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100 películas a las que siempre volver. Parte 2

Y continúo con esta inmensa lista —por extensión, claro está— que tuve los santos huevos de comenzar, como si no hubiera mañana. Hoy toca hacer revisión de los títulos que van desde el número 80 hasta el 61, y sin más dilación me pongo a ello, que luego me lío y digo estupideces.

80. El hombre elefante. David Lynch. 1980

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Poco que decir sobre una cinta mayúscula que supo retratar como pocas lo que significa ser diferente en un mundo gobernado por y para la normalidad, dónde lo extraño no tiene cabida. Un inmenso Anthony Hopkins da todo un recital de interpretación en uno de los mejores papeles de su carrera.

79. Muerte entre las flores. Joel & Ethan Coen. 1990

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Siento una especial simpatía por este par de hermanitos, tanto por su negro sentido del humor como por su habilidad para utilizar detonantes absurdos para sus tramas y que resulten creíbles e hilarantes. No es este el caso, claro, ya que estamos ante un magistral film noir, deudor del mejor cine negro, y portador de una belleza indescriptible en cada plano.

Aquí nuestra crítica de este filme.

78. Terminator 2: El juicio final. James Cameron. 1991

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Grande, grandísima cinta de ciencia ficción, posiblemente una de las mejores que ha parido la década de los 90. No necesita presentaciones, así que no voy a hacer más que dejarla aquí referenciada para disfrute del respetable.

77. Reservoir Dogs. Quentin Tarantino. 1992

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La ópera prima de uno de los directores más irreverentes del cine contemporáneo —en realidad no, pero dada que su verdadera primera cinta desapareció en un 50% engullida por las llamas, se ha determinado oficialmente que éste es su debut tras las cámaras—. Pocas veces tan pocos escenarios y una premisa tan simple han dado para tanto y tan variado. Magistrales diálogos y escenas para el recuerdo nos dejó aquí el bueno de Tarantino —que está ahora mismo estrenando ‘Django desencadenado’, de la que un día si me siento con ganas hablaré— en un film maravilloso y divertidamente excesivo.

76. Amor a quemarropa. Tony Scott. 1993

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Decir de entrada que esta cinta me ha regalado innumerables buenos momentos, ya que suelo recurrir a ella de manera asidua en las circunstancias más insospechadas. Con un guión de Tarantino —autoría a la cual él luego habrá renunciado por discrepancias con el acabado final del filme—, contiene posiblemente uno de los dos únicos papeles buenos de la pobre carrera de Christian Slater —el otro es en ‘El nombre de la rosa’—. Patricia Arquette nunca había estado más bella y arrebatadora, y ese cara a cara entre Christopher Walken y Dennis Hopper es ya una razón de peso para devorar la mejor cinta del malogrado Tony Scott.

75. El cuervo. Alex Proyas. 1994

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El amor romántico y gótico por excelencia. La venganza y la sed de sangre. Brandon Lee —hijo de Bruce Lee, que falleció en este rodaje en turbias circunstancias— es el hombre que vuelve del más allá para repartir estopa a la peña que se pasó de lista con él y con su amada, y pocas veces hemos disfrutado tanto espectáculos tan dantescos como en este filme. Su diseño de producción, su banda sonora, su todo. Si no la has visto, querido lector, corre a disfrutar de la decadencia.

74. Entrevista con el vampiro. Neil Jordan. 1994

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Se me han colado seguidas dos cintas bastante decadentes. En este caso, hablo de una maravillosa historia de vampiros, de esas dieciochescas y cautivadoras. Realmente, y al igual que con ‘Terminator 2′, me temo que este filme no necesitará de muchas presentaciones, así que aquí lo dejo.

73. El Gran Lebowski. Joel & Ethan Coen. 1998

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Otra de los hermanos Coen, esta vez algo más en su estilo que la anteriormente mentada. Comedia de planteamiento absurdo, nudo demencial y conclusión hilarante, como debe ser. El Nota es, gracias a esta cinta, un referente mundial de pereza y pasotismo total. Pocas veces nos hemos podido reír tanto con líneas de diálogo tan aparentemente inocuas como la archiconocida ‘tío, esa alfombra daba ambiente a la habitación’.

72. Blue Valentine. Derek Cianfrance. 2010

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Uno de los mejores romances de la década. Personajes vivos en la pantalla responsables de un amor turbado y certero, escenas de una belleza sin precedentes —dejo la escena más maravillosa que mis ojos tuvieron el placer de visionar en mucho tiempo—. Eso y mucho más habita en el interior de uno de los dramas más desoladores y hermosos que hoy en día se pueden disfrutar.

Aquí nuestra crítica del filme.

71. Cadena Perpetua. Frank Darabont. 1994

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Sin comentarios, me temo. Considerada por muchos como la mejor película de la historia —como puedes ver, querido lector, yo no soy uno de ellos—, sí es cierto que guarda en su interior momentos cumbre del séptimo arte, interpretaciones vivas y puras, y una historia de redención y superación magnífica. Si no la has visto, no sé que haces leyendo esto. Corre.

70. Sospechosos habituales. Bryan Singer. 1995

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¿Quién no ha oído hablar alguna vez de Keyser Söze?. Estamos ante un thriller policíaco de culto, una de las referencias básicas al hablar del cine de género de los 90. Bryan Singer jamás habría vuelto a hacer una obra tan redonda como la que nos ocupa, con unos personajes tan multidimensionales y un final tan jodidamente increíble. Puede que estemos ante la cinta que más gente ha spoileado al prójimo de la historia del séptimo arte. Imprescindible.

69. Braveheart. Mel Gibson. 1995

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Para el que esto escribe, el mejor trabajo del polémico Mel Gibson tras las cámaras. Aún resuena en el oído colectivo ese grito de libertad, esa rebeldía y ese inconformismo de su William Wallace. Por poner un punto negativo, decir que su duración puede resultar un poco excesiva, aunque el estilo narrativo desarrollado por Gibson consigue que pocas veces mires el reloj. Y por cierto, Sophie Marceau nunca había estado tan bella.

68. Mulholland Drive. David Lynch. 2001

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Otra de David Lynch, aunque esta vez mucho más en su estilo personal que la cinta con la que abrí esta segunda entrega. Este filme cuenta con un gran número de seguidores y una cifra no menor de detractores, por razones bastante obvias. Mientras que durante la primera mitad de la película asistimos a un planteamiento que bien podría pertenecer a cualquier cinta convencional, es en el segundo tramo donde visionamos el apasionante mundo de Lynch, recreaciones surrealistas, escenarios que cambian, ideas que pudieran no ser tan obvias como parecen a primera vista. No puedo decir nada más de ella, puesto que es este uno de esos filmes que sólo se pueden experimentar en privado.

67. Pena de muerte. Tim Robbins. 1995

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Basada en hechos reales, nos cuenta la historia de un condenado a la pena capital. Sean Penn está increíble —aunque de todos modos este magnífico intérprete suele estarlo siempre—, y Tim Robbins demuestra tener verdadero buen pulso tras las cámaras. Como todo lo que hace Robbins como creador, posee este filme una gran carga ideológica y de denuncia social, lo cual en ciertas ocasiones es de agradecer —me refiero a narrar algo mojándose, dejando la propia impronta—, aunque en otras suponga un lastre para el correcto desarrollo de la película.

66. Titanic. James Cameron. 1997

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Decir algo que no se haya dicho ya de esta cinta sería un ejercicio de inutilidad. Sólo nombrarla como muestra del aprecio que le tengo a esta obra, tan generalmente infravalorada y en boca de todo el mundo como gran farsa cinematográfica.

65. Con faldas y a lo loco. Billy Wilder. 1959

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Estoy enamorado de Marilyn Monroe. Lo digo por si no lo sabías. Me considero un mitómano en toda regla, y si a este hecho le sumamos una deliciosa comedia de Billy Wilder, estaremos hablando de una de mis cumbres del placer. Vigente como la vida misma, con un sentido del humor maravilloso, unas interpretaciones divertidas como pocas, y una Marilyn Monroe que hechiza con cada parpadeo —aunque que lo diga yo supongo que no hace prueba—. Ya sabes, querido lector, nadie es perfecto.

64. The Game. David Fincher. 1997

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Michael Douglas es un ejecutivo frívolo y frío al que su hermano le hace un regalo que difícilmente podrá olvidar. David Fincher, que como ya he dicho en más de una ocasión, es uno de los mejores narradores de nuestros días, nos pone aquí delante de las narices una obra densa y retorcida —como casi todo lo que él hace, por otro lado—, que posiblemente necesite de más de un visionado para admirarla en toda su complejidad y armonía.

63. American History X. Tony Kaye. 1998

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Tony Kaye es un director muy singular. Dirigió esta cinta en 1998, y no volvió a ponerse detrás de las cámaras con objetivos de ficción —dirigió algún documental y alguna película no estrenada en salas— hasta el año 2011. La cinta que nos ocupa es todo un referente a muchos niveles, ya sea por haber conseguido sacar una de las mejores interpretaciones de Edward Norton —y esto es complicado, puesto que este actor está siempre magnífico—, como por haber sido un acercamiento para el gran público del movimiento neo-nazi. Imprescindible.

62. Amores perros. Alejandro González Iñárritu. 2000

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Debut en el cine de uno de los tándems director-guionista más apasionantes de los últimos tiempos, hablo por supuesto del formado por Alejandro González Iñárritu y Guillermo Arriaga. Maestros en el manejo de ficciones corales, en este caso se entrelazan las vidas de personas que aparentemente poco o nada podrían tener que ver. Con maestría pura nos muestra un retrato de México D.F. como nadie había sabido hacerlo hasta ese momento, y nos invita a reflexionar sobre lo azaroso de la existencia.

61. La milla verde. Frank Darabont. 1999

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Y para terminar esta segunda entrega, hablar de una cinta de trasfondo parecido a la anteriormente comentada ‘Pena de muerte’, pero muy diferente en las formas y en el modo de exponerse. Tenemos aquí la enésima adaptación del muy prolífico Stephen King, protagonizada por Tom Hanks y por el recientemente fallecido Michael Clarke Duncan en el papel de John Coffey —ya sabes querido lector, se pronuncia como el café pero se escribe diferente—. Poco más que añadir a un filme que no necesita demasiadas alabanzas —ya las tiene todas por su increíble calidad— y que sólo pide que le eches un vistazo para que puedas gozar de su inmenso carácter.

Doy así por finalizada la segunda entrega de estas 100 películas a las que siempre volver, instándote como siempre, querido lector, a que comentes tanto si estás de acuerdo como si no —espero que no, siempre es más divertido—.

Personaje que nace en la década de los 80 y se preocupa, sobre todo, por las cosas que no tienen demasiada importancia. Melómano, cinéfilo y gamer. Escritor irredento, fotógrafo desgastado, psicólogo de formación. Algo músico y bastante cínico. Tiene sus momentos.

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