Chris Cornell
| Caído en los días negros

Chris Cornell hoy hubiera cumplido 56 años: aquí nuestro pequeño homenaje al rey del grunge siempre inspirado por la pérdida.

Aunque en La Ciclotimia hemos decidido recordar a uno de los barones del grunge el día de su nacimiento, por desgracia el nombre del vocalista se hizo conocido para muchos más que por los logros que obtuvo a lo largo de su carrera, por las trágicas circunstancias que marcaron el final de su vida. La voz más potente del grunge, que nunca se negó a explorar otros estilos, nos abandonó hace ya tres años, en una complicada coyuntura cuyos detalles nunca se han llegado a aclarar del todo. Frente a la postura de la esposa de Cornell, Vicky, que siempre ha afirmado que el suicidio de su marido tuvo que ser un accidente porque Cornell tenía una vida feliz, nos encontramos con una trayectoria vital marcada por la pérdida a la que, sin embargo, este legendario vocalista logró dotar de belleza gracias su talento y, sobre todo, gracias su esfuerzo y trabajo constantes. 

Desde el lanzamiento en 1987 del primer EP de Soundgarden, banda con la que el siatelita saltó a la fama, Cornell no ha parado de publicar música de manera casi ininterrumpida a lo largo de los 30 años que componen una de las carreras más fructíferas del panorama del grunge: a los seis álbumes que publicó con Soundgarden hay que añadir los tres que componen la discografía de Audioslave, las numerosas colaboraciones con artistas como Alice Cooper o Slash y, sobre todo, los cinco discos en solitario del artista a través de los cuales Cornell, con los años, llegó a adoptar un registro acústico que alcanzó su cénit en la gira que llevó a cabo en el año 2011. La serie de conciertos de este tour, recopilados en el álbum Songbook (2011), contaron con un aura íntima y especial producto de la versátil voz de barítono de Cornell que, por su extensión vocal de tres escalas y media, llegó a alcanzar el noveno puesto en el ranking de mejores cantantes de la historia del rock que elaboraron los lectores de Rolling Stone en el año 2009. En Songbook, encontramos impecables versiones en formato acústico de antiguos temas cantados por Cornell como Fell on Black Days de Soundgarden o Doesn’t remind me de Audioslave, interpretados esta vez con una sensibilidad especial que quizá emana del austero dúo guitarra acústica-voz que hizo únicos los conciertos de la gira. ¿Es que en sus últimos años de carrera Cornell renunció al pesado sonido del grunge? ¿El compositor de himnos con un sonido tan potente como My Wave o Spoonman realmente había madurado y había dejado atrás ese movimiento tan intrínsecamente juvenil que invadió Seattle en los años 90?

En el centro de la fotografía, con Soundgarden en 1989. Getty | Krasner/Trebitz

Es difícil responder a esta pregunta 26 años después de la muerte de Kurt Cobain. De hecho, aunque el grunge se convirtiese en un fenómeno de escala global, este movimiento, con todas sus implicaciones y profundidad, solo llegó a ser entendido de manera genuina por los jóvenes músicos que encontraron en la distorsión y las guitarras pesadas una válvula de escape para las preocupaciones de la «generación X». Aunque el sonido grunge es fácilmente replicable, ni la prensa, ni los productores ni tampoco las bandas de post-grunge posteriores consiguieron resucitar el espíritu del grunge de Seattle, que se debe entender más como una circunstancia concreta que como un movimiento universal y extrapolable a otros ámbitos geográficos y temporales. Ya en 1988 Cornell se lamentaba del trabajo que había realizado el productor del álbum debut de Soundgarden Ultramega OK al considerar que el profesional elegido por la discográfica SST Records «no entendía nada de lo que estaba sucediendo en Seattle». Lo cierto es que, a la hora de escucharlo, no importa el formato o el sonido que escoja Cornell, pues el vocalista, con su sensibilidad especial, siempre entendió el grunge a la perfección y empleó la música en muchas ocasiones para afrontar la pérdida y saber decir adiós.

Nacido en Seattle en 1964 con el nombre de Christopher John Boyle, el futuro frontman de Soundgarden adoptaría el apellido materno después de la separación de sus padres. La ruptura del matrimonio afectó profundamente a Cornell que, durante su juventud (y a lo largo de toda su vida), se enfrentó a una terrible depresión que le llevaba a pasar grandes temporadas sin salir de su casa. Los abusos de sustancias y las adicciones también condicionaron en gran medida la vida del vocalista, que ya a los doce años comenzó a consumir marihuana, LSD y hongos alucinógenos, quizá para afrontar el dolor y la soledad que marcaron su juventud. Si bien la batalla para superar estas adicciones fue dura, el abuso de alcohol fue el que más se prolongó en la vida de Cornell hasta su proceso de rehabilitación y desintoxicación en 2011: «De lo que más me arrepiento de cuando tocaba en Soundgarden o de todo lo que hice musicalmente en los 80 y 90 es de que bebía un montón», llegó a declarar en una ocasión el cantante al rememorar los primeros tiempos de su carrera. Aún en el momento de mayor apogeo de Soundgarden, cuando la banda estaba sometida a una mayor presión y carga de trabajo, Cornell acostumbraba a beber todo el tiempo. Sin embargo, el infierno del alcoholismo no pareció debilitar a Cornell en el plano artístico, pues tal y como llegó a contar, aún ebrio seguía siendo el músico que llegaba a tiempo a los ensayos y que siempre organizaba y ponía en marcha a la banda. Sin embargo, el alcohol sí que incapacitaba al cantante para componer, pues este se avergonzaba profundamente de las canciones que escribía cuando estaba borracho y llegaba a destruir los manuscritos que elaboraba bajo los efectos del alcohol para que nadie llegase a verlos jamás.

La principal vía de escape del joven frente a la adicción y la tristeza fue, como en tantas ocasiones, la música. Los Beatles cautivaron a Cornell desde el principio y conformaron la banda sonora de su adolescencia.

La principal vía de escape del joven frente a la adicción y la tristeza fue, como en tantas ocasiones, la música. Los Beatles cautivaron a Cornell desde el principio y conformaron la banda sonora de su adolescencia, en la que también hubo hueco para Alice Cooper y Lynyrd Skynyrd. En una entrevista para Los Ángeles Times en el año 1991, Chris habló acerca de la euforia que le hacía sentir la música de McCartney y compañía, y relató también cómo la obra musical de los de Liverpool llegó a sus manos: «Recuerdo robar una pila de discos de Los Beatles del sótano de mis vecinos. Ellos los habían dejado en el suelo y el sótano se inundó, y todas las portadas estaban deformadas. Así que cogí todos los discos y los coloqué entre servilletas de papel, los llevé a casa y los comencé a escuchar. Estuve sentado en mi habitación durante semanas escuchando esos discos».

La escucha compulsiva de estos clásicos comenzó a construir la visión musical de Cornell, que pese a haber sido etiquetado durante gran parte de su carrera como cantante de grunge, siempre logró un sonido fruto de una gran mezcla de influencias. En sus primeros trabajos, Soundgarden, al igual que el grupo Alice in Chains, experimentó con un sonido pesado próximo al metal alternativo, en el que se notaba la influencia de grupos de heavy metal clásico como Led Zeppelin o Black Sabbath. Años después, el «toque Soundgarden» y el apartado lírico de las canciones de la banda sigue fascinando tanto al público general como a los expertos. El crítico musical Steve Huey, de la revista Allmusic, afirmó en 2017 que la música de Soundgarden era «sorprendentemente cerebral y artística para una banda que corteja al público del metal». Respecto a las letras del álbum Badmotorfinger, el guitarrista de la banda Mike Thayil afirmó en un artículo para la revista Guitar for the practicing musician del año 1992 que estas le hacían pensar en «una novela sobre el conflicto de un hombre consigo mismo y con la sociedad, o con el gobierno, o con su familia, o con la economía, o con lo que sea». Y es que Cornell se enfrentó al desencanto y a la apatía con la subjetividad que caracterizaba al grunge, pero quizá con unas letras ciertamente más poéticas y coloristas que las de sus coetáneos. Ejemplos de esta tendencia los encontramos en la canción que da nombre a este artículo, Fell On Black Days, o en otros temas que emplean metáforas e imágenes sugerentes como Like a Stone o Black Hole Sun. El propio Cornell habló de su estilo compositivo de la siguiente manera: «No hago canciones para hacer declaraciones. Lo que busco es pintar con las letras, creando imágenes coloridas. Creo que es lo que la música debería ser».

Sin embargo, el joven Cornell que acaba de descubrir a Los Beatles todavía estaba lejos de dedicarse a estas cuestiones. Después de juguetear con el piano y la guitarra, Cornell encuentra su pasión en la batería, después de que su madre«le salvase la vida regalándole un tambor»:  Tras optar por aventurarse a través de la senda del rock, Cornell comienza a cantar versiones de Los Ramones, Rush y AC/DC en un grupo de instituto llamado The Jones Street Band. Si la vida académica de Cornell cada vez va a peor, (el joven abandona el instituto para empezar a trabajar de cocinero en un asador), las piezas que conformarán el futuro musical del joven empiezan a encajar poco a poco: junto al bajista Hiro Yamamoto, Chris Cornell funda The Shemps, el germen del futuro Soundgarden. En 1984 se une al conjunto el guitarrista Kim Thayil y queda conformada la primera alineación del mítico grupo de grunge, que encontró la inspiración en un monumento tubular del Parque Magnuson de Seattle que emitía sonidos cada vez que era atravesado por el viento. Con Yamamoto al bajo, Thayil a la guitarra y Cornell a la voz y a las baquetas al mismo tiempo, el trío comienza a ensayar. Unos meses más tarde, Scott Sundquist se une al grupo como batería y Cornell se centra exclusivamente en su labor de cantante. A partir de este momento, el grupo comienza a dar conciertos y a ganar fama en el circuito underground de Seattle. Una de las actuaciones de la banda sorprende gratamente a Jonathan Poneman, un DJ local que, entusiasmado por el sonido que se estaba gestando en Seattle, termina juntándose con Bruce Pavitt y aportando 20.000 dólares para convertir el fanzine Sub Pop en una de las discográficas claves en el panorama alternativo de los 90: además de publicar los primeros EP’s de Soundgarden, en el seno de Sub Pop se gestaron también el Bleach de Nirvana y los dos primeros álbumes de Mudhoney, solo por citar un par de ejemplos de entre de los numerosos álbumes que editó este sello de culto.

Soundgarden desarrolló una carrera exitosa de diez años entre 1987 y 1997: en este período el grupo publicó cinco álbumes que no alcanzaron el nivel de ventas de Nirvana o Pearl Jam pero que siempre contaron con miles de adeptos y con el aplauso de la crítica. El mayor éxito comercial de la banda llegó en 1994 con Superunknown (1994), que para muchos es también es la cumbre creativa de Cornell y compañía, influidos en este trabajo por la música india y la música de Oriente Medio. El desgaste interno de la banda se empezó durante el proceso de creación del quinto álbum del grupo (Down on the Upside, 1996), en la que los desacuerdos creativos entre la banda y Cornell, que quería un sonido más acústico para el disco, generaron una tensión que terminaría por provocar la disolución de Soundgarden en 1997.

Se suele decir que del sufrimiento más profundo nace el arte más bello. Alejándonos de la romantización de las enfermedades mentales y las adicciones, nunca sabremos si Chris Cornell hubiera sido el mismo músico si hubiese tenido una infancia feliz.

Y es que para trabajar con un músico con tanto potencial como Cornell hay que pagar un precio: y este consiste en asumir que, sí o sí, una potencia creativa de tanto nivel querrá imponer su criterio en la mayoría de ocasiones, aunque sea de manera instintiva. Los «conflictos personales irreconciliables, además de diferencias musicales», según declaró Cornell en 2007, también acabaron con Audioslave, el exitoso grupo que conformó junto a varios exintegrantes de Rage Against the Machine en 2001, con el que publicó tres de los álbumes más aplaudidos del siglo XXI. En solitario, además de realizar giras y publicar álbumes, Chris Cornell aportó su portentosa voz en la banda sonora de varias películas, como en el caso de Grandes esperanzas (Alfonso Cuarón, 1998), Misión Imposible 2 (John Woo, 2000) y El soldado de Dios (Marc Forster, 2011). Sin embargo, en el mundo del cine Cornell será más recordado por su cameo como actor en la película Solteros (Singles) (Cameron Crowe, 1992) y, sobre todo, por su interpretación del tema You Know My Name para Casino Royale (Martin Campbell, 2006).

Se suele decir que del sufrimiento más profundo nace el arte más bello. Alejándonos de la romantización de las enfermedades mentales y las adicciones, nunca sabremos si Chris Cornell hubiera sido el mismo músico si hubiese tenido una infancia feliz. Sin embargo, resulta innegable que la pérdida ha inspirado siempre al artista, que elaboró dos de sus obras más especiales en homenaje a dos amigos fallecidos: Andrew Wood y Jeff Buckley. El primero, cantante del grupo Mother Love Bone y gran amigo de Cornell, fallecía en 1990 debido a una sobredosis de heroína. Apenas un año después, Cornell se une a los integrantes del grupo de Wood (que ya estaban armando su nuevo grupo Mookie Blaylock, que se convertiría en Pearl Jam) para formar Temple of The Dog, un proyecto singular que desapareció tras la grabación de su disco homónimo. Temple of the Dog (1991) se publicó autoeditado por los propios músicos y se grabó, sin tensiones ni prisas, durante dos semanas del año 1991 para homenajear al fallecido Andrew Wood. El resultado dio lugar de las obras maestras del grunge y del rock alternativo de todos los tiempos que, en cierto modo, ayudó a desencadenar una especie de catarsis en Cornell que, sin embargo, nunca llegó a superar del todo la muerte de su amigo. En este álbum, además, debuta como cantante de apoyo un joven Eddie Vedder que no tardará en hacer migas con Cornell. Tal y como se cuenta en el libro Grunge is Dead de Greg Pato, Cornell siempre trató de integrar al recién llegado Vedder en la escena de Seattle: en uno de los primeros conciertos de Mookie Blaylock, cuando todo el mundo seguía impactado por la muerte de Andrew Wood, Cornell inundó de positividad el ambiente cuando llevó en hombros a Vedder hasta el escenario. Y es que el grunge, pese a toda su sordidez y negatividad, terminó formando una comunidad que se conmovía ante tragedias como la de Wood y ante gestos como el que tuvo Cornell con la futura estrella de Pearl Jam. Seis años después de aquel concierto, moría ahogado en las aguas del río Wolf el legendario cantante Jeff Buckley a quien, en cierto modo, va dedicado el primer álbum en solitario de Cornell (Euphoria Morning, 1999). Resulta trágico pensar cómo una persona con tantos problemas como Cornell no solo tuvo que enfrentarse a sus propios demonios sino que tuvo que sufrir también las devastadoras consecuencias que, en muchos de sus amigos cercanos, trajo consigo el autodestructivo estilo de vida de los músicos de la época.

Si en el imaginario popular Cornell no ocupa un lugar tan destacado como Kurt Cobain es porque, como consumidores, aún abrazamos el ideal romántico del escritor maldito que el cantante de Nirvana sintetizó en una célebre frase de su nota de suicidio: «Es mejor arder que consumirse lentamente». Cornell no ardió en plena juventud ni alcanzó el estatus de mártir punk de Cobain, sino que en el transcurso de 30 largos años continuó trabajando para ser mejor artista y mejor persona. Cornell no se consumió lentamente, sino que ardió con la misma fuerza que siempre le caracterizó hasta que hace tres años, por desgracia, cayó en los días negros.




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Texto de Ángel Gómez-Lobo | © laCiclotimia.com | 20 julio, 2020
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Texto de Ángel Gómez-Lobo
© laCiclotimia.com | 20 julio, 2020

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