Análisis de música

De esto que, en medio de un mogollón de discos, uno te llama la atención. Es su portada, una serena fotografía en blanco y negro, la que te hace acercarte. Antes de escucharlo, ya sabes que, como mínimo no te va a desagradar. Es el disco debut de Marem Ladson, y esa mirada que trasciende el cartón te está introduciendo a lo que va a girar a 33 revoluciones en lo que tardas en llegar a casa y servirte una copa de vino.

Su música, la de esta muchacha española-estadounidense, es de las que dejan huella. Una suerte de pop-folk íntimo, sin florituras ni artificios, que va dibujando una escena entre oscura y melancólica que penetra con facilidad en los oidos y el corazón.

 

 

Ladson parece tener una facilidad innata para decir la verdad con su voz, y mientras enuncia sus letras es inevitable no caer en el pozo que propone. Sus melodías suenan propias aunque, como es natural, se reconocen influencias de otros artistas que también han estado en ese lugar —lo verdaderamente complicado es lo que ella hace, que el camino que dibuja sea fresco independientemente de sus musas—. Su juventud es también una de sus bazas a favor, ya que se puede permitir acariciar temas que, en boca de aquellos de los que ya no disponemos de la edad, sonarían menos creíbles, menos tangibles.

Es en su parte más tradicional, la que te lleva a sus raices americanas, la que encandila con más simpleza. Resulta que al final, en esto de la música, lo que mejor funciona a determinados niveles es ser poseedor de buenas melodías y un contexto propicio para hacerlas sonar. En este caso, la cantautora no tiene reparo en compartir con su público un mundo interior, una atmósfera que encaja a la perfección con lo que dice, componiendo una simbiosis entre forma y fondo en la que nada destaca ni chirría.

Estoy seguro de que su trayectoria no ha hecho más que empezar y, desde luego que si sigue componiendo su música y alejándose de las zarandajas típicas de la industria, le aguarda un futuro muy prometedor que, desde ya, me comprometo a seguir con pasión.

 

Puntuación ciclotímica

Personaje que nace en la década de los 80 y se preocupa, sobre todo, por las cosas que no tienen demasiada importancia. Melómano, cinéfilo y gamer. Escritor irredento, fotógrafo desgastado, psicólogo de formación. Algo músico y bastante cínico. Tiene sus momentos.

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