lápices.

Conan, el bárbaro.

Años más tarde llegaría la entrada de Conan a las salas de cine. El encargado de interpretar al cimmerio fue Arnold Schwarzenegger en Conan, el bárbaro (John Milius, 1982) seguida por Conan, el destructor (Richard Fleischer, 1984). Hasta el año 2011 no se volvería a ver al personaje de nuevo reinterpretado en la pantalla. Esta vez encarnado en Jason Momoa, la cinta recibió muy mala crítica y escaso éxito en taquilla.

Más allá de la creación ficticia y del propósito de entretenimiento, actualmente existe una corriente de autores que trata de desgranar la filosofía que se encuentra detrás del componente editorial —y también audiovisual— de las obras artísticas producidas. Uno de los primeros encontronazos con la filosofía en este tipo de obras (quizá por su componente visual, que hace más fácil su entendimiento) es la llamada «ideología». La característica fundamental de la ideología no sería el hacer hincapié en su definición (clasificando las obras en si son ideológicas o no) si no en mostrarla —o más bien señalarla—. Una definición que no contemplaría la ideología completa, por lo que no nos centraremos en este aspecto.

J. R. R. TolkienRobert E. Howard.

«La presencia del bárbaro en el trono significa que cualquier ciudadano anónimo puede gobernar, a condición de que no se crea respaldado por ninguna autoridad simbólica. Este gobierno de cualquiera es fundamental para entender la democracia en toda su radicalidad». Jesús García CívicoThémata. Revista de Filosofía No55 (2017)

Citando al escritor Charles Hoffman, el mismo reivindica y asocia la obra de Howard a una de las corrientes filosóficas más importantes del siglo XX: el existencialismo. La obra se enmarcaría en la constelación ideológica y filosófica del turbulento siglo XX. Según Jesús García Cívico: Hoffman identifica el existencialismo de Howard en torno a la tesis sartriana de «la existencia precede a la esencia», el «absurdo de la existencia humana» en Camus y la negación del concepto de naturaleza.

La tesis fundamental de esta perspectiva, a diferencia de otros autores de la época, como pudiera ser J.R.R. Tolkien, es la ausencia de un «destino del héroe», tal y como decía Charles Hoffman en Conan The Existential: «En cada una de las historias de Howard, Conan crea y soporta su propio destino. Cuando Conan se convierte en rey, no está realizando un papel determinado por el destino; al contrario, él aprovecha la oportunidad para autoproclamarse rey».

Conan es guiado por las necesidades a través de todo tipo de oficios. Llega a ser pirata, ladrón y mercenario, pero sin un proceso de «fin último» y desprovisto de ningún tipo de profecía. El antihéroe rechaza toda ética y justifica el desencanto del mundo a través de la espada, y por tanto, rechazando cualquier tipo de ideología (sería algo así como un «nihilista activo»).

En definitiva, Conan representaría la voluntad del individuo en su ascensión social en nuestra civilización, no por medio del «ideal liberal» de crecimiento auto labrado, sino más bien a través de la destrucción y el aprovechamiento de la debilidad del contrario… también dentro de esa idea liberalizadora, con menos propaganda, pero más visible en nuestra sociedad.




  • 106
  •  
  •  
  •  
Texto de Adolfo M. Rodríguez | © laCiclotimia.com | 19 septiembre, 2020
  • 106
  •  
  •  
  •  



Texto de Adolfo M. Rodríguez
© laCiclotimia.com | 19 septiembre, 2020

¿Quieres recibir semanalmente nuestro nuevo contenido?