Relatos

A través de las aguas de un mar enloquecido navegaba una botella en cuyo interior yacía inerte una nota de un amor desconsolado. Ese contenido, ahogado en lágrimas, travestido de llanto y enjugado en el olvido del ancho mar reproducía las palabras de una doncella abandonada a su propio exilio.

Un exilio que la mantenía al margen de su propia existencia.

Contaba la historia que la separó de su alma, ahora fragmentada en pedazos separados por pequeñas líneas de viento. Ahora destruida entre palabras que nunca se vieron cumplidas.

Remontémonos pues al comienzo de esta historia, donde la soberbia y el orgullo estaban considerados pecado, donde las promesas sucumben ante la traición ajena y la hipocresía es el pan nuestro de cada día.

Esta es la historia de Gloria, una joven recluida en la peor de las prisiones. El peor de los castigos la esperaba sediento de nueva desesperanza de la que alimentarse.

– Oh aire que nuestros pulmones respiran, dedícame una vez mas ese aliento que ante los velos del destino hallará por fin su terminar. Muéstrame el camino que mis pies vieron destruido ante la pobre luz de este ocaso desalentador.

Palabras agitadas. Un sentimiento inexorable que siente y padece. Mas no parecía necesario que tras esas plegarias hubiera un oído que escuchara.

– Oh camino marcado que sin sentir asientes ante mi. Antójate de coraje e ilusión. Agarra mi mano con la firmeza que la certeza del saber que es por vez última te otorga. Guíame ante tu magnanimidad y escucha este pesar que ante ti postro. Por primera vez. Solo una vez más.

Hay veces en las que el amor mas desesperado goza de la misma credibilidad que un silencio intocable. Hay veces en las que solo tú escuchas.

Por eso la voz del olvido acude ante ella, suplicándole que se entregue a el sin pavor ni duda. El recuerdo ardía en sus venas como cal viva. Y no había forma escrita de librarse de el. No ella.

Su caballero andante, el dueño de sus latidos mas profundos nada parecía saber acerca de la desventura que su doncella corría. Y abandonado a su suerte no tuvo mas elección que desfigurar su cordura en pos de la libertad. Una libertad que ella no conocía, entregada a manos de la congoja.

Tal fue su miseria que, tras haber dado el último golpe a su reloj de arena, decidió ofrecer su suerte a cambio de un beso. Viéndose una vez mas golpeado por las intrincadas redes del azar.

– Entrego mi cuerpo y mi virtud a la nada, al miserable crepúsculo de la desazón. Apenas quedan plegarias que cursar. Oh príncipe de las tinieblas, acógeme en tu seno como exiliada del sagrado derecho a la vida. Mis ofrecimientos están vacíos a ojos de mis ansias.

La suerte trabajó sin dilación, y el sacrificio del que el corazón del caballero fue testigo se hizo carne ante la mirada del cielo, otorgando tal vez demasiado tarde la primera oportunidad que suplicó antes de ni siquiera fantasear con una segunda.

Un océano cuyo horizonte no alcanzaba su vista a otear se abrió ante el. Ante ella.

– Este es el último aliento que todavía nadie me pudo arrebatar. Escribo estas líneas en papel con la certeza de que nunca verán su fin en las manos por las que yo suspiro. Oh, océano libre y cristalino, haz que la libertad que me fue robada navegue por tus olas sin ver un ápice de tormenta.

La línea del azar se había quebrado, y las palabras que la preciosa doncella había entregado al mar fueron vislumbradas por unos ojos que no cesaban de derramar lágrimas transparentes por leerlas.

Cayó la noche, y con ella la congoja. Corrió hasta encontrar la celda oculta en el corazón de Gloria, y utilizando la llave que solo existía para sus manos abrió el candado que nadie podía romper.

La brisa corrió por entre su pelo y acarició sus dedos ahora anudados. La sinrazón se evaporó junto con la traición y dos corazones encontraron de nuevo un motivo para no cesar en su empeño.

Sus labios se rozaron y la promesa antaño destrozada vio su fin, hecha realidad de una vez por todas.

El océano era calma. Sus miradas fuego. Su amor incalculable. Su deseo infinito.

Personaje que nace en la década de los 80 y se preocupa, sobre todo, por las cosas que no tienen demasiada importancia. Psicólogo de formación, fotógrafo de profesión, cineasta de ambición.

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