A dos metros bajo tierra
| Surrealismo y familia Addams

Estados Unidos, 2001-2005 | Dirección: Alan Ball | Título original: Six Feet Under | Género: Serie de TV, Drama | Productora: HBO / The Greenblatt Janollari Studio / Actual Size Films / Actual Size Productions | Música: Richard Marvin (Tema: Thomas Newman) | Reparto: Peter Krause, Michael C. Hall, Rachel Griffiths, Frances Conroy, Lauren Ambrose, Freddy Rodriguez, Mathew St. Patrick, Jeremy Sisto, Justina Machado, James Cromwell, Lili Taylor, Ben Foster, Richard Jenkins, Joanna Cassidy, Rainn Wilson | | Disponible en:  HBO  

Estados Unidos, 2001-2005 | Dirección: Alan Ball | Título original: Six Feet Under | Género: Serie de TV, Drama | Productora: HBO / The Greenblatt Janollari Studio / Actual Size Films / Actual Size Productions | Música: Richard Marvin (Tema: Thomas Newman) | Reparto: Peter Krause, Michael C. Hall, Rachel Griffiths, Frances Conroy, Lauren Ambrose, Freddy Rodriguez, Mathew St. Patrick, Jeremy Sisto, Justina Machado, James Cromwell, Lili Taylor, Ben Foster, Richard Jenkins, Joanna Cassidy, Rainn Wilson |

Ni que decir tiene que la serie creada por Alan Ball tiene en común con la familia Addams más que la idea, pero las diferencias también son palmarias.

No sé si fue Lev Tolstoi o Giuseppe di Lampedusa el que dijo aquello de que todas las familias se parecen en su modo de ser felices, y se diferencian en su manera de afrontar la desgracia. Quizás A dos metros bajo tierra (Alan Ball, 2001) es un buen ejemplo de ello: serie de altas miras, cinco temporadas y 63 episodios creada por Alan Ball, que recuerda como comedia lo mejor del género con tintes negros de carácter inglés, y que empezó a emitirse en HBO a mediados de 2001 —con una gran producción televisiva independiente— y finalizó el 21 de agosto de 2005. Teniendo en cuenta que cada uno de los más de 60 capítulos comienza con el caso de un repentino —o no tanto— deceso que irá a parar a manos de la inestable pero bonachona familia Fisher, el producto juega con una baza de guion auténtica y desarrollada en personajes construidos de un modo redondo (como diría E.M. Forster en Aspectos de la novela (1927) o en cualquier buen manual de cine que se precie) y no tanto en estereotipos o partiendo de gags de humor visual o verbal como sucede en La familia Addams (1991) de Barry Sonnenfeld, rodada en 1991 habida cuenta de que la versión que manejamos tampoco es la primera, y que a pesar de Anjelica Huston (espléndida como Morticia), la serie de dos temporadas de 1964 conserva mucho mejor desde el estilo de terror burlón de la Hammer hasta el sentido del humor de un producto que se ha ido envileciendo o enriqueciendo con versiones como la señalada u otras posteriores realizadas con animación, y que a veces también recuerdan al cómic.

Son personajes dolientes, en algunos casos flemáticos; otras veces pecan de idealismo, melancolía o mitomanía, y es por eso realmente que nos los creemos, hasta el punto de que reducirlos a sus taras puede ser considerado pecado venial.

Lo que emparenta a La familia Addams con A dos metros bajo tierra no sólo es cierta estética underground o gótica, sino que ambas incorporan ya sea mediante golpes de efecto más o menos efectivos, o directamente mediante sueños que los personajes tienen despiertos con sus difuntos de manera intermitente y repetida, un modo de entender el cine —y no solo la televisión— profundo y más que interesante. En La familia Addams, al contar con unos hijos de menor edad, focalizan toda su problemática en la pobreza económica del clan, mientras que la serie de Ball hace más hincapié en los sentimientos, y estos no tienen por qué ser siempre negativos o siniestros, si bien la carga de oscuridad que ronda por muchos de ellos (desde Billie Chenowith, interpretado por Jeremy Sisto, el hermano en la serie de Brenda —Rachel Griffiths— o el mismo y más protagónico David James Fisher —Michael C.Hall— sobre todo tras el incidente por el que se le ocurre recoger al más vil autoestopista jamás soñado) no los convierte en perfectos pretendientes de nadie. Son personajes dolientes, en algunos casos flemáticos; otras veces pecan de idealismo (Nathaniel Samuel Fisher —Peter Krause—), melancolía o mitomanía (como le sucede a la superficial —por riquísima— madre de Brenda, o al profesor de arte del primer curso de Claire, Olivier), y es por eso realmente que nos los creemos, hasta el punto de que reducirlos a sus taras puede ser considerado pecado venial.

La familia Addams al completo.

A nivel también de diseño de personajes, otra semejanza en su diseño es el de Ruth Fisher (Frances Conroy) con la mencionada Morticia (Anjelica Huston), y es que a pesar de que el arco dramático o evolución de la primera es mucho más amplio, ambos personajes dejan ver su lado entre tierno y siniestro. Tierno en su relación con los maridos o amantes (Fisher con George y Arthur principalmente; Morticia con su marido Gómez Addams —Raúl Juliá—), y siniestro bien a través de una relación compleja con estos mismos personajes (inolvidable la secuencia onírico-erótica en que Ruth mata con una escopeta con música de pinball a ellos dos y algún que otro escarceo sentimental más) o focalizando más su maldad de un modo algo más maniqueo hacia Fétido Addams, el eterno adversario.

No quiere decir que los conflictos entre hermanos no sucedan también en A dos metros bajo tierra, siendo la más problemática en este sentido Claire, la hermana más joven que pasa del estereotipo de estudiante de arte que se busca a sí misma a través del sexo y las drogas, a ser empujada desde este espíritu rebelde y disidente a una madurez y serenidad necesarias desde que decide despegarse del resto.

Claire, la hija rebelde de los Fisher.

Hay que decir que la serie de Alan Ball, aparte de una impecable factura, es de esas que hizo —como la antigua de 1964— historia de la televisión, situándose la segunda en los ránkings de más vistas, tras Los Soprano (David Chase, 1999), cuyo final hizo que todo lo anteriormente visto cayese en saco roto para muchos espectadores. En el caso que nos ocupa la conexión de guion entre el episodio piloto y el esplendoroso y coherente final (el episodio Todos esperan así lo atestigua) no sería posible sin otros que, o bien recalcan algún elemento dramático interesante y decisivo (El pie [1×03], Moliendo maíz [4×09]), o bien podrían incluso definirse como episodios o películas independientes, dada su calidad, como es el caso de Ese es mi perro (4×05).

Creemos pues que en la diferencia bien puede estar la similitud básica de estas dos ideas o conceptos dramáticos. Lo más correcto es verlos como complementarios en tanto que gracias a A dos metros bajo tierra el género de terror en funerarias o ámbitos pegados a la muerte por una u otra razón, se ha convertido en algo sofisticado, y que tiene que ver con lo cómico, si bien para muchos críticos lo terrorífico no debe dar nunca risa. En cualquier caso y superando cualquier cliché, ambos productos son muy solventes sobre todo desde su consideración de serie, y eso se debe también a la dirección artística que, desde la arquitectura al espacio escénico interior, hace posible lo imposible. En este sentido, es muy interesante el capítulo en que el cliente que aparece muerto en la subtrama propia quería ser enterrado junto a su cómic favorito; es antes de velarlo cuando Nate hijo, que está viviendo en crisis, intercepta a sus amigos queriendo quitárselo… Pues bien, visualmente La familia Addams de Sonnenfeld está también tras esa ridiculización de toda mitomanía y configura quizás un primer contacto con ese universo surreal impermeable a cualquier categoría crítica por géneros.

De esta forma es como descubrimos que tanto en una como en otra, la idea de familia de Tolstoi o Lampedusa se hace actual y asombrosamente veraz.




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Texto de Daniel González Irala | © laCiclotimia.com | 9 junio, 2020
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Texto de Daniel González Irala
© laCiclotimia.com | 9 junio, 2020

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