Cine

El cine comenzó hace ya más de un siglo contando pequeñas historias y experimentando con todo lo que tenían a su alcance por aquel entonces. Podemos hablar así de que la primera rotura de raccord tuvo lugar por accidente cuando a Georges Méliès se le atascó su primera y rudimentaria cámara, y de que la primera mirada a cámara como recurso cinematográfico se le ocurrió a Edwin S. Porter en su trabajo de 1903 ‘Asalto y robo de un tren’. Todas estas historias tenían un punto en común, y es que estaban rodadas en un número limitado de minutos, en formato de cortometraje, que con el paso de los años se ha visto relegado a un segundo plano para dejar paso a su hermano mayor el largometraje. Pero ni que decir tiene que este modo de contar historias es tan válido como el que hoy en día llena las salas de cine, por no mencionar que es un vehículo perfecto para la experimentación y la exploración que, por características propias, da pie a trabajar de una manera que, aunque parecida al largometraje, no es igual, puesto que no padece el mal de tener que fragmentarlo en tres actos diferenciados ni exige un desarrollo de personajes tan amplio. De cualquier manera, el hecho de que su metraje sea menor no implica mayor facilidad para la narrativa, todo lo contrario, pues hay que seleccionar muy bien y elegir cuidadosamente cada escena y cada plano para que el ritmo no se vea afectado.

Y si he escrito esta carta tan larga, ha sido porque no he tenido tiempo de hacerla más corta.

Así afirmó Blaise Pascal sin miedo a equivocarse que para contar una historia en un espacio limitado hay que trabajar mucho más, narrativamente hablando. El largometraje es un medio muy estipulado, que por lo general no deja lugar para la creatividad, lo cual no quita que tengamos a muchos cineastas que hacen caso omiso de las reglas comerciales de la narración para sumergirse en las brumas de lo desconocido y susceptible de ser un fracaso, como David Lynch, Lars Von Trier, Luis Buñuel o José Luis Cuerda. Por la otra banda tenemos al formato corto, que por méritos propios se ha ganado un lugar entre los amantes de la experimentación, y sobre cuyos trabajos me dispongo a escribir.

En primer lugar, no puedo sino hablar de uno de los más bellos cortometrajes de animación que servidor tuvo el placer de visionar, que no es otro que ‘La maison en petits cubes’, de Kunio Katô. En el se nos narra un viaje a la memoria de una manera brillante, dejando caer críticas hacia el cambio climático, con un sentimiento y una pasión envidiables, todo ello a través de los ojos de un hombre anciano que en su soledad anhela cada momento pasado. El trabajo de animación es magnífico, como da fe su merecidísimo Oscar a mejor cortometraje de animación en el año 2008. Os dejo unos enlaces para poder visionarlo: [Parte 1] [Parte 2]. En la misma línea trabajó Michael Dudok de Wit, que nos dejó otra historia acerca de los sentimientos, la pérdida y la esperanza en su filme ‘Padre e hija’. Click aquí para verlo.

Otro lugar en el olimpo de la animación en cortometraje merece el conocido estudio Pixar, responsable de maravillas como ‘Wall-E’, ‘Ratatouille’ o ‘Up’. Su aportación al hermano pequeño del largometraje va desde los tronchantes ‘Presto’ o ‘Abducido’ hasta los sentidos ‘Parcialmente nublado’ o ‘El hombre orquesta’. Todos ellos de una calidad asombrosa, y que dada la situación en España de este formato tuvieron que ser expuestos antes de sus filmes, ya que hoy en día este incomprendido modo de contar historias no goza de buena salud, a diferencia de otros países como Estados Unidos, que aun conservan un hueco para ellos. Recomiendo echar un vistazo a todas estas producciones de Pixar, ya que pocas veces se puede ver algo de tan alta calidad de estas características.

Por otro lado, directores consagrados como el antes mentado David Lynch o Tim Burton tienen en su haber historias cortas no tan conocidas como sus filmes, pero igual de trabajadas y muy a tener en cuenta. En el caso del primero, existe un pack llamado ‘The Short Films of David Lynch’, que merece la pena visionar para un mayor acercamiento a este particular cineasta, que incluye, además de una entrevista con el mismo, una serie de cortometrajes que fueron lo que más adelante se convertiría en su obra. Con respecto al segundo, resaltar su aportación más destacada, ‘Vincent’, que cuenta la historia de un niño que anhela ser Vincet Price, y que en su versión original esta narrado por el propio ‘hombre de la voz profunda’. En el ya experimentó con el Stop Motion, método que en el futuro utilizaría para rodar ‘La novia cadáver’ y que fue también la base de ‘Pesadilla antes de navidad’ de Henry Selick, de la que Tim Burton fue parte activa produciendo y aportando la idea original. Otro cortometraje que utiliza esta técnica y que se introduce en el surrealismo es ‘Balance’, de Christoph Lauenstein y Wolfgang Lauenstein, que habla sobre la necesidad de encontrar un equilibrio. Para ver el cortometraje de Tim Burton click aquí, y para ver ‘Balance’ click aquí.

Luis Buñuel también trabajó este formato en la archiconocida ‘Un perro andaluz’, en régimen de co-dirección con Salvador Dalí. Una vez más nos encontramos ante una película de corte surrealista, que como el propio Buñuel dijo no es sino una materialización de los sueños de Dalí y los suyos. Tenemos así la famosa imagen de la cuchilla cortando el ojo o esa escena del hormiguero saliendo de la mano. Hay que tener en cuenta que este trabajo data de 1929, y como tal su concepción fue arriesgada y vanguardista (aunque Buñuel dijera que no era lo que pretendía). Tenemos así un clásico del surrealismo que si bien no es tan disfrutable como otros, si es representativo y pionero.

Pero también hay lugar en el mundo para el cortometraje español, como ilustra el caso de Javier Recio Gracia y su recientemente nominado a los premios de la Academia ‘La dama y la muerte’. Éste, que en la opinión del que esto escribe es muy superior al que resultó vencedor ‘Logorama’, cuenta en clave de comedia el anhelo de una anciana por reunirse con su marido fallecido, y es todo un despliegue de divertidos gags y una animación muy lograda que nada tiene que envidiar a Pixar. Muy recomendado. Por otro lado, también hay lugar para los cortometrajes cortos, valga la redundancia. ‘Oktapodi’, que dirigió un amplio equipo (Julien Bocabeille, François-Xavier Chanioux, Olivier Delabarre, Thierry Marchand, Quentin Marmier y Emud Mokhberi), es una muestra de que en dos escasos minutos se puede contar una fantástica historia, que en este caso es la de un calamar que emprende un arriesgado viaje para salvar a su amada de las garras de un malévolo restaurante. Click aquí para visionarlo.

Concluyo así este viaje sobre el mundo del cortometraje, y aunque me habré dejado en el tintero grandes aportaciones en este formato, no deja de ser un modo de intentar aproximar al público todas estas obras de arte que tienen la misma o mayor calidad que muchas cintas que nos llegan todos los viernes a las salas de cine.

Personaje que nace en la década de los 80 y se preocupa, sobre todo, por las cosas que no tienen demasiada importancia. Psicólogo de formación, fotógrafo de profesión, cineasta de ambición.

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