Clara y Claire
| Liberación de conciencia a base de clic

Francia, 2019 | Dirección: Safy Nebbou | Título original: Celle que vous croyez | Género: Drama, Romance | Productora: Diaphana Distribution | Guion: Safy Nebbou, Julie Peyr (Novela: Camille Laurens) | Fotografía: Gilles Porte | Edición: Stéphane Pereira | Música: Ibrahim Maalouf | Reparto: Juliette Binoche, Charles Berling, François Civil, Nicole García, Guillaume Gouix, Jules Houplain, Claude Perron, Marie-Ange Casta | Duración: 101 minutos | | Disponible en:  Movistar+  

Francia, 2019 | Dirección: Safy Nebbou | Título original: Celle que vous croyez | Género: Drama, Romance | Productora: Diaphana Distribution | Guion: Safy Nebbou, Julie Peyr (Novela: Camille Laurens) | Fotografía: Gilles Porte | Edición: Stéphane Pereira | Música: Ibrahim Maalouf | Reparto: Juliette Binoche, Charles Berling, François Civil, Nicole García, Guillaume Gouix, Jules Houplain, Claude Perron, Marie-Ange Casta | Duración: 101 minutos |

Juliette Binoche consigue atraparnos una vez más en este drama francés sobre los designios de la edad y la tecnología.

Una yo más joven, más guapa, más delgada, más activa, más dinámica, más atrevida, más arriesgada. Una yo menos tímida, menos vieja, menos resentida, menos abandonada, menos olvidada… una yo menos yo. Una yo que guste, que atraiga, que enganche… una yo de verdad. ¡Una yo virtual! Sin problemas, sin compromisos, solo hablar para hablar… evasión sin daños colaterales.

Clara y Claire (Safy Nebbou, 2019), traducción al castellano del drama francés Celle que vous croyez, muestra una realidad en dos tiempos —consecuencia y causa— a través de una duplicidad identitaria que maquilla una realidad a caballo entre la vida en la red y charlas de hospital.

Claire Millaud (magistralmente interpretada por Juliette Binoche) habla; la Doctora Catherine Bormans (Nicole García) escucha, anota… y pregunta. Sustituyendo al psicólogo de Claire, Bormans necesita contexto, al igual que el espectador. Claire responde. Su progreso y bienestar dependen de su honestidad.

Todo empieza con un perfil: nombre, profesión, edad. Datos neutros que informan demasiado. Claire es una profesora de literatura que ronda los cincuenta y se siente sola. Divorciada, con dos hijos y un ligue que no le presta toda la atención que ella requiere, decide probar suerte en Internet… creando a Clara. No es que vaya a dejar de ser ella, es que va a ser una versión mejor, más joven y más guapa. Los límites de la verdad pueden desafiarse con un solo clic.

Claire se potencia siendo Clara.

Contando cómo ha llegado a terapia, Claire habla de Ludo (Guillaume Gouix), su amante errante, que prefiere divertirse con los suyos antes que actuar como el novio postizo de una señora que le da poco más que sexo. Claire está harta de sus años, del lastre parental y del rechazo que conlleva. Quiere ser libre. Ansía vivir y volver a sentir, pero no puede. No sabe cómo saciar esa sed de venganza. Aspira a embelesarse con lo repudiado, deshacerse de las ataduras de su rol siempre sumiso en la pareja. Ahora le toca a ella dominar, y la solución se encuentra en Álex (François Civil), el amigo guapo de Ludo.

Mediante la analepsis que Claire recrea en las sesiones, se puede ver cómo el anhelo de juventud que creía necesitar para reactivarse en vida, se equilibra con la belleza y alegría de Clara —la Claire virtual, la de Facebook, la que seduce a Álex—. Su cosmos digital representa todo lo que su ser codicia, es ella misma sin serlo. Aunque con una imagen distinta, su voz permanece inalterable. Firme pero extasiada. Todo en uno, la lozanía propia de la juventud junto con la experiencia de la cuarentena; calma y temple de una profesora en estuche nuevo.

No obstante, un inicial chat esporádico se transformó en una conversación contante, casi obsesiva. El entusiasmo no se finge, ya no. Los 24 se viven, la pretensión ha terminado. Por ejemplo, cuando el claustro se reúne, la maestra tímida y retraída no se siente en una fiesta. Sabiéndose Clara, Claire bebe y baila, como los demás. Sin cesar, centro de todas las miradas, solo una escena «Bar Coyote» culminaría todo ese fulgor adolescente. El frenesí nocturno se lleva al extremo, la esencia de Álex se materializa en los susurros que la tecnología permite, y toda la adrenalina cohibida se desata bajo la luna del coche. Tácitas caricias incrementan gemidos más allá del clímax. Claire se potencia siendo Clara… y el amor aparece.

Fotos, audios, vídeos y llamadas 24/7 aumentan el deseo de conocerse en persona. No hemos dejamos de ser humanos. El físico late y el encuentro no se puede postergar eternamente. ¡Pavor! La fantasía de Claire se derrumba…

¿Cuál fue realmente la mentira de Claire, fingir ser modelo de revista? ¿Acaso nadie desea modificarse, parcialmente al menos? Infinidad de vidas paralelas son posibles sin saber muy bien cuál de todas las escenas es la más real.

Al principio, muy sutilmente, Claire comenta que los ficheros que enviaba habían sido descargados de Internet. Puesto que una documentación tan específica no es fácil de encontrar, el nerviosismo de Claire se acrecienta ante unas preguntas cada vez más inquisitivas. Su dulzura se agrieta; no es agradable confesar que Clara, más que un producto de su imaginación, es en realidad alguien con nombre y apellidos: su sobrina.

Tiempo atrás, la familia Millaud aumentaba con la adopción de la pequeña Katia (Marie-Ange Casta). Sus padres habían muerto en un accidente de tráfico y su tía Claire era la mejor opción. La niña florece y sustituye a «mamá» al ennoviarse con el que hasta entonces había sido como un padre para ella. La belleza y simpatía de Katia destronan a Claire como referente, ante sus hijos, su marido, y la sociedad en general. Esbeltez y vitalidad se convierten en punto de no retorno. Claire está acabada.

El divorcio tiñó de gris su mundo. La tristeza y el resentimiento se mostraban en cada palabra, se sentía desdichada. Durante años el despecho la había dominado, pero ahora Clara le permitía drenar su amargura. Con ella, la entonces Sra. Millaud brillaba; su ausencia bloqueaba su existir… también en la ficción.

En una de las tareas que la doctora Bormans propone, Claire ha de redactar su historia. Ha de plasmar su verdad en un ejercicio de abstracción que le permita tomar perspectiva de la realidad en la que se ha sumergido. La pulcritud del folio no censura ni exige la misma instantaneidad que un chat, permite alzar la reflexión al lugar que le corresponde. Pero no. Ni Clara, ni Claire, ni ningún ego alternativo comen perdices; no se consiente final feliz alguno. A pesar de que Claire pueda eclipsar a Clara, incluso ocultarla; no lograría desvanecerla. La fusión de identidades se ha consolidado.

Con la culpa interiorizada y sin atisbo de redención, Claire no era capaz de mostrarle al mundo lo que había hecho, y muchísimo menos a su querido Álex. Ahí no mentía. El amor era cierto, la fuerza del avatar Álex-Clara era demasiado intensa para enjaularse entre pantallas. El deseo por verse se hacía incontrolable. Sin embargo, una cita para él suponía toda una odisea para ella.

Terminal ferroviaria como ultimátum.

Así las cosas, unas súplicas vestidas de exigencias tomaron la terminal ferroviaria como ultimátum. Mientras Clara espera impaciente la llegada de Álex, la cobardía de Claire impide que la pasión adolescente se desate. Tamaño desplante deja a Álex sumido en la desidia. Una desazón nunca antes experimentada le desgarra el alma —archivo no identificado—.  

El impacto de no revelarse ante Álex hizo que Claire se percatara de su adicción al chat. Necesitaba desconectar, apagar el móvil y volver a ser una. Pero el tiempo pasaba y la huella de Álex no se esfumaba. Decidida, y habiendo encarado una valentía más que olvidada, retoma el contacto con Ludo para saber así del guapo de su amigo. Mas el mundo se desencanta una vez más cuando el suicidio de Álex sale a relucir. La evasión, entonces, sería real. Su cuento había llegado demasiado lejos.

La sustitución de la doctora llega a su fin, y con ella la confidencialidad médico-paciente. Fuera de la clínica, Bormans, buscando datos que contrasten la versión de Claire, descubre que la muerte de Álex no fue más que una treta, un castigo que Ludo ideó contra Claire por haberse atrevido a engañarle. Álex ahora era feliz y estaba esperando un hijo, con una «mujer de verdad».

¿Cuál fue realmente la mentira de Claire, fingir ser modelo de revista? ¿Acaso nadie desea modificarse, parcialmente al menos? Infinidad de vidas paralelas son posibles sin saber muy bien cuál de todas las escenas es la más real. Bien por miedo, diversión, interés o inconsciencia, las pantallas conceden una serie de licencias no siempre aptas entre los humanos de a pie. La falsa penitencia de Claire está dominada por una culpa de fraude que no es más utópica que una falta de confianza y autorrealización. Al vivir con Clara lo que con Claire no se atreve, la señora Millaud entrena un sentimiento de afecto negado, en aras de una correspondencia plena; pues la edad no deja de ser una mera herramienta mental distorsionadora de límites.




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Texto de Bárbara Fernández Mastache | © laCiclotimia.com | 5 junio, 2020
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Texto de Bárbara Fernández Mastache
© laCiclotimia.com | 5 junio, 2020

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