Relatos

Las voces decían que el Apocalipsis pronto llegaría. No quedaría nada ni nadie para poder sonreír con esa fuerza que antaño se nos mostró.

Los pensamientos me decían que me despidiera de todo el mundo, lo poco que llegué a conocer.

Lo poco que llegué a querer.

Mientras tanto, las voces me apremiaban, el fin estaba cerca, y los jóvenes se mostraban alegres como de costumbre, con su habitual inocencia y su peculiar manera de ver la vida. Las ancianas acudían a sus misas mientras sus maridos jugaban al dominó.

Me empezaba a desesperar, pero pese a todo no flaqueaba en mi misión, era necesario por el bien de ella.

El sudor recorría mi frente mientras me levantaba de aquel húmedo y tortuoso sendero.

Me sorprendí a mi mismo al encontrar mis dedos cerrados con firmeza alrededor de ese anillo, el que tiempo atrás había comprado para ella y daba por perdido.

Todo había sucedido demasiado deprisa, y los recuerdos se amontonaban de manera anárquica sobre mi dolorida memoria.

Di unos pasos temiendo que me fallaran las piernas, buscando su mano.

Caí rendido a los pies de aquel sauce donde le había jurado que nunca la dejaría, y las voces volvieron en todo su esplendor, anunciándome esta vez que la contrarreloj estaba llegando a su fin y, por supuesto, la batalla perdida.

No me quise resignar y grité con todas mis fuerzas.

Entonces sucedió…

Ella estaba allí ante mí, y sin pensarlo dos veces puse el anillo en su anular al tiempo que presionaba mis labios contra los suyos.

Había cumplido mi misión y, una vez más, supe que las voces se habían equivocado.

El mundo se volvió ámbar, y todo se comenzó a desvanecer como ceniza en tormenta.

Mientras tanto, yo me sentía superior, con su pelo atrapado entre mis dedos y su rostro hundido en mi pecho.

Las voces una vez más me hablaron, pero ya no las escuché, sabia que no seria cierto. La batalla no estaba perdida como me habían dicho. Solo el mundo estaba perdido.

Entonces todo se silenció, y el mundo volvió a ser firme y visible. Las voces nunca más volvieron, y yo jamás tuve que volver a llorar con la mirada perdida.

La batalla estaba ganada.

Personaje que nace en la década de los 80 y se preocupa, sobre todo, por las cosas que no tienen demasiada importancia. Psicólogo de formación, fotógrafo de profesión, cineasta de ambición.

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