Relatos

Hoy vamos a montar una maqueta. Yo la llamo dolor. Hay quien la llama corazón.

Los primeros pasos son simples. Introduce sangre por tu boca y siente las arcadas. Bajará hasta llegar, no sin calma, a tu tracto digestivo, y de ahí se distribuirá por todo tu cuerpo.

Es mucho mejor si ese sensual líquido rojo está aromatizado con arsénico.

Después ya debemos trazar un par de líneas. Nada que con un poco de práctica no nos permitan hacer nuestras propias e inútiles manos.

Coge un cuchillo y perfórate el pecho. Necesitaremos como mínimo una herida de 10 centímetros. Por donde quepa un puño.

Saca el músculo rojo que habita ahí, cúbrelo con saliva.

Ahora ya podemos dejar que se solidifique. Podemos ponerle ojitos, nariz e incluso boca. Las posibilidades son enormes.

Ponlo en un sitio que se vea bien. Siempre debe estar a mano para poder pegarle un gran puñetazo.

¿Qué divertido verdad?

Personaje que nace en la década de los 80 y se preocupa, sobre todo, por las cosas que no tienen demasiada importancia. Psicólogo de formación, fotógrafo de profesión, cineasta de ambición.

Entrada anterior

Entrada siguiente

Deja un comentario