Relatos

Un vaso de whiskey con los restos del hielo agoniza en la mesa, dejando que el poco calor del ambiente derrita lo que queda de el.

La vida se consume como un cigarro mal liado, desprendiendo nicotina, alquitrán. Te encargas personalmente de cavar tu propio pozo. Un pozo donde te quepan las piernas y se pueda fumar.

Quizás la droga del cerebro me esta desterrando. Otra adicción más, no importa. Al fin y al cabo, las ventanas están cerradas. La cerradura rota. Los huesos calcinados.

Que bonito epitafio. Muerto entre latidos.

Cuando no queda aire en el humo, ni sangre en el alcohol. Cuando la vida se ríe de ti y te escupe sangre en los labios. Quizás ese sea el momento de retirarse, libre de pecados, lleno de decepciones.

Frustrado por lo que pudo ser, y ya nunca será. Dormido entre espinas, sin dolor.

Tal vez sea el camino equivocado, el incorrecto, el fallo permitido. Como sin querer me miro la manga de la chaqueta, y confirmo que no tengo ases guardados.

No me queda alternativa…

…Coge la pluma…

…Cógela…

…Hazlo…

Hago un trazo confuso, sin línea, rasgando la madera, hiriendo mis dedos, dejando que se forme una piscina de sangre en el suelo.

Querido diario:

Hay veces que estoy cansado, otras simplemente no quiero vivir. Tengo líneas en la piel, estrías en los ojos, manchas en las mejillas.

Unas sombras moradas en los parpados, las pupilas mutiladas, un par de anillos rotos y el corazón destrozado.

Se que no hay cura para mi.

No. Rompo esa hoja, no quiero leer más. Apago la luz.

Soy consciente de que el final aun no esta escrito. Pero todos los relatos tienen una manera de terminar.

No se me ocurre el desenlace.

Personaje que nace en la década de los 80 y se preocupa, sobre todo, por las cosas que no tienen demasiada importancia. Psicólogo de formación, fotógrafo de profesión, cineasta de ambición.

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