Reflexiones

Hace ya muchos años que he entrado en este mundo de la blogosfera, cuando escribir un blog era más bien una actividad onanista más enfocada a la realización personal que a la difusión de ideario. Una época en la que las bitácoras no eran tan serias, no se hacía periodismo sobre ellas, no sustituían en ningún caso a los medios escritos en papel, y por supuesto no valían para absolutamente nada.

Hoy, en pleno 2012 y con la vida 2.0 coleteando en cada esquina, me propongo escribir otro blog más, pero me temo que esta vez me voy a permitir la licencia de la dispersión de contenido, lo cual quiere decir que no me voy a limitar a escribir sobre un solo tema, ni en una determinada línea estilística, ni respetando una extensión. Claro que seguiré manteniendo el ritmo de trabajo en mis otros compromisos, pero quiero utilizar esto como una vía de escape, un modo de exorcizar toda inquietud que en algún momento necesite escapar.

Lo mismo escribiré sobre un disco que lleva girando —virtualmente, claro— en mi reproductor una semana que sobre un libro que no puedo pasar por alto. La bitácora no estará de este modo al servicio de la temática, sino al revés, y toda sugerencia será, como es habitual, recibida con los brazos abiertos.

Sin mucho más que decir, solo desear que tu estancia, querido lector, sea todo lo agradable que sea posible en mi humilde blog, uno más dentro de un mar de confusión.

Muchas gracias y bienvenido.

Personaje que nace en la década de los 80 y se preocupa, sobre todo, por las cosas que no tienen demasiada importancia. Psicólogo de formación, fotógrafo de profesión, cineasta de ambición.

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