25 juegos para una generación
| Los títulos imprescindibles

Ahora que están a punto de desembarcar las nuevas máquinas de Sony y Microsoft, es hora de dar un repaso a lo que han dado de sí estos 7 años de juegos. ¿Qué mejor modo de despedir la generación actual que con una lista de 25 juegos que la representan?

Mucho ha llovido desde que en 2013 Xbox One Playstation 4 fueran lanzadas al mercado. Por aquel entonces la compañía nipona y la norteamericana tentaban a los jugadores desde posiciones muy similares y con el mercado consolero más igualado que nunca. No obstante, inexplicables políticas de Microsoft hicieron que antes incluso del lanzamiento de las máquinas la balanza pareciera decantarse hacia Sony, que sin hacer demasiado, veía como la empresa de Redmond dilapidaba todo el prestigio ganado con Xbox 360. Por fortuna, la llegada de Phil Spencer ha hecho que hayan recuperado posiciones y se lance a la conquista de la nueva generación mucho más igualada de lo que se esperaba hace tan solo unos años.

Esta generación que acaba ha tenido sus luces y sombras. Juegos imprescindibles, fiascos sonados, remakes hasta aburrir, nuevas IPs que darán que hablar y mucho, mucho, pero que mucho contenido extra (DLC) para que nos rasquemos el bolsillo. También hemos asistido a la eclosión de los llamados juegos indies, que si bien suelen ser carne de PC, han tenido en las consolas el puntal necesario para crecer, y con ello lanzar nuevas experiencias que han refrescado un mercado que el éxito masivo amenazaba con hacer encallar en la rutina. Eso sin contar con Nintendo, que como casi siempre ha ido un poco por libre con su exitosa Switch.

Sirvan los 25 títulos seleccionados para la presente lista como muestra representativa de lo que ha pasado en el mercado del ocio electrónico estos 7 años. Una lista en la que se prescinde de cualquier referente cuantitativo y en la que no se buscan ni los juegos más vendidos, ni los más jugados, ni siquiera los más aclamados por crítica o público, sino un simple y honesto reflejo de lo acontecido en estos 7 años. Aunque entre ellos se encuentren muchos de los juegos que se colocan en lo más alto de cada una de estas categorías.

El terror volvió a estar de moda

Resident Evil 7

Si hay un género que ha gozado de una gran popularidad en esta generación (con el permiso del Battle Royale) es el de terror o survival horror. La demo del malogrado P.T. tuvo mucha culpa en este regreso. El horror volvió a las consolas más fuerte que nunca, con títulos capaces de poner los pelos de punta al más pintado y que dejaban de lado los simplones zombis para enfocarse en terrores más adultos e inquietantes.

La saga Resident Evil, que había colocado sus posaderas en el trono del survival horror durante décadas, vio como su posición era ocupada ahora por títulos que daban una vuelta de tuerca más al género, en parte motivado por el periplo de la franquicia japonesa por terrenos más propios de la acción. La saga de Capcom regresó a la actual generación de consolas con la lección bien aprendida y con Resident Evil 7 (2017) creó una experiencia aterradora con una combinación de juego del escondite y elementos al más puro estilo clásico.

Precisamente uno de los responsables de la revitalización del género fueron Frictional Games quienes llevaron la sensación de sentirse indefenso en un entorno hostil a cotas nunca antes vistas. Con Soma (2015) mezclaron el horror y la ciencia ficción para sacarse de la manga un título donde cada monstruo del que debemos huir, cada horror al que debemos enfrentarnos bebe directamente de los miedos más ancestrales del ser humano.

Little Nightmares

Pero si de sentirnos frágiles en un escenario peligroso hablamos, nada como adentrarnos en el espacio a bordo de una nave por la que pulula una criatura surgida de las profundidades donde habitan nuestros miedos más atávicos. Eso es precisamente lo que encontramos en el no apto para cardiacos Alien Isolation (2014). Siempre con el temor a encontrarnos en cada esquina a la criatura ideada por Ridley Scott, recorreremos los pasillos de la mítica Nostromo evitando encontramos con nuestra peor pesadilla. Agáchate y contén la respiración o serás historia.

Pero no solo de grandes producciones vive el género y con Little Nightmares (2017), Tarsier Studios demostró que con unas mecánicas aparentemente inocuas y con un juego de scroll lateral era posible dar miedo. El aire falsamente inocente que recubre todo el juego y una ambientación que bascula entre lo naíf y lo espeluznante consiguen crear una experiencia aterradora digna de los paladares más selectos.

Otra de las constantes de la actual generación han sido el aluvión de remakes, refritos y rediseños de los que hemos sido testigos. Unas veces apelando a la nostalgia y siempre a la cartera, la miríada de juegos de generaciones pasadas lanzado de nuevo al mercado ha sido apabullante. Al menos, en ocasiones ha servido para que jugadores que en su momento no pudieron hincarle el diente a ciertos títulos hayan podido probarlos ahora. Es el caso de Onimusha: Warlords (2019) que nos transportaba no solo a un Japón feudal plagado de criaturas entre las que debíamos abrirnos paso a golpe de katana, sino a tiempos en que éramos más jóvenes e inocentes, con un remake elaborado con mimo y que genera la misma dosis alta de adrenalina que cuando salió originalmente en 2001 para Playstation 2.

Los tapados

Abzu

Toda generación de consolas tiene sus juegos tapados. Esas pequeñas joyas que a veces pasan desapercibidas, pero que dejan poso en los jugadores que huyen de las listas de ventas y que buscan experiencias diferentes y frescas. Juegos desarrollados generalmente por estudios pequeños que sin contar con la publicidad de otros se hacen un hueco a base de trabajo bien hecho.

Como Abzu (2016). Capitaneando esta especie de simulador submarino estaba Matt Nava, director de arte de JourneyFlower. Con semejante ADN estaba claro que esta tarjeta de presentación de Giant Squid iba a ser una experiencia estendhaliana y cargada de simbolismo, y eso es exactamente lo que es. Lo puedes jugar en todas las plataformas y en todas te dejará con la boca abierta.

Otro tapado a tener en cuenta es NieR: Automata (2017). Ambientado en el mismo escenario que NieR (2010), esta secuela bebe de las mejores fuentes del rol japonés para ofrecer una mezcla de combate y exploración en un mundo abierto. Aunque iba a ser exclusiva de Sony sus androides acabaron saliendo también para Xbox One.

Una característica de la presente generación es el aprovechamiento de los elementos narrativos propios del videojuego para contar una historia desde perspectivas nuevas. Un hecho que aunque aún tiene mucho recorrido por delante, tiene en Night in the Woods (2017). uno de sus primeros y más sólidos ejemplos. Su ambientación costumbrista y diseño de arte simplón esconde una historia turbia y plagada de referencias lovecraftianas.

The Invisible Hours

Aunque no terminó de cuajar del todo, la realidad virtual es un pilar por el que la que las compañías han apostado fuerte. Sobre todo Sony que se ha destapado con un número incontable de juegos y experiencias, no siempre de la calidad deseada. Desde asistir al alunizaje del Apolo XI hasta ser testigo de la vida marina e incluso adentrarnos en los misterios del cuerpo humano. Cualquier experiencia tiene cabida. Pero en lo jugable los títulos que hacen gala de esta nueva tecnología con éxito no son muchos. Uno de ellos es The Invisible Hours (2017). Desarrollado por los españoles Tequila Works, este juego nos coloca como testigos de un asesinato en una mansión en la que se dan cita personajes como Thomas Edison Nikola Tesla. Pudiendo movernos libremente tanto en el tiempo como en el espacio, tendremos que colarnos entre bastidores para desentrañar el misterio que rodea a esta especie de función teatral que se representa solo para nosotros.

Tequila Works repite en esta categoría con otro título memorable: Rime (2017). Un juego con un final difícil de olvidar y que nos adentra en el terreno de los sueños con un diseño de arte sencillamente apabullante que, como si de un cuadro impresionista se tratase, inunda nuestra retina con una paleta de colores mediterráneos de azules y blancos. Una experiencia visual única a la que se suma una jugabilidad más que correcta y una banda sonora compuesta por David García Díaz tan perfecta como hermosa.

Mundos abiertos

Horizon Zero Dawn

La tecnología actual ha permitido a los desarrolladores crear entornos grandes, enormes en ocasiones, donde el jugador disponga de un mundo entero que explorar. Atrás quedan los escenarios tipo pasillo donde el jugador nunca se libraba de la sensación de estar siendo guiado. Pero un mapa grande no siempre implica diversión. La línea que separa el aburrimiento de ir del punto A al punto B y la sensación de estar explorando un mundo real y lleno de vida es muy fina, y los estudios no siempre le han pillado el truco.

No es este el caso de Horizon Zero Dawn (2017) donde Guerrilla Software no solo crea un mundo tan rico en matices y bello que dan ganas de mudarse a él (pese al escenario postapocalíptico que pinta) sino que dio vida a uno de los personajes femeninos más reales y menos estereotipados de la historia del videojuego y que hizo que muchas chicas se decidieran a coger un mando por primera vez para manejar a una protagonista que ya no era un cliché con escote. En lo jugable y en su historia no aporta nada que no hayamos visto, pero en ocasiones no es lo que se cuenta, sino cómo se cuenta y en eso el exclusivo de Sony aporta un punto de vista nuevo y refrescante.

Después de que Konami finiquitara de la peor forma posible la saga Metal Gear, Hideo Kojima orientó todos sus esfuerzos para no tener que depender de nadie nunca más. Para ello creo su propio estudio y tomó por completo las riendas creativas para que su siguiente título contuviese todo el ADN posible del creador de Solid Snake. El resultado no dejó indiferente a nadie. Death Strading (2019) ofrece una jugabilidad diferente y nueva, una ambientación única y aporta una de esas experiencias que te acompaña mucho después de haber pulsado el botón de apagado de tu Playstation 4. Odiado y amado a partes iguales, hay quien después de jugarlo sigue preguntándose si reamente se trata de un juego o de la enésima ida de olla del creador japonés. En cualquier caso es un imprescindible de esta generación.

The Legend of Zelda: Breath of the Wild

No Man’s Sky (2016). Este simulador de exploración de un universo procedimental es el ejemplo perfecto de uno de los males de la industria en los últimos años: los juegos a medias o lanzados con prisa. Bajo una enorme expectación desde que se anunciara, el juego simplemente acabó por no dar todo lo que prometía, desatando las iras de los usuarios, hasta el punto de que Sony se abrió a recibir devoluciones. Posteriores actualizaciones acercaron el título a lo que se esperaba de él, pero aún muy lejos de lo prometido.

Si hay algo que caracteriza los juegos de Nintendo es su cuidado en hacer de cada entrega algo diferente y fresco. La gran N siempre ha tenido en sus franquicias el nexo de unión perfecto entre el jugador y sus máquinas. Con esta premisa es normal que cada nueva entrega de The Legend of Zelda sea un acontecimiento en el que la compañía nipona exprime al máximo el talento y experiencia que atesora. La que hace la decimoctava, Breath of the Wild (2017), no es una excepción. Lanzada a la vez en la por entonces flamante nueva máquina, Switch y en su consola anterior, la nueva entrega aprovechaba los elementos de mundo abierto para hace subir a la franquicia un peldaño más en su búsqueda de la perfección. ¿Qué se puede contar de una obra maestra? Lo mejor es sumergirse en su magia y dejarse llevar por uno de los mejores títulos de los últimos años.

Nuevas forma de narrar

Kentucky Route Zero

La irrupción en consolas del mercado indie ha creado nuevas formas de acercamiento a los videojuegos. Una de las más exitosas, aunque aún tiene desarrollo por delante, es la de contar historias aprovechando los elementos propios de los juegos.

En esa categoría se inscribe Kentucky Route Zero (2018). La obra de Annapurna Interactive salió originalmente solo para PC, en 5 capítulos, para desembarcar en consolas después. En este juego, que David Lynch firmaría sin problema, se comprimen todos los elementos que pueden hacer del videojuego un arte algún día. Una historia cargada de un enorme simbolismo surrealista, ante la que el jugador asiste sin saber muy bien a dónde conducirá, pero en la que se adentra porque sabe que será testigo de algo único. Eso es esta rara avis. Un viaje en el que lo importante no es llegar, sino lo que vamos viendo y las personas que vamos conociendo, mientras tratamos de encontrar el desvío hacia la elusiva carretera cero.

Virginia (2016), nos pone en la piel de un agente del FBI que investiga la desaparición de un niño en la profunda América rural. Una investigación que nos deparará más de una sorpresa y en la que nadie es lo que aparenta ser. Esta premisa, que a priori resulta un tanto manida, se convierte en manos del estudio Variable State en la excusa perfecta para adentrarse en la psique del ser humano y crear una auténtica obra maestra con elementos aparentemente sencillos. Una jugabilidad diferente y en ocasiones extraña y un apartado gráfico sobrio hacen de este título una pieza indispensable. ¡Ah!, además no se pronuncia una sola palabra en todo el juego, por lo que hay que estar atentos a cuanto nos rodea.

¿Un videojuego sobre un guardia forestal en una solitaria torre en medio de los bosques de Wyoming? A priori pocas tramas pueden parecer más aburridas para ambientar un juego. Pero Firewatch (2016) no es un juego más ni el Bosque Nacional de Shoshone es un lugar corriente. A lo largo de esta aventura en primera persona de Campo Santo, iremos resolviendo el misterio que se esconde en la espesura de este inmenso parque nacional, a la vez que establecemos una relación vía walkie talkie con una compañera de trabajo que nos sirve de ancla con una realidad que parece desmoronarse a medida que avanzamos en la historia.

Hellblade: Senua’s Sacrifice (2017) puede parecer tras un primer vistazo un juego más de lucha. Un hack and slash machaca botones ambientado en la mitología nórdica donde nos abrimos paso a espadazos. Pero no hay nada más lejos de la realidad. Ninja Theory usa como excusa esta premisa para hablarnos de un problema que pocas veces se aborda en los videojuegos: la salud mental. Mientras recorremos los épicos escenarios del juego y nos enfrentamos a demonios y guerreros que no nos lo ponen nada fácil, asistimos al progresivo derrumbe de la  cordura de su protagonista. Una experiencia que se hace más y más amarga a medida que avanzamos y no exenta de un esfuerzo por parte del jugador para superarla. Un ejemplo perfecto de como los videojuegos pueden ser vehículos para acercarse a una realidad incómoda.

Entre lo sencillo y lo imposible

What Remains of Edith Finch

La llegada de nuevos tipos de usuarios de consolas que se aproximan al mundillo en busca de juegos sencillos y que no requieran de mucho aprendizaje, unido a una vieja guardia que demanda experiencias cada vez más exigentes, ha hecho que la dificultad de los juegos se eleve hasta cotas que rozan lo imposible o descienda hasta la placidez y en ocasiones el jugador sea un mero testigo de lo que sucede. En ambos casos hay ejemplos de que en ocasiones la dificultad de un título determina su propia naturaleza.

Uno de los mejores ejemplos de lo que se acabó por llamar simuladores de paseo es What Remains of Edith Finch (2017). Esta aventura gráfica en primera persona ofrece una experiencia única e intensa con tan solo recorrer las estancias de una vieja mansión, mientras que averiguamos qué fue de las vidas de los familiares de la protagonista. Con tan pocos elementos Giant Sparrow crea un mundo que se abre ante el jugador como una cebolla y desvela sus secretos a medida que nos internamos en él. Cada recoveco de la casa, cada habitación contiene una porción de maestría y un recordatorio de lo importante que son los lazos que creamos a lo largo de nuestra vida. Simplemente imprescindible.

En pleno confinamiento debido a la COVID-19, miles de jugadores de todo el mundo se sumergieron en el idílico universo de Animal Crossing: New Horizons (2020). Y es que en mitad de una pandemia que detuvo el mundo y nos recordó lo frágil que en realidad es cuanto nos rodea, una isla paradisiaca donde empezar una nueva vida era una tentación a la que costaba resistirse. La novena entrega de una de las franquicias emblema de Nintendo ofrecía la misma jugabilidad amable y sencilla de siempre y alguna novedad que no agradó a todo el mundo. Sea como fuere, este simulador social se ha convertido en un fenómeno de masas que cruza los límites del mercado habitual para atraer a gente que nunca antes se había acercado a una consola. Algunos de ellos aún siguen encerrados allí.

Al otro lado de la sencillez y lo apacible se alzan los colosos de la dificultad, los dioses de la jugabilidad dura y exigente no apta para todo el mundo. Café para muy cafeteros. Como Ori and the Blind Forest (2015). Publicado en principio como exclusiva de Microsoft, aunque acabó saliendo en PC y Switch, este plataformas de aspecto falsamente sencillo y belleza indiscutible te llevará al límite de tus nervios con sus exigentes saltos y control preciso. No obstante la sensación de satisfacción que nace en el pecho con cada fase superada compensa todo. Imprescindible si buscas emociones fuertes.

Otro que reta los nervios y paciencia del jugador es Cuphead (2017). Otro título que salió originalmente para Xbox One y que sería lanzado para el resto de plataformas un año después. Junto a la saga Dark Souls, este run and gun de StudioMHDR es el responsable del lanzamiento masivo de pads contra el suelo y de crispar los nervios de jugadores alrededor de todo el mundo. Que su estética de dibujos animados de los años 30 no te engañe, estamos ante una experiencia exigente, difícil y en ocasiones frustrante. Pero como leer el Ulises de Joyce, al final compensa el esfuerzo.

Los superventas

Red Dead Redemption II

Este repaso a lo que dio de sí esta generación estaría inconcuso sin hacer referencia a los superventas. Esos títulos capaces por sí solos de vender consolas y que son durante semanas portada de todos los portales y revistas del mundillo. Sirvan estos tres ejemplos a modo de referencia del apasionante mundo de las grandes superproducciones.

A estilo de los reinicios tan habituales en el mundo del cómic, Sony sintió que era el momento de lavar la cara a uno de sus juegos franquicia. God of War (2018) era la octava incursión de Kratos en las consolas de la compañía japonesa y la primera en la que dejaba atrás la cálida Grecia para adentrarse en parajes más helados de lo habitual. Pese al inicial despiste que el cambio de ambientación obraba en el jugador, bien pronto quedaba claro que la franquicia era fiel a los elementos que la habían colocado en lo más alto. Inolvidables peleas con dioses y criaturas mitológicas, un escenario en el que poder perderse y la constante sensación de que algo épico estaba a punto de pasar al doblar cada esquina. El hecho de añadir la tarea de cuidar de su hijo solo engrandeció aún más la figura de Kratos.

Hasta el salvaje oeste nos llevaba Red Dead Redemption II (2018) en una mezcla de aventura y mundo abierto que tan bien había funcionado con su predecesor. En esta ocasión encarnábamos al forajido Arthur Morgan mientras recorre un ficticio y enorme mapa basado en el suroeste de Estados Unidos. Y cuando digo enorme no lo digo a la ligera: 75 kilómetros en los que los tiroteos, los duelos, los asaltos y demás elementos en la mejor tradición de los wésterns redundan en favor de una historia compleja y adictiva. Las mecánicas que la gente de Rockstar ha sabido pulir tan bien en sus lanzamientos y una ambientación soberbia hicieron que miles de jugadores en todo el mundo se sumergieran en esta aventura durante meses.

La estúpida polémica que acompañóThe Last of Us II (2020) antes incluso de su lanzamiento no empaña ni un ápice su grandeza. Estamos ante uno de los títulos clave de esta generación que por derecho propio ya forma parte de la historia de los videojuegos. La epopeya en busca de venganza de Ellie esconde en realidad un mensaje que se va desvelando a medida que avanzamos por los desolados escenarios eliminando infectados (una especie de zombis controlados por un hongo). Pero el juego está muy lejos de ser un simple ejercicio de puntería. Su verdadera dimensión se muestra a la hora de enfrentarnos a otros seres humanos. Dando un arriesgado paso, Naughty Dog nos permite conocer de primera mano lo que se esconde tras estos enemigos. Sus motivaciones y sueños, que no dejan de ser diferentes de los nuestros. Una decisión valiente que logra crear una experiencia compleja e intensa a la que solo le falla que no deje en nuestras manos la decisión final.




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Texto de Óscar Soto Colás | © laCiclotimia.com | 26 octubre, 2020
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Texto de Óscar Soto Colás
© laCiclotimia.com | 26 octubre, 2020

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