Reflexiones Relatos

Cuentan las leyendas que la obsesión es mala consejera. Una mala puta que te redime y te autocompadece. Que te observa y te monotoniza, te saborea y te parodia.

Dicen los sabios que olvidar la obsesión es difícil empresa, pero la mejor de las soluciones. Si no podemos olvidarla, hemos de darle por lo menos el tiempo que las malas hierbas se merecen. Para que desaparezca. Para olvidarla.

Tenemos la voluntad para asesinar esta serpiente venenosa, pero a veces no encontramos el arma adecuada. Coger la cabeza con una rama, golpearla con ímpetu, esparcir sus sesos por el suelo… Es algo que lleva tiempo planear. Y no queremos que nos encarcelen por chapuzas.

De nuevo, cuentan las leyendas que la obsesión es deprimente e irreal. Y cuando algo es irreal, personalmente me encanta destrozarlo. Con sadismo y desprecio.

Y con todo, dicen los sabios, que sin obsesión tenemos una vida por delante, fructífera y limpia. Con todo ordenado y la mirada centrada. Sin errores. Con las palabras adecuadas.

Personaje que nace en la década de los 80 y se preocupa, sobre todo, por las cosas que no tienen demasiada importancia. Psicólogo de formación, fotógrafo de profesión, cineasta de ambición.

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