Hades
| Un déjà vu divino

Plataformas: Nintendo Switch, macOS, Microsoft Windows | Desarrolladora: Supergiant Games | Distribuidora: Supergiant Games | Género: Roguelike | Lanzamiento: 17/9/2020 | Textos: Español | Voces: Inglés | Dirección: Greg Kasavin | Guion: Greg Kasavin | Duración: 25 horas | Multijugador: No |

Uno nunca se cansa de roguelikes, y eso que ya llevamos unos cuantos en nuestras espaldas. Hades llega para demostrar que no está todo dicho aún en el género.

Lo mejor de Hades, como en tantos otros casos, es jugarlo sabiendo lo menos posible de él. En el caso concreto de quien escribe estas líneas, la información que tenía de este título desarrollado por Supergiant Games —creadores de grandes juegos como Bastion (multiplataforma, 2011) o Transistor (multiplataforma, 2014)— era prácticamente nula. Por no saber, no sabía con exactitud a qué género iba a enfrentarme. No pude haber tomado una mejor decisión.

Si hemos estado mínimamente atentos al escenario indie —o independiente— durante los últimos años, habremos observado un crecimiento exponencial del género roguelike —o «de mazmorras»—. Los juegos de este tipo, a grandes rasgos y cada uno con sus particularidades, comparten claves como la rejugabilidad para mejorar las características del protagonista, la adicción extrema o la generación de escenarios de forma aleatoria que hacen que cada partida sea —más o menos— distinta a la anterior. Grandes referentes roguelike son Spelunky (multiplataforma, 2008-2013), The Binding of Isaac (multiplataforma, 2011) o el más reciente y laureado Dead Cells (multiplataforma, 2018). 

Este enemigo especializado en lanzar mariposas os dará unos cuantos quebraderos de cabeza.

Pues bien, Hades es otro roguelike. ¿Uno de tantos? En absoluto. De hecho, es probable que el título que nos ocupa se haya colado de pronto y sin avisar en el podio de este disputado y poblado subgénero. Hades sabe potenciar lo que más funciona, disimular lo que no y añadir ciertos elementos que funcionan como cemento para unos pilares que funcionan a las mil maravillas.

Hades está protagonizado por Zagreus, el hijo del susodicho dios y por tanto príncipe del Inframundo. El bueno de Zagreus, un poco harto en general de fuegos fatuos, gente muerta y cosas «malrolleras», se propone huir a la superficie. Para ello tendrá que, como era de esperar, recorrer escenarios plagados de enemigos y de trampas mortales que cada partida cambiarán y se reubicarán a placer. 

Jugablemente, Hades no supone ninguna sorpresa. Ni positiva ni negativa. Simplemente, se ciñe a los cánones del roguelike. Nuestro cometido será siempre el mismo: elegir un arma, acceder al Tártaro e ir superando salas para potenciar nuestras habilidades o incorporar nuevas. La rutina se rompe al aparecer, no en todas las partidas, salas especiales como las del Juicio de los Dioses —donde hay que tomar partido por un dios aceptando las iras del dios denostado— o un original duelo con la propia muerte para ver quién consigue llevarse por delante a más enemigos en el mismo tiempo —Legolas, Gimli, un saludo desde aquí—.

Las cosas no tardarán en ponerse al rojo vivo.

Pero entonces, os preguntaréis, ¿qué es lo que hace a Hades tan especial? Fácil: su narrativa. En la grandísima mayoría de roguelikes, la única evolución que percibimos con el paso de las horas jugadas es en las habilidades del personaje o las distintas armas o magias que vayamos desbloqueando. En Hades las cosas cambian. No solo los personajes secundarios tendrán líneas de diálogo sorprendentemente adaptadas a las decisiones tomadas en cada partida —y con voces en inglés—, sino que disfrutaremos de subtramas de largo recorrido que funcionan como hilo conductor y conexión con la aventura principal: los repetidos y fútiles intentos de huida de Zagreo.

El bueno de Zagreus, un poco harto en general de fuegos fatuos, gente muerta y cosas «malrolleras», se propone huir a la superficie. Para ello tendrá que recorrer escenarios plagados de enemigos y de trampas mortales.

Por ejemplo, la frustración de Megara, princesa Erinia —la primera jefa final del juego— al ser derrotada en numerosas ocasiones para después encontrárnosla, como si nada, en el bar del Inframundo. O la conmovedora historia de Nicte, la «madre» del protagonista. Por no hablar de la tormentosa relación de Orfeo con su ex musa Eurídice. Es una bendición —nunca mejor dicho— poder disfrutar de diálogos con sentido del humor y un trasfondo narrativo tan elaborado. Hades habría sido una experiencia más que disfrutable sin estos elementos, pero su existencia completa la misma y la perfeccionan para convertir a este título en sobresaliente.

Y por si esto fuera poco, Hades es también muy bonito a nivel visual. No vamos a encontrarnos ante un portento gráfico —tampoco lo pretende— pero sí ante un estilo de cómic que le da un toque muy personal al juego. Los efectos de luz y animaciones son otro punto a favor y en general todo es fluido y más que agradable a la vista. Y los parajes que encontraremos en nuestra huida del Inframundo serán muy variados, por lo que tendremos asegurados paisajes de sobra para no aburrirnos, incluso suficientemente bellos como para pararnos a contemplar los mismos y descansar los pulgares.

Paradójicamente, el mayor defecto de Hades es su mejor virtud. Es capaz de perfeccionar el roguelike y de dotarle de una vida y una profundidad pocas veces vista en el género. Sin embargo, la sensación de déjà vu a pesar de sus inmensos esfuerzos por evitarlo es a veces inevitable. No te culpamos, Hades. Ni a ti, Zagreo. A vosotros y al resto de vuestra desestructurada pero encantadora familia.




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Texto de Alber Romero | © laCiclotimia.com | 20 noviembre, 2020
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Texto de Alber Romero
© laCiclotimia.com | 20 noviembre, 2020

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