Círculo
| Oda a los estereotipos

Estados Unidos, 2015 | Dirección: Aaron Hann, Mario Miscione | Título original: Circle | Género: Thriller, Ciencia ficción | Productora: Taggart Productions / Votiv Films | Guion: Aaron Hann, Mario Miscione | Fotografía: Zoran Popovic | Edición: Tom Campbell | Música: Justin Marshall Elias | Reparto: Julie Benz, Michael Nardelli, Carter Jenkins, César García, Kaiwi Lyman, Matt Corboy, Lawrence Kao, Lisa Pelikan, Jordi Vilasuso, Molly Jackson, Allegra Masters, Mercy Malick, Rivka Rivera, Daniel Lench, Sara Sanderson | Duración: 87 minutos | | Disponible en:  Netflix  

Estados Unidos, 2015 | Dirección: Aaron Hann, Mario Miscione | Título original: Circle | Género: Thriller, Ciencia ficción | Productora: Taggart Productions / Votiv Films | Guion: Aaron Hann, Mario Miscione | Fotografía: Zoran Popovic | Edición: Tom Campbell | Música: Justin Marshall Elias | Reparto: Julie Benz, Michael Nardelli, Carter Jenkins, César García, Kaiwi Lyman, Matt Corboy, Lawrence Kao, Lisa Pelikan, Jordi Vilasuso, Molly Jackson, Allegra Masters, Mercy Malick, Rivka Rivera, Daniel Lench, Sara Sanderson | Duración: 87 minutos |

Un temerario juego social en el que 50 vidas se disputan cada 120 segundos.

Y de repente, despiertas. De pie. Rodeado de 49 personas a las que no conoces absolutamente de nada. Sorpresa, murmullo, desconcierto. ¡Pum! Alguien se desploma y muere. Gritos, lamento, espanto. ¡Pum! Otro más al suelo. Alaridos, incertidumbre, ¿qué es est..? ¡Pum! Y van cuatro. Uno cada dos minutos. Desorientación total.

Una flecha individual se dibuja frente a quien señalamos. Se escoge ladeando la mano y la decisión se cierra con el puño. Uno sólo puede ver la suya, y la descarga la recibe quien más flechazos haya parado. Aparentemente imperceptible. Voto individual, secreto, confidencial y anónimo. Susurros y cuchicheo por doquier; no hay tiempo para la lírica.

En Círculo (Aaron Hann y Mario Miscione, 2015), thriller psicológico de apenas hora y media, Aaron Hann y Mario Miscione retratan cómo los estereotipos más profundos de nuestro ser dominan decisiones vitales tomadas bajo la más absoluta de las presiones. El juego está en no ser elegido. Pero, ¿cómo hacerlo?

En el libro Convence y vencerás (Alienta, 2017), Antonio Fabregat —mejor orador universitario del mundo— expone que el tiempo ideal realmente disponible para ganarse la confianza del auditorio es de 30 segundos. En el Círculo uno muere cada 120… ¡sobrados! Teniendo en cuenta que el argumento razonado, la claridad expositiva y la oratoria adaptada al contexto son las claves de la elocuencia, ¿cómo captar la atención para sobrevivir? Mujeres y niños primero, eso está clarísimo. No obstante, sólo uno puede salvarse. Y quiero ser yo. No va a quedar el futuro de la humanidad en unas hormonas revolucionadas o aún por desarrollar. No, no. El tiempo apremia y quiero salvarme. ¿Cómo demostrar interés?

Mujeres y niñas primero.

¡Pum! Otro más. Esa chica se ha expuesto demasiado. A nadie le interesa que sea madre soltera; cómo se gana la vida es algo que muchos no aprueban. Puede que sea mejor optar por no hacerse notar. ¡Pum! El gordo ha caído, y eso que no ha abierto la boca en la media hora que llevamos achicharrando gente. ¡Otro! Pobre, ese no hablaba inglés y costaba demasiado hacer de traductor. Habrá que resultar útil.

Las mayorías se van formando. Uno de los bandos apuesta por ir cargándose a gente poco a poco, con la intención de dejar a la embarazada y a la niña para el final. Y que luego ellas, llegada la hora, se sacrifiquen, o no. El otro dice que no es justo; todos tenemos el mismo derecho a salir. Comienza la batalla. ¡Pum! El camionero cae y los blancos vuelven a ser mayoría. Esto no me gusta, no quiero que me maten por ser negro. 1, 2, 3… Hay varios inmigrantes. Pero yo he nacido aquí, no quiero que me metan en otro saco. ¡Pum! La mujer calva al suelo, el cáncer no soportaría la invasión.

Pero esto de jugar a ser Dios cansa. ¿Voluntarios, por favor? ¿Nadie? ¿Ningún alma caritativa que dé un paso al frente para que yo me pueda salvar?

El listo de turno, el único que se ha leído el manual de este juego suicida, dice que hemos sido puestos aquí por alienígenas. Nos invaden y sólo uno de cada Círculo determinará la continuidad de la especie, pues simultáneamente se juegan varias partidas, no somos los únicos. Ésta es la última oportunidad de seguir respirando. Tempus fugit. Necesito un golpe de efecto.

¡Pum! La lesbiana al suelo. Si es que hay de todo en esta sociedad. Al congresista eso no le gusta, pero dudo mucho que haya utilizado todos los argumentos que ha empleado aquí para ganar votos. Igual que el cura, fijo que en sus sermones no era tan inquisitivo. O quizá sí, quien sabe. Lo que está claro es que no son decisiones muy profundas. Siempre parece caer el que no le gusta a la mayoría, y ahora la tienen los hippies. Parece que la nena está de suerte.

Pero esto de jugar a ser Dios cansa. ¿Voluntarios, por favor? ¿Nadie? ¿Ningún alma caritativa que dé un paso al frente para que yo me pueda salvar? ¡Gracias, chaval! Pero, ¿ahora…? ¡Pum! Si las decisiones no se toman a tiempo, el sistema, el azar, decide por nosotros; estos aliens no se andan con tonterías. Seremos más astutos, vamos a votar por igual: empate. ¡Pum, pum! No, mala idea. Mejor nos matamos de uno en uno, que en parejas perderíamos el doble de tiempo.

¡Parejas! Eso es, ¡juguemos la carta del amor! Por favor, matadme sí queréis pero que mi mujer viva. ¡A tope con la caballerosidad! Pero todo el mundo tiene a alguien, no creo que ésto dure, puede que caduque pronto. Tarán, ¡Pum! Nos han descubierto. La señora de enfrente hace gestos muy raros, ¿estará loca? Y, ¿ese viejito? Parece muy adorable, pero no creo que resistiera en la «nueva normalidad». Jóvenes primero, derrochan vitalidad.

Procedimiento de votación: 1. Eliges ladeando la mano. 2. Seleccionas cerrando el puño.

Hay que poner orden, de alguna forma. No he estado luchando díez años en Afganistán para que un grupo de ineptos decida que termine aquí. El policía seguro que me ayuda, las fuerzas del orden siempre se han apoyado. Esa es demasiado excéntrica, fijo que no es un buen modelo, sea lo que sea que eso signifique ya. ¡Pum! Caray con el niño, para ser tan imberbe sabe cómo manejar la situación. Lidera el bando de la embarazada, quedará con ellas hasta el final para suicidarse después… no sin antes darles ánimos.

Puede que en el momento de abrir los ojos no fueras consciente de las decisiones que ibas a tomar. Tan simples, tan duras, tan crueles. El exceso de dinamismo y frenesí de las rondas no daban lugar a la reflexión. Las descargas no entienden de ética, y es tu vida la que está en juego. Miedo, religión, política, fe, sexo, piel… todas las incongruencias que evitamos adoptar en la vida cotidiana adquieren una firmeza hasta ahora insospechada. Toda una oda a los estereotipos, pues, cuando no hay tiempo para nada más que para ladear la mano, son ellos quienes determinan cerrar el puño.

Los minutos finales ponen de manifiesto la amabilidad y pureza humana. Toda una serie de niños y embarazadas listos para perpetuar la raza…salvo dos o tres. Siempre hay alguien que consigue tergiversar las reglas del juego aún actuando sin información previa. El ingenio y la picaresca se acentúan en tiempos de guerra. Batallas de 90 segundos en las que se decide tu futuro. La opción es clara: convence o morirás.




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Texto de Bárbara Fernández Mastache | © laCiclotimia.com | 27 mayo, 2020
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Texto de Bárbara Fernández Mastache
© laCiclotimia.com | 27 mayo, 2020

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