Cegados por el sol
| El falso mito de la tranquilidad

Italia, 2015 | Dirección: Luca Guadagnino | Título original: A Bigger Splash | Género: Drama | Productora: Frenesy Film Company / Studiocanal | Guion: Alain Page, David Kajganich | Fotografía: Yorick Le Saux | Edición: Walter Fasano | Reparto: Ralph Fiennes, Dakota Johnson, Matthias Schoenaerts, Tilda Swinton, Aurore Clément, Corrado Guzzanti, Alessandro Ferrara, David Maddalena | Duración: 124 minutos | | Disponible en:  Filmin   | Comprar DVD

Italia, 2015 | Dirección: Luca Guadagnino | Título original: A Bigger Splash | Género: Drama | Productora: Frenesy Film Company / Studiocanal | Guion: Alain Page, David Kajganich | Fotografía: Yorick Le Saux | Edición: Walter Fasano | Reparto: Ralph Fiennes, Dakota Johnson, Matthias Schoenaerts, Tilda Swinton, Aurore Clément, Corrado Guzzanti, Alessandro Ferrara, David Maddalena | Duración: 124 minutos | | Comprar DVD

El tranquilo retiro de Paul y Marienne en la isla paradisíaca de Pantelaria se ve trastornado por la llegada de unos inesperados visitantes que traen consigo fantasmas del pasado.

El home invasion es un subgénero del cine de terror en el que la calma de una familia o una pareja aparentemente feliz es perturbada por la llegada de unos «inesperados visitantes». Durante los últimos años se ha popularizado especialmente gracias a la saga de La Purga (James DeMonaco, 2013), formada por tres películas —gracias al impresionante éxito de la primera, una notable cinta protagonizada por Ethan Hawke y Lena Headey— y hasta un spin off con resultados irregulares. También ha sido una premisa bastante utilizada en el ahora denominado «terror elevado»: en el caso de madre! (Darren Aronofski, 2017), la tranquila vida de Jennifer Lawrence y Javier Bardem es turbada por la llegada de Ed Harris y Michelle Pfeiffer, en Nosotros (Jordan Peele, 2019) las felices vacaciones de Lupita Nyong’o y su familia en Santa Cruz se ven alteradas por la llegada de unos individuos que son sorprendentemente idénticos a ellos. Pero hay algo que resulta interesante en estas cintas más allá del factor terrorífico, y es que sacan a la luz todos los problemas e inseguridades que llevan los personajes de la historia guardados en su interior. ¿Y qué pasaría si llevásemos esta premisa al género dramático? Esto es lo que trata de conseguir nuestra película de hoy, Cegados por el sol (Luca Guadagnino, 2015), un film que nos muestra que, a veces, nosotros mismos somos nuestros peores enemigos.

Tilda Swinton como icono de moda en mitad del paraíso de Pantelaria.

Cegados por el sol —un remake algo libre de la cinta franco-italiana La piscina (Jacques Deray, 1969), protagonizada por el mítico actor Alain Delon— nos cuenta la historia de Marianne —interpretada por Tilda Swinton, colaboradora habitual de Guadagnino—, una estrella del rock de los 90, que tras una cirugía de sus cuerdas vocales, guarda reposo en forma de tranquilas vacaciones en la pequeña isla italiana de Pantelaria junto a su compañero Paul —el belga Matthias Schoenaerts—. Lo que en un principio empieza siendo una pareja «torrándose» desnuda al sol mientras mantienen sexo apasionado en la piscina, pasa a ser un juego de miradas, celos y seducción tras la llegada del personaje de Ralph Fiennes, Harry, expareja de Marienne, y su recién descubierta hija Penélope, una magnética Dakota Johnson cuyas miradas son demoledoras. A pesar de su ritmo pausado —acorde con esa ambientación bohemia y paradisíaca que nos aporta la isla de Pantelaria—, Cegados por el sol es un sexy thriller con pinceladas que tiran hacia el neo-noir en el que la belleza de la realización de Guadagnino juega un papel especial.

Se nota que Guadagnino utiliza la pintura y el arte clásico en general para representar al cuerpo humano como una figura matemáticamente perfecta, como si esos cuerpos desnudos de Matthias Schoenaerts y Ralph Fiennes fuesen esculpidos por el mismísimo Michelangelo.

Lo que parece un ambiente afable y divertido en Cegados por el sol, esconde un juego de miradas que matan.

Lo más interesante de la película —y de ese libreto tan lleno de matices escrito por Alain Page con colaboración de David Kajganich— son las relaciones entre los cuatro personajes y todo lo que florece a partir de ello durante la primera hora y media de film. La relación de Marienne y Paul es estable, al menos aparentemente en la calma que les aporta la paradisíaca isla, pero la llegada de Harry y Penélope saca a la luz todas las rencillas y posibles dudas que existen dentro de la pareja. Marienne y Harry siguen teniendo una relación muy especial a pesar de su traumática ruptura, pero el calor del verano y el poder de atracción del personaje de Fiennes hacen que los sentimientos de Marienne se pongan patas arriba. Ella sabe que él representa todo lo malo de su pasado de excesos —sexo, drogas y rock & roll—, pero no puede evitar que sus instintos más básicos afloren —vamos, que «la pone cachondísima», como diría la cómica Isa Calderón— y traigan a su memoria una relación apasionada e inolvidable. Harry representa a la típica figura del hombre de la farándula, curtido en la cultura, interesante, divertido y, en cierta manera, irresistible. Todo esto, a su vez, genera una relación de rivalidad constante con el personaje de Schoenaerts, porque, al fin y al cabo, ambos representan a dos tipos de hombres totalmente opuestos: Harry es la diversión, la pasión y la locura, Paul, en cambio, habla poco, es serio, pero también es fiel y un hombre bueno. Harry no entiende como alguien que es tan poco interesante como Paul puede robarle el amor de su vida, y eso hace que todos los encuentros entre los dos protagonistas masculinos sea una constante lucha de «machitos» , un eterno duelo de «a ver quién la tiene más larga». Entre toda esta vorágine de pasión y confrontación, hay un personaje que parece que va a su aire, pero a la vez es la verdadera villana en la sombra: Penélope. Dakota Johnson, con esa mezcla de belleza virginal y mirada irresistiblemente sensual, emerge como la Venus de Milo en mitad del paraíso, para convertirse en el objeto de deseo de todo el que la rodea, incluso ante un impasible Paul, aparentemente fiel a su pareja. A través de este cuarteto estelar, la película se convierte en un brillante estudio de lo que representa el amor y la sexualidad a partir de los 40, de si debemos pensar con cabeza y elegir la mejor opción para nosotros, o actuar como un adolescente y dejarte llevar por tus sentimientos más primarios.

«El cine puede ser una poderosa herramienta de interpretación para los espectadores. Por eso odio el cine literal. Ese cine que solo funciona  como drama que expone todo y no deja a los espectadores hacer los cálculos. Yo quiero que la audiencia haga los cálculos»Luca Guadagnino

La piscina, el eje central de la película, y parte importante de la iconografía de Cegados por el sol.

Sin embargo, la película tiene un gravísimo problema, y es que el guion de Alain Page no sabe rematar la historia. Acaba convirtiéndose en una especie de thriller policíaco —con referencias a la inmigración que no vienen a cuento— que a nadie le interesa, quiere ser una especie de reflejo de la lucha de clases que no funciona en absoluto. Por otro lado, el filme acaba sin saber muy bien qué hacer con el personaje de Dakota Johnson, y es una verdadera pena.

Lo que es indiscutible es lo bien que retrata la belleza el director Luca Guadagnino. Cada uno de sus planos es digno de estudio, y, sin duda, ese ambiente veraniego en mitad del paraíso italiano ayuda mucho en la factura final de la película. Se nota que Guadagnino utiliza la pintura y el arte clásico en general para representar al cuerpo humano como una figura matemáticamente perfecta, como si esos cuerpos desnudos de Matthias Schoenaerts y Ralph Fiennes fuesen esculpidos por el mismísimo Michelangelo. De ahí viene también la clarísima referencia a la Venus de Milo al retratar la imagen desnuda de Dakota Johnson a la orilla del lago. Pero no solo se inspira en el arte clásico, ya que, como bien dijo el mismo director en una entrevista, también busca inspiración en una serie de pinturas modernas llamadas A Bigger Splash (David Hockney, 1967) —de ahí el título original de la película—. El resultado final podría decirse que es muy parecida a su obra posterior, la nominada al Óscar Call Me By Your Name (2017), pero lo que ahí es más una sensualidad física, en Cegados por el sol es un juego de miradas de pasión donde lo físico no tiene tanta importancia como lo sentimental.

A pesar de todo lo bueno, es frustrante que al terminar la película la sensación que se te queda sea mala. El ritmo de la película es pausado, pero si entras desde el principio en ese juego de «fuego cruzado» que nos propone Luca Guadagnino no querrás escapar, hasta la última media hora de duración, en la que el film no sabe por dónde tirar, y el visionado se hace muy pesado. Una película atmosférica digna representante del mejor cine indie, camuflada en un thriller policíaco que no funciona. Pero eso sí, Ralph Fiennes bailando Emotional Rescue de los Rolling Stones no tiene desperdicio.

Fuentes: 1, 2




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Texto de Mikel Viles | © laCiclotimia.com | 17 junio, 2020
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Texto de Mikel Viles
© laCiclotimia.com | 17 junio, 2020

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