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‘Alicia en el país de las maravillas’, el poder de la imaginación

Tim Burton es un sujeto que no deja indiferente. Son muchas las personas que opinan que es un genio, y otras tantas las que no titubean al afirmar que es un ídolo de adolescentes ‘raritos’ sin el menor ápice de talento. En lo que a mi respecta, me parece que es un cineasta interesante, que es capaz de maravillas como ‘Eduardo Manostijeras’, ‘Big Fish’ o ‘Ed Wood’, aunque algunas veces haya tropezado un poco con cintas de escasa aceptación como ‘Charlie y la fábrica de chocolate’ o ‘El planeta de los simios’. Esta vez, este Californiano nos trae a los cines una puesta en pantalla de la obra de Lewis Carroll ‘Alicia en el país de las maravillas’, en 3D y con ese colorido y estética entre dark y kitsch al que tan acostumbrados nos tiene.

A diferencia de la obra de Carroll, en la que se nos narraba la entrada de Alicia en el submundo cuando contaba 10 años, esta revisión de Burton se sitúa 10 años más tarde, cuando la protagonista cumple los 20. Ni que decir tiene que este significativo cambio sobre el material original ha levantado importantes ampollas a lo largo y ancho del planeta. No obstante, para ofrecer exactamente lo mismo no merece la pena rodar, y sirviendo a modo de ejemplo de cómo no hay que hacer una revisión ahí tenemos ‘Psicosis’ de Gus Van Sant, que cogió la cinta de Hitchcock y la puso en color, y nada más. Por eso soy partidario de que, si vas a hacer una revisión, por lo menos debes ofrecer algo nuevo, y eso fue precisamente lo que hizo Burton.

La película en si ofrece un espectáculo visual colorista y con sello Burton, y aunque mucho se ha criticado el poco uso del 3D en esta cinta, al margen de la polémica de haber introducido este efecto en post-producción, no es tan sangrante como en otros recientes filmes, como ‘Furia de titanes’, donde el 3D es realmente bochornoso. En ‘Alicia’ por lo menos no chirría cada intento de tridimensionalidad, y aunque si es cierto que abusa de pequeños trucos como hacer salir un objeto de la pantalla o traer a primer plano desenfoques, que funcionan de maravilla en cine convencional pero que en 3D son ineficaces, no me pareció en absoluto un fallo como para hundir toda una película.

Las actuaciones son por otro lado quizás el punto débil de la cinta. Mia Wasikowska, que interpreta a Alicia, ofrece una actuación tan contenida que cae por momentos en la inexpresividad, y da la sensación de que nada de todo lo que ocurre le sorprende. Helena Bonham Carter se esfuerza por dar credibilidad a la Reina Roja, personaje que ya de por si es excesivo, y Anne Hathaway se pelea durante todo el metraje con mohines y maneras exageradas e irritantes, aunque en este caso no siento la necesidad de criticarla tanto como se ha hecho porque su Reina Blanca es así por concepción del propio Burton. Johnny Depp por otro lado continúa explotando su facilidad para interpretar a personajes excéntricos, y aunque por momentos estuve viendo a un Jack Sparrow con pelo naranja, consigue que cuando aparece en pantalla lo sigas con la mirada sin perderlo ni un segundo. Este último protagoniza los mejores momentos de la cinta, aunque también tiene otro par de ellos que bien podrían ser de los peores.

Por otro lado, qué decir de la dirección artística y el diseño de producción. Como en cada filme de Burton, es deliciosa, ofreciendo un universo único y ‘maravilloso’. Es en estos menesteres en los que mejor se defiende este realizador, y tan brillante resulta la apariencia que puede que otros aspectos hayan quedado a la cola, tales como lo que comentaba anteriormente de la dirección de actores. La fotografía, obra de Dariusz Wolski, tambien es excelente, como no cabría esperar otra cosa de este hombre, que ya trabajó en otras cintas con ambientaciones extrañas como ‘Dark city’ o ‘Sweeney Todd’ o en grandes proyectos como la trilogía de ‘Piratas del Caribe’, en cuya cuarta parte ya está trabajando.

La música viene de mano del inseparable de Burton, Danny Elfman, que como siempre está magnifico. Puede que no sea una aportación tan espectacular como otras grandes obras suyas, como pueden ser la famosa melodía de ‘Spiderman’ o las deliciosas canciones de ‘Pesadilla antes de navidad’ y ‘La novia cadáver’, pero cumple con creces y da ese ambiente onírico tan suyo.

El guión viene firmado por Linda Woolverton, que tiene en su haber, entre otras, clásicos de animación queridos por todos como ‘El rey león’ o ‘La bella y la bestia’. Sin llegar a ser su mejor trabajo, si tiene grandes aciertos, como lo antes comentado de haber dado una vuelta de tuerca a la historia original, aunque tampoco está exento de fallos, como infantilizar la trama más de lo que realmente es, que supone otro de los tropiezos de la cinta. Es perfectamente comprensible que el título ‘Alicia en el país de las maravillas’ sea un reclamo para los más jóvenes, pero esta obra de Carroll nunca se caracterizó por ser un entretenimiento puramente infantil. La Disney en este caso intentó abarcar más de lo que debería, y a base de incluir gags para niños y momentos como el de la ‘deliranza’ hicieron que ni los niños la disfrutaran al completo ya que, como decía antes, no es un filme orientado específicamente para los más pequeños, ni tampoco los adultos, ya que con estos detalles el conjunto general pierde consistencia y cae en la broma fácil. No obstante, Tim Burton en una de sus declaraciones sobre la película no parece haber sido consciente de esto, o por lo menos no tanto como la ocasión se merecía, ya que para él el tratamiento infantil de la cinta es algo necesario:

No he tratado de hacer algo premeditadamente oscuro o extraño. Creo que todos los niños han podido tener en su imaginación un mundo parecido al que hemos creado. Pero lo hemos hecho fundamentalmente siguiendo el sendero que el material de Lewis Carroll nos sugería. El problema es que muchos adultos han olvidado cómo es el universo de un niño. Han olvidado cómo es la mirada de un niño, sus abstracciones, sus personajes, sus miedos, sus emociones y es de eso de lo que se nutren los cuentos.

Pero pese a todo, yo salí satisfecho de la sala de cine, y aunque si es cierto que todos esos detalles comentados anteriormente pueden actuar de lastre para disfrutar al completo este filme, no son en absoluto excluyentes, y si consigues sentarte en la butaca y ser un niño y un adulto a la vez durante lo que dura la proyección, podrás salir con la misma sonrisa que salí yo.

Personaje que nace en la década de los 80 y se preocupa, sobre todo, por las cosas que no tienen demasiada importancia. Melómano, cinéfilo y gamer. Escritor irredento, fotógrafo desgastado, psicólogo de formación. Algo músico y bastante cínico. Tiene sus momentos.

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