Reflexiones

El Miedo. El miedo nos convierte en esclavos de la naturaleza, sin duda porque es algo que nos invita a mirar con los ojos entrecerrados a lo simple. Sucumbimos entonces a lo que necesitamos, una ración de miedo a la muerte, otra de miedo a la oscuridad… Este proceso sin embargo es algo banal, pues no se refiere a otra cosa que a nuestros temores, nuestras fobias más interiores. Todo viene asociado a un trauma por leve que sea del pasado, una imagen, una palabra. El ser humano debería controlar sus instintos, hacerlos suyos, no convertirlos en rasgos de la especie. Somos los ojos de la protesta, sin embargo no tenemos valor para llevarla a cabo. El miedo nos aprieta el pecho contra el corazón y nos encoge el alma hasta dejarla vegetal. La muerte es algo pasajero, algo que tenemos que pasar, unos tambores que nos hacen daño a los oídos. No necesitamos otra cosa que adherirnos al miedo para eximirnos de cosas que queremos hacer, necesidades que no nos gustan porque representan algo que no queremos. Nos da miedo tener cierta imagen, tener cierta expresión en el rostro, ser únicos.

Si pudiéramos mirarnos al espejo con los ojos de un niño, podríamos vencer ese temor, porque de una vez seriamos conscientes de lo que queremos, y no de lo que tememos.

La satisfacción de no ahogarse en el mar, de no caer en un abismo, de lograr el propósito de la existencia. Algo sin duda que no tiene precio, y si lo tiene, se lo pondremos nosotros con nuestra mejor pluma. Soñar no es de cobardes, es de reprimidos, y los reprimidos tienen miedo a decir en voz alto lo que se callan, por eso sueñan. Y todo eso es fruto del miedo, ese que nos negamos a admitir en voz alta porque creemos que nadie más lo siente. Mirad los ojos de la gente, todos lo tienen dentro, y todos creen lo mismo.

Ahora es la hora de callarme, y de mantener estos labios cerrados. El temor a no ser escuchado me esta entrando en el cuerpo, ¿Por qué? Porque no estoy seguro de lo que estoy diciendo, y no creerán que estoy escribiendo lo que escribo por existencialismo, si no por travesura. Adelante, fuera el antifaz.

Personaje que nace en la década de los 80 y se preocupa, sobre todo, por las cosas que no tienen demasiada importancia. Psicólogo de formación, fotógrafo de profesión, cineasta de ambición.

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