Redactor

Lo suyo será mucho o será nada, pero se hace en el tiempo libre, que es tanto como ser libre del tiempo —al menos mientras va corriendo—: la música al piano, la literatura y los poemas, la filosofía exculpada por decir y hablar con amor.

El destino de los personajes de Arthur Miller no es otro que su propio pasado. Destino trágico y destino por cumplir, entre hambre y amor: soñando los árboles del Paraíso y soñando los sueños rotos.

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Hablamos de personajes de la literatura condenados a esperar. Releer sus historias —mientras esperamos, naturalmente— terminará por conmovernos una y otra vez. Lo mismo que toda espera, la vida se bate entre el absurdo y la esperanza.

A propósito de los Poemas de Hannah Arendt. Pero no hablaremos sobre los Poemas sino, más bien, a través de ellos: del adiós y de la caducidad de las cosas.

Dispuesto a morir, Hamlet dice «y el resto es silencio». ¿Qué es ese resto, ese lugar, ese tiempo, esa alusión, que escuchamos en el silencio?

Como diría Nabokov, en esta casa se habla ruso. Horowitz toca el piano y nos contará de los muertos queridos. Y Nijinsky, cómo no, nos hará su último baile.

Por esta fiesta desfilarán Schumann, Ravel y el marqués de Custine. Harán La dolce vita y buscarán escandalosamente La gran belleza. Quizá después, incluso, nos inviten a una copa.

Recordamos la última aparición pública del virtuoso pianista y compositor polaco, figura clave del romanticismo musical.

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