Reflexiones

La existencia va desapareciendo a cada paso que damos por las calles, mirando un sol que tememos que se apague antes que alcemos la vista. La razón no es otra cosa que la ignorancia que riega cada una de las aceras, cada una de las caras. Desconocen el significado de lo que buscan, porque apenas saben que lo están buscando. Niegan ser el producto de algo, alegando ser seguidores de otra rama, desgraciadamente también producto, y desconocida totalmente para quien la promueve. La televisión adormece cada una de las ideas que la humanidad podría tener, mientras los libros lloran en sus estanterías.

Es por eso que propongo un cambio, un cambio que haga inciso en la capacidad individual de cada persona. El mundo se rige por la ley del mas fuerte, pero es una ley errónea, no desde el punto de vista conceptual si no desde el punto de vista etimológico. No reina el más fuerte, sino el más poderoso. El más fuerte podría derrotar al poderoso, pero no tiene los medios ni las ganas. Mientras tanto, la religión acobarda cada vez a más entes, haciéndoles saber que su vida no tiene valor más allá de esas creencias. Debemos acabar con la religión, hacer nuestra propia religión, una que no tenga dogmas establecidos ni doctrinas que seguir como borregos, una que se base en la humanidad de lo posible y no en lo irracional de lo imposible. “La única diferencia entre Dios y yo es que yo existo”, así de claro lo dijo Nietzsche, y así de simple lo parafraseo yo. ¿Acaso nos hace mejores idolatrar a un Dios que no hace nada mas por nosotros que llevarse a nuestros seres queridos, provocar desgracias en el planeta, permitir que gobiernen los necios y dejar que destrocen nuestro mundo?… Necesitamos que llegue la etapa del cambio, la etapa del despertar, en la que nuestros ojos lloren tanta sangre que no tengamos pañuelos para enjugarla. El dolor solo se libera si dejamos que salga. Es cruel, salvaje y desagradable, pero solo ese dolor nos puede hacer participes de lo que somos. Nos conocemos por nuestras inquietudes, no por nuestras metas. La inquietud lleva a la meta, no al revés. Si logramos mirar al dolor a la cara sin tenerle miedo, entonces podremos invitarle a que abandone nuestro ser, para dar paso a una nueva etapa sin cerraduras.

Personaje que nace en la década de los 80 y se preocupa, sobre todo, por las cosas que no tienen demasiada importancia. Psicólogo de formación, fotógrafo de profesión, cineasta de ambición.

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